Defensa de la filosofía (ABC, Madrid, 7 mayo 2015, p. 15)

Defensa de la filosofía

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Dios en los Alpes

 320_GERMANWINGS_D-AIPX_147_10_05_14_BCN_RIP_(16730197959)        La declaración del fiscal de Marsella de que el terrible accidente de aviación en los Alpes había sido causado intencionalmente por el copiloto ha conmovido a todo el mundo. Nos afecta muy profundamente que alguien como nosotros haya decidido terminar con su vida llevándose consigo las vidas de otras 149 personas cuya seguridad le había sido confiada. No solo nos conmueve sino que nos horroriza, porque cuando nos llegó la noticia del accidente no podíamos imaginar que un daño tan grande pudiera ser causado por un ser humano.

         Una conducta de ese tipo quiebra nuestra confianza habitual en los demás: sin confianza no podríamos vivir. Estamos acostumbrados a los controles de seguridad en los aeropuertos —tanto de las personas como de sus equipajes— para intentar protegernos de algún terrorista oculto en el pasaje, pero hasta ahora habíamos confiado tranquilamente en los pilotos y las azafatas. ¿Hay que controlar a nuestros cuidadores? Personalmente imagespienso siempre que, una vez tomadas las medidas de prudencia elementales, más vale confiar en el género humano que andar desconfiando de todos. Cuando voy al peluquero y me pasa la navaja por el cogote, me fío de él: no le vigilo con el rabillo del ojo a través del espejo para que no me seccione la yugular. Sin duda, podría hacerlo, pero si lo hiciera por lo menos ya no me podría volver a cortar el pelo dos meses después. No es razonable que lo haga.

         Me saltaron las lágrimas al leer en el periódico lo que hizo el capitán de Germanwings Frank Woiton en un vuelo de Hamburgo a Colonia, y que al día siguiente repitió cuando woitoncubría la ruta Düsseldorf-Barcelona-Düsseldorf. En todos esos vuelos, después de dar la mano a cada uno de los pasajeros y miembros de la tripulación, se situó en el centro del pasillo y pronunció unas palabras emotivas y personales. “Quería que los pasajeros vieran que delante, en la cabina, también hay una persona”, explicó. Terminó su discurso prometiéndoles: “Les llevaré sanos y salvos de Düsseldorf a Barcelona. Pueden confiar en ello, porque también yo quiero sentarme esta noche con mi familia a la mesa”.

         Eventos tan terribles como este hacen que nos sintamos más vulnerables y, por tanto, más necesitados de los demás, más dependientes unos de otros, más hermanos. Es un trágico peaje, pero debemos aprender la lección: no estamos solos, dependemos unos de otros. Podemos manos-unidasayudarnos unos a otros, incluso es posible a veces mitigar su dolor en medio de tanta amargura. Esto es lo que hace que la vida sea tan maravillosa, pero también a la vez tan dolorosa cuando perdemos a aquellos a quienes queremos.

         De regreso a la Universidad vinieron a verme en una misma tarde dos estudiantes que me contaron lo mucho que les había afectado personalmente el trágico accidente. Me decía uno que le había hecho consciente de la radical soledad del ser humano y el otro se dolía de la vaciedad de la vida. En última instancia, la pregunta ante acontecimientos tan terribles es siempre la de dónde estaba Dios cuando el copiloto cerraba con el seguro la puerta de la cabina y enfilaba el avión hacia el suelo de los Alpes franceses a setecientos kilómetros por horaHALIK_Paciencia-con-Dios. No es fácil encontrar una respuesta consoladora. Me vino a la memoria la respuesta de Tomáš Halík en Paciencia con Dios. Cerca de los lejanos ante una pregunta semejante: “No lo sé, pero ahora me gustaría que lo sintieras en mis manos que agarran las tuyas”. Es lo que hice, traté de consolarles asiendo sus manos con fuerza y cariño, haciéndoles sentir mi apoyo y afecto.

         En definitiva, lo que más nos perturba es que Dios permita tanto dolor. Se trata del misterio del mal, casi siempre insondable, que a tantos ha llevado a dar la espalda a Dios, pero que a muchos otros nos lleva a abrazar a los demás como hermanos. Precisamente solo un Dios-Hombre que murió injustamAbrazos_der_2009_popup135599489050d2d70a180a4ente ejecutado en una cruz hace dos mil años —como conmemoramos en estos días— puede conferir sentido a tanto mal. Porque después resucitó. Por eso llevo siempre en mi bolsillo un crucifijo y por eso pienso que Dios también estaba en los Alpes el pasado 24 de marzo.

