Un libro imborrable del siglo XX:  Si esto es un hombre (1946, 1956), de Primo Levi.

            Mi buen amigo Joseluís González me pidió para la revista Nuestro Tiempo imgresun comentario de 3.000 caracteres con espacios sobre un libro imborrable del siglo XX. Mi maestro Alejandro Llano en el número anterior había escrito sobre El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Yo me decidí por Si esto es un hombre de Primo Levi. Acaba de aparecer en Nuestro Tiempo, nº 686, invierno 2015, p. 89 y aquí lo reproduzco con algunas ilustraciones.

Auschwitz         “Tuve la suerte de no ser deportado a Auschwitz hasta 1944″. Así comienza el lúcido testimonio del químico piamontés Primo Levi (1919-1987), de origen judío sefardí. En este libro Levi describe su captura por la milicia fascista en diciembre de 1943, su traslado en tren a Auschwitz en febrero de 1944 y su asignación al campo de trabajo de Monowitz, donde cerca de diez mil prisioneros construían una fábrica de goma. Al despertar el primer día en el campo, “por primera vez nos damos cuenta de que nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la destrucción de un hombre. En un instante, con intuición casi profética, se nos ha revelado la realidad: hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse” (p. 20).

            La suerte era que el gobierno alemán había decidido prolongar la vida media de losMonowitz prisioneros ante la escasez de mano de obra. Levi sería asignado al laboratorio de la fábrica y en enero de 1945 vería entrar el ejército ruso en el campo. En total, once meses que va describiendo con trazos rápidos y significativos, sin apenas añadir valoraciones: “Este libro mío, por lo que se refiere a detalles atroces, no añade nada a lo ya sabido por los lectores de todo el mundo (…). No lo he escrito con intención de formular nuevos cargos; sino más bien de proporcionar documentación para un estudio sereno de algunos aspectos del alma humana” (p. 7).

 levi33           En los últimos años he leído docenas de testimonios del Holocausto. Me parece que Levi es la voz más penetrante de todos ellos. Comenzó a redactar este libro allí: “Apenas me sustraigo por la mañana a la rabia del viento y traspaso el umbral del laboratorio (…), el dolor del recuerdo, la vieja y feroz desazón de sentirme hombre, me asalta como un perro en el instante en que la conciencia emerge de la oscuridad. Entonces tomo el lápiz y el cuaderno y escribo aquello que no sabría decirle a nadie” (p. 153). Lo completó pocos meses después de su regreso. Con el paso de los años añadiría dos volúmenes más, La tregua (1963) y Los hundidos y los salvados (1986), publicados conjuntamente como Trilogía de Auschwitz. En el prólogo a esta edición escribe Muñoz Molina: “Casi nadie ha contado el infierno con tanta claridad y hondura como Primo Levi: casi nadie, al menos en el sombrío siglo en el que vivió, ha resaltado como él la sagrada dignidad de la vida, el impulso de inteligencia y piedad que incluso en medio del horror nos da la oportunidad de seguir siendo plenamente humanos”.

            El lector de Si esto es un hombre no puede reprimir las lágrimas al caer en la cuenta de que aquel horror puede vimgres-2olver a repetirse. A juicio de Levi, brota de la convicción —como una infección latente en el fondo de tantas almas— de que todo extranjero es un enemigo. Cuando veo los muros que protegen los países ricos de sus vecinos —sea entre Estados Unidos y México o entre Israel y Palestina, sea los pobres subsaharianos encaramados en las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla reforzadas con cuchillas— pienso siempre en este libro.

Pamplona, 20 noviembre 2014

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Tqm

image 15    Llama mi atención en estos últimos tiempos la frecuencia con que la gente joven escribe en sus mensajes “Tqm” como abreviación de “Te quiero mucho”. Hasta hace poco —al menos para mí— TQM era el acrónimo de la técnica de gestión empresarial de origen norteamericano “Total Quality Management” [Gestión de la Calidad Total], que ha estado en boga en las últimas décadas, al parecer con bastante éxito.