Pamplona, 31 de marzo 2015

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* Agradezco la ayuda de Jacin Luna con las ilustraciones y las correcciones de Raquel Cascales, Albi Castilla, María Carolina González, Juan Irarrázabal, Ana Mª Romero, Santiago Pons y Jaume Nubiola.

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Un libro imborrable del siglo XX:  Si esto es un hombre (1946, 1956), de Primo Levi.

            Mi buen amigo Joseluís González me pidió para la revista Nuestro Tiempo imgresun comentario de 3.000 caracteres con espacios sobre un libro imborrable del siglo XX. Mi maestro Alejandro Llano en el número anterior había escrito sobre El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Yo me decidí por Si esto es un hombre de Primo Levi. Acaba de aparecer en Nuestro Tiempo, nº 686, invierno 2015, p. 89 y aquí lo reproduzco con algunas ilustraciones.

Auschwitz         “Tuve la suerte de no ser deportado a Auschwitz hasta 1944″. Así comienza el lúcido testimonio del químico piamontés Primo Levi (1919-1987), de origen judío sefardí. En este libro Levi describe su captura por la milicia fascista en diciembre de 1943, su traslado en tren a Auschwitz en febrero de 1944 y su asignación al campo de trabajo de Monowitz, donde cerca de diez mil prisioneros construían una fábrica de goma. Al despertar el primer día en el campo, “por primera vez nos damos cuenta de que nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la destrucción de un hombre. En un instante, con intuición casi profética, se nos ha revelado la realidad: hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse” (p. 20).

            La suerte era que el gobierno alemán había decidido prolongar la vida media de losMonowitz prisioneros ante la escasez de mano de obra. Levi sería asignado al laboratorio de la fábrica y en enero de 1945 vería entrar el ejército ruso en el campo. En total, once meses que va describiendo con trazos rápidos y significativos, sin apenas añadir valoraciones: “Este libro mío, por lo que se refiere a detalles atroces, no añade nada a lo ya sabido por los lectores de todo el mundo (…). No lo he escrito con intención de formular nuevos cargos; sino más bien de proporcionar documentación para un estudio sereno de algunos aspectos del alma humana” (p. 7).

 levi33           En los últimos años he leído docenas de testimonios del Holocausto. Me parece que Levi es la voz más penetrante de todos ellos. Comenzó a redactar este libro allí: “Apenas me sustraigo por la mañana a la rabia del viento y traspaso el umbral del laboratorio (…), el dolor del recuerdo, la vieja y feroz desazón de sentirme hombre, me asalta como un perro en el instante en que la conciencia emerge de la oscuridad. Entonces tomo el lápiz y el cuaderno y escribo aquello que no sabría decirle a nadie” (p. 153). Lo completó pocos meses después de su regreso. Con el paso de los años añadiría dos volúmenes más, La tregua (1963) y Los hundidos y los salvados (1986), publicados conjuntamente como Trilogía de Auschwitz. En el prólogo a esta edición escribe Muñoz Molina: “Casi nadie ha contado el infierno con tanta claridad y hondura como Primo Levi: casi nadie, al menos en el sombrío siglo en el que vivió, ha resaltado como él la sagrada dignidad de la vida, el impulso de inteligencia y piedad que incluso en medio del horror nos da la oportunidad de seguir siendo plenamente humanos”.

            El lector de Si esto es un hombre no puede reprimir las lágrimas al caer en la cuenta de que aquel horror puede vimgres-2olver a repetirse. A juicio de Levi, brota de la convicción —como una infección latente en el fondo de tantas almas— de que todo extranjero es un enemigo. Cuando veo los muros que protegen los países ricos de sus vecinos —sea entre Estados Unidos y México o entre Israel y Palestina, sea los pobres subsaharianos encaramados en las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla reforzadas con cuchillas— pienso siempre en este libro.

Pamplona, 20 noviembre 2014

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Tqm

image 15    Llama mi atención en estos últimos tiempos la frecuencia con que la gente joven escribe en sus mensajes “Tqm” como abreviación de “Te quiero mucho”. Hasta hace poco —al menos para mí— TQM era el acrónimo de la técnica de gestión empresarial de origen norteamericano “Total Quality Management” [Gestión de la Calidad Total], que ha estado en boga en las últimas décadas, al parecer con bastante éxito.

  Me encanta que los seres humanos se expresen mutuamente su cariño y su ternura con palabras, caricias y detalles: eso cambia la vida. A todos, lo que nos hace felices es querer y sentirnos queridos: por eso besamos, abrazamos y decimos que nos queremos sin que eso entrañe erotismo alguno. En este sentido, me resulta curioso que a veces esos mismos jóvenes que escriben “tqm” —en imgresparticular los varones— no sepan cuando se encuentran expresar su cariño. Por mi parte, me he propuesto que cuando comienzo un mensaje con un “Querido NN.” no sea esa una fórmula vacía, sino más bien una invitación o un desafío para expresar mi afecto a quien estoy escribiendo: intento poner todas mis fuerzas o mi ingenio para que quien me lea se sienta realmente querido por mí.

 image_galleryMe gustó una reciente conferencia del filósofo Gomá Lanzón en mi Universidad en la que arrancó hablando del grave problema de los matrimonios por amor en los que, en muchos casos, se viene abajo el matrimonio cuando a los dos o tres años de casados se termina el amor. Javier Gomá venía a decir a los estudiantes que habían de enamorarse de su mejor amiga o —a las mujeres— de su mejor amigo, esto es, que habían de educar su corazón para poner su eros en alguien digno de ser su amigo para toda la vida: de esa forma conseguirás —les decía— que tu amor dure para siempre. Así como los mejores amigos son los viejos amigos, el mejor amor —concluía— es “el viejo amor”.

33840ac789   Ahora bien, ¿qué queremos decir cuando decimos “te quiero mucho”? A mí me encanta aquello que explica Josef Pieper en su libro sobre el amor, que gustaba tanto a mi amigo Jorge V. Arregui y que transcribo aquí con palabras de Benedicto XVI en las Navidades del 2011: “El ser humano puede aceptarse a sí mismo solo si es aceptado por algún otro. Tiene necesidad de que haya otro que le diga, y no solo de palabra: «Es bueno que tú existas»”. Así estamos hechos los seres humanos: todos necesitamos que nos digan qué bueno que tú existas, me encanta que seas así, qué a gusto estoy contigo y otras expresiones de cariño semejantes, y que no solo sean palabras, sino que nos lo muestren con gestos y con obras.

IMG_7208    Viene ahora a mi memoria una alumna rusa que tuve hace años que, cuando vino a despedirse de mí porque se volvía a su país, me regaló un pequeño icono —que todavía conservo— diciéndome como explicación del regalo: “Es que usted ocupa un lugar permanente en mi corazón”. Me conmovió su gesto y, sobre todo, me conmovieron sus palabras: de hecho Elizaveta sigue estando en mi memoria porque continúa presente en mi corazón. Aquellas personas a las que queremos, aunque estén lejos o aunque hayan muerto, están siempre con nosotros porque las llevamos en nuestro corazón.

imgres-2  Para el desarrollo de la humanidad en el siglo XXI —concluía Gomá Lanzón su conferencia— es imprescindible educar el corazón para que quepa en él mucha más gente, tengamos más y mejores amigos, haya espacio para conocer y querer a más personas, incluidas las de tradiciones sociales y culturales diferentes a la nuestra. “El individualismo libertario de los últimos 300 años es ya un proyecto acabado: en el siglo XXI la amistad ha de estar por encima de la justicia”. Esto no significa, por supuesto, una invitación a la corrupción y a ser injustos por favorecer a los amigos: el amiguismo es una enfermedad de la amistad. Lo que significa es que no basta solo con la justicia: los seres humanos necesitamos por encima de ella el amor.

   IMG_2154Mi conclusión mucho más modesta y con palabras bien simples es que la sociedad de hoy necesita que queramos más a nuestros amigos, familiares y personas amadas, y que además de quererles, es preciso que se lo digamos a menudo expresamente, aunque sea solo con la abreviatura tqm en nuestros mensajes. Ese es al menos un primer paso.