  Me encanta que los seres humanos se expresen mutuamente su cariño y su ternura con palabras, caricias y detalles: eso cambia la vida. A todos, lo que nos hace felices es querer y sentirnos queridos: por eso besamos, abrazamos y decimos que nos queremos sin que eso entrañe erotismo alguno. En este sentido, me resulta curioso que a veces esos mismos jóvenes que escriben “tqm” —en imgresparticular los varones— no sepan cuando se encuentran expresar su cariño. Por mi parte, me he propuesto que cuando comienzo un mensaje con un “Querido NN.” no sea esa una fórmula vacía, sino más bien una invitación o un desafío para expresar mi afecto a quien estoy escribiendo: intento poner todas mis fuerzas o mi ingenio para que quien me lea se sienta realmente querido por mí.

 image_galleryMe gustó una reciente conferencia del filósofo Gomá Lanzón en mi Universidad en la que arrancó hablando del grave problema de los matrimonios por amor en los que, en muchos casos, se viene abajo el matrimonio cuando a los dos o tres años de casados se termina el amor. Javier Gomá venía a decir a los estudiantes que habían de enamorarse de su mejor amiga o —a las mujeres— de su mejor amigo, esto es, que habían de educar su corazón para poner su eros en alguien digno de ser su amigo para toda la vida: de esa forma conseguirás —les decía— que tu amor dure para siempre. Así como los mejores amigos son los viejos amigos, el mejor amor —concluía— es “el viejo amor”.

33840ac789   Ahora bien, ¿qué queremos decir cuando decimos “te quiero mucho”? A mí me encanta aquello que explica Josef Pieper en su libro sobre el amor, que gustaba tanto a mi amigo Jorge V. Arregui y que transcribo aquí con palabras de Benedicto XVI en las Navidades del 2011: “El ser humano puede aceptarse a sí mismo solo si es aceptado por algún otro. Tiene necesidad de que haya otro que le diga, y no solo de palabra: «Es bueno que tú existas»”. Así estamos hechos los seres humanos: todos necesitamos que nos digan qué bueno que tú existas, me encanta que seas así, qué a gusto estoy contigo y otras expresiones de cariño semejantes, y que no solo sean palabras, sino que nos lo muestren con gestos y con obras.

IMG_7208    Viene ahora a mi memoria una alumna rusa que tuve hace años que, cuando vino a despedirse de mí porque se volvía a su país, me regaló un pequeño icono —que todavía conservo— diciéndome como explicación del regalo: “Es que usted ocupa un lugar permanente en mi corazón”. Me conmovió su gesto y, sobre todo, me conmovieron sus palabras: de hecho Elizaveta sigue estando en mi memoria porque continúa presente en mi corazón. Aquellas personas a las que queremos, aunque estén lejos o aunque hayan muerto, están siempre con nosotros porque las llevamos en nuestro corazón.

imgres-2  Para el desarrollo de la humanidad en el siglo XXI —concluía Gomá Lanzón su conferencia— es imprescindible educar el corazón para que quepa en él mucha más gente, tengamos más y mejores amigos, haya espacio para conocer y querer a más personas, incluidas las de tradiciones sociales y culturales diferentes a la nuestra. “El individualismo libertario de los últimos 300 años es ya un proyecto acabado: en el siglo XXI la amistad ha de estar por encima de la justicia”. Esto no significa, por supuesto, una invitación a la corrupción y a ser injustos por favorecer a los amigos: el amiguismo es una enfermedad de la amistad. Lo que significa es que no basta solo con la justicia: los seres humanos necesitamos por encima de ella el amor.

   IMG_2154Mi conclusión mucho más modesta y con palabras bien simples es que la sociedad de hoy necesita que queramos más a nuestros amigos, familiares y personas amadas, y que además de quererles, es preciso que se lo digamos a menudo expresamente, aunque sea solo con la abreviatura tqm en nuestros mensajes. Ese es al menos un primer paso.