 Pamplona, 25 enero 2015

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La educación del disgusto

        En mi reciente viaje a Argentina me llevé un disgusto. Quizás eso hizo que me quedara atrapado por una anotación de Amadeus en las páginas finales de la magnífica novela Tren nocturno a Lisboa, de Pascal Mercier:imgres

        “EL VENENO ARDIENTE DEL DISGUSTO. Cuando los otros nos obligan a disgustarnos con ellos —por su insolencia, su injusticia o su falta de consideración—, ejercen un poder sobre nosotros, proliferan y nos devoran el alma, porque el disgusto es como un veneno ardiente que socava todos los sentimientos moderados, nobles y armoniosos y nos roba el sueño. Insomnes, encendemos la luz y nos disgustamos por nuestro disgusto, ese que ha anidado en nosotros como un parásito que nos chupa y nos quita las fuerzas. […] El disgusto nos enseña también algo sobre lo que somos. Por eso deseo saber qué podría significar educarnos y formarnos con el disgusto, de modo tal que aprovechemos su conocimiento sin sucumbir a su veneno.

imgres-1        Podemos estar seguros de que en nuestro lecho de muerte, constataremos como parte de ese último balance —y esa parte tendrá un sabor más amargo que el cianuro—, que hemos malgastado demasiadas fuerzas y tiempo en disgustarnos y hacerles pagar nuestro disgusto a otros en un desamparado teatro de sombras, del cual solo nosotros, que lo sufrimos impotentes, sabíamos algo. ¿Qué podemos hacer entonces para mejorar ese balance? ¿Por qué no nos hablaron nunca de ello ni los padres, ni los maestros ni otros educadores? ¿Por qué no expresaron nunca nada sobre ese inmenso significado? ¿Por qué no nos dieron en este asunto una brújula que nos ayudara a evitar que desperdiciáramos nuestra alma en disgustos innecesarios y autodestructivos?”

        Aun abreviada, es una cita larga que merece la pena. Es inevitable que nos llevemos disgustos: la muerte de los seres queridos, los proyectos que fracasan, los amigos que traicionan. Nadie nos ha enseñado a sobrellevar esos acontecimientos. Frente a la educación del gusto tan en boga hoy en día, me parece que habría que desarrollar una verdadera educación del disgusto. ¿Cómo recibir los disgustos sin que nos amarguen el carácter? ¿Cómo acogerlos —como anota Amadeus— sin malgastar el tiempo maquinando venganzas inútiles? ¿Cuál es la brújula en toda esta materia? ¿Qué hay que hacer?

imgres-2     Me impactó hace unos años recibir un mensaje electrónico imgres-4de un colega de Sioux Falls, en Dakota del Sur, que recogía al pie de su carta una cita de la escritora norteamericana Anne Lamott: “De hecho, no perdonar es como beberse un matarratas y esperar que se muera la rata”. Aquella frase fue para mí un revulsivo. Trajo a mi cabeza que no podía seguir acumulando resentimiento hacia quienes —queriéndolo o sin querer— me habían hecho daño a lo largo de mi vida. Debía cambiar algo en mi corazón: debía perdonarles.

imgres-5        “Es posible tomar la decisión de perdonar —me escribe una profesora—, aunque el sentimiento no acompañe. Empeñarse en encontrar razones para disculpar al agresor puede ayudarnos a perdonar. Sin embargo, la herida es a veces tan profunda que el dolor supera la capacidad personal. ‘Es entonces el momento —en palabras de Francisco Ugarte— de recordar que el perdón, en su esencia más profunda, es divino, por lo que se hace necesario acudir a Dios para poderlo otorgar'”.

imgres-6        Siguiendo el ejemplo de san Josemaría Escrivá comencé a rezar por quienes me habían hecho daño de un modo genérico, esto es, sin realimentar la memoria con un recuerdo individualizado de cada uno de los ofensores o de sus agravios concretos. Gracias a Dios, poco a poco el rencor ha ido desapareciendo de mi corazón e incluso ahora, cuando de tarde en tarde vienen esas personas o sus actos a mi memoria o a mi conversación, asoma casi espontáneamente en mis labios una sonrisa que los disculpa. Ahora cuando rezo el padrenuestro puedo decir con verdad: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”.

images        La brújula que pedía Amadeus para navegar por el mar de los disgustos es el perdón: la educación del disgusto consiste —me parece— en aprender a perdonar.

Pamplona, 25 de diciembre 2014

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Oración del soñador

{6ADED49A-2225-4EC6-A586-C43B7A0B7D19}_thescream-280x240     De tarde en tarde me pasa que me despierto de noche sobresaltado porque en el sueño se cierne sobre mí la amenaza de una muerte inminente. Casi siempre se trata de una fuerza violenta exterior —un estruendoso cataclismo, un terrible rayo cegador, una penetrante alarma que me exaspera—, pero otras veces, como esta noche, es más bien una causa interior: el corazón que se desboca hacia su final.

abrazo      No siento miedo a la muerte cuando estoy despierto. Conozco bien cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando. Para mis ojos de creyente la muerte será el abrazo con mi Amigo, Jesús, con quien tanto he querido. Y en ese anhelado abrazo el tiempo viejo y todos sus sufrimientos y fatigas habrán ya terminado (Cf. Apoc 21, 4).

images   Pero, ¿por qué en mis sueños es tan distinto? ¿Será que dormido me falta fe? Muchas noches mi inconsciente parece tener vida propia todavía al margen de Dios. Por eso rezo ahora: “Señor, que sueñe siempre en Ti” y con el poeta: “Virgen María, madre, / dormir quiero en tus brazos / hasta que en Dios despierte”.

Pamplona, 10 de diciembre 2014

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Los principios de la vida

imgresEl reciente debate en nuestro país a propósito de la malograda reforma legislativa sobre el aborto ha traído de nuevo a primer plano la cuestión de los principios y de los compromisos electorales. “España es un país enfermo. Muy enfermo. Y su mayor enfermedad es la falta de principios morales sólidos”, escribía un profesor universitario en la prensa. Otros, al comprobar que nuestros gobernantes parecen no tener principios, han recordado el dicho de Groucho Marx: “Estos son mis principios y, si no les gustan, tengo otros”.

No entiendo mucho qué quiere decirse con la expresión ser una persona de principios, pues no es claro ni unánime el reconocimiento de unos principios con arreglo a los cuales debamos vivir. Más aún, esa es la cuestión filosófica decisiva que cada uno debemos imgres-1responder en nuestra existencia personal: cómo vivir, cómo debemos desarrollar nuestra vida. Quizá con esa apelación a los principios lo que quiere destacarse es el empeño por vivir con coherencia, articulando unitariamente el pensamiento y la vida, esto es, no desmintiendo con nuestra vida lo que afirmamos en la teoría y al revés. En ese sentido, cuando se acusa a los políticos por no tener principios, se les está recriminando por tener unas ideas para la vida pública y otras distintas para la vida privada. Esto se aplica tanto al defensor de la escuela pública que lleva a sus hijos a un colegio privado como al que hace una promesa en su programa electoral y después no la cumple quizá por temor a irritar a quienes no le han votado.

imgres-2Este contraste viene muy al caso en el debate público sobre el aborto. Prácticamente todo el mundo está de acuerdo en que el recurso al aborto es una tragedia, que mata al feto y hiere psicológicamente —al menos en muchos casos— a la madre. Muchas mujeres dicen: “Personalmente estoy en contra del aborto, yo no lo haría nunca, pero no puedo obligar a una chica de 16 años —o a cualquier mujer— a seguir imgres-3adelante con el embarazo de un hijo que no quiere y del que quizá no sabe ni siquiera quién es el padre”. Me parece a mí que este es el talón de Aquiles de los movimientos en favor de la vida, que por ahora no han encontrado argumentos eficaces, esto es, convincentes, que lleven a estas mujeres a cambiar su parecer a este respecto. La Madre Teresa con su enorme sabiduría decía: “No los matéis, dádmelos a mí”. Consideraba que la violencia del aborto legal anestesiaba las conciencias y abría la puerta a todas las demás violencias.

1413a6abebepLas ecografías han cambiado la percepción del hijo que viene, en particular, cuando a partir de la sexta semana ya tiene latido y puede ser escuchado. Cuántas madres que envían por whatsapp las fotos del ecógrafo: nadie duda hoy en día de que lo que está desarrollándose en el vientre materno es un ser humano. No está ahí el debate. La discusión se plantea sobre si la ley puede imponer o no a una embarazada el seguir adelante con su gestación en contra de su voluntad. Aquí es donde se crispan las posiciones.

images-1Me parece a mí que la solución no se logra mediante la apelación mecánica a unos supuestos principios, sino que solo puede encontrarse en cada caso con la escucha y la atención personal, la acogida y el apoyo decidido a las mujeres que vacilan. ¡Cuántas veces detrás del aborto lo que hay es una grave situación de penuria económica o de rechazo familiar, o incluso la oposición al embarazo por parte del varón que lo ha engendrado!

padre1El aborto no es un derecho ni puede serlo. La solución no se encuentra en su penalización. Hace falta más ciencia, más estudio y reflexión, menos política y, sobre todo, un cambio en los corazones de los seres humanos: ese cambio solo puede lograrse apelando a la imaginación, a los bellos testimonios, a las razones verdaderamente persuasivas. No es cuestión de principios, es cuestión de cabeza y corazón: así es la vida.

Pamplona, 30 de septiembre 2014

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