 Pamplona, 25 enero 2015

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La educación del disgusto

        En mi reciente viaje a Argentina me llevé un disgusto. Quizás eso hizo que me quedara atrapado por una anotación de Amadeus en las páginas finales de la magnífica novela Tren nocturno a Lisboa, de Pascal Mercier:imgres

        “EL VENENO ARDIENTE DEL DISGUSTO. Cuando los otros nos obligan a disgustarnos con ellos —por su insolencia, su injusticia o su falta de consideración—, ejercen un poder sobre nosotros, proliferan y nos devoran el alma, porque el disgusto es como un veneno ardiente que socava todos los sentimientos moderados, nobles y armoniosos y nos roba el sueño. Insomnes, encendemos la luz y nos disgustamos por nuestro disgusto, ese que ha anidado en nosotros como un parásito que nos chupa y nos quita las fuerzas. […] El disgusto nos enseña también algo sobre lo que somos. Por eso deseo saber qué podría significar educarnos y formarnos con el disgusto, de modo tal que aprovechemos su conocimiento sin sucumbir a su veneno.

imgres-1        Podemos estar seguros de que en nuestro lecho de muerte, constataremos como parte de ese último balance —y esa parte tendrá un sabor más amargo que el cianuro—, que hemos malgastado demasiadas fuerzas y tiempo en disgustarnos y hacerles pagar nuestro disgusto a otros en un desamparado teatro de sombras, del cual solo nosotros, que lo sufrimos impotentes, sabíamos algo. ¿Qué podemos hacer entonces para mejorar ese balance? ¿Por qué no nos hablaron nunca de ello ni los padres, ni los maestros ni otros educadores? ¿Por qué no expresaron nunca nada sobre ese inmenso significado? ¿Por qué no nos dieron en este asunto una brújula que nos ayudara a evitar que desperdiciáramos nuestra alma en disgustos innecesarios y autodestructivos?”

        Aun abreviada, es una cita larga que merece la pena. Es inevitable que nos llevemos disgustos: la muerte de los seres queridos, los proyectos que fracasan, los amigos que traicionan. Nadie nos ha enseñado a sobrellevar esos acontecimientos. Frente a la educación del gusto tan en boga hoy en día, me parece que habría que desarrollar una verdadera educación del disgusto. ¿Cómo recibir los disgustos sin que nos amarguen el carácter? ¿Cómo acogerlos —como anota Amadeus— sin malgastar el tiempo maquinando venganzas inútiles? ¿Cuál es la brújula en toda esta materia? ¿Qué hay que hacer?

imgres-2     Me impactó hace unos años recibir un mensaje electrónico imgres-4de un colega de Sioux Falls, en Dakota del Sur, que recogía al pie de su carta una cita de la escritora norteamericana Anne Lamott: “De hecho, no perdonar es como beberse un matarratas y esperar que se muera la rata”. Aquella frase fue para mí un revulsivo. Trajo a mi cabeza que no podía seguir acumulando resentimiento hacia quienes —queriéndolo o sin querer— me habían hecho daño a lo largo de mi vida. Debía cambiar algo en mi corazón: debía perdonarles.

imgres-5        “Es posible tomar la decisión de perdonar —me escribe una profesora—, aunque el sentimiento no acompañe. Empeñarse en encontrar razones para disculpar al agresor puede ayudarnos a perdonar. Sin embargo, la herida es a veces tan profunda que el dolor supera la capacidad personal. ‘Es entonces el momento —en palabras de Francisco Ugarte— de recordar que el perdón, en su esencia más profunda, es divino, por lo que se hace necesario acudir a Dios para poderlo otorgar'”.

imgres-6        Siguiendo el ejemplo de san Josemaría Escrivá comencé a rezar por quienes me habían hecho daño de un modo genérico, esto es, sin realimentar la memoria con un recuerdo individualizado de cada uno de los ofensores o de sus agravios concretos. Gracias a Dios, poco a poco el rencor ha ido desapareciendo de mi corazón e incluso ahora, cuando de tarde en tarde vienen esas personas o sus actos a mi memoria o a mi conversación, asoma casi espontáneamente en mis labios una sonrisa que los disculpa. Ahora cuando rezo el padrenuestro puedo decir con verdad: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”.

images        La brújula que pedía Amadeus para navegar por el mar de los disgustos es el perdón: la educación del disgusto consiste —me parece— en aprender a perdonar.

Pamplona, 25 de diciembre 2014

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Oración del soñador

{6ADED49A-2225-4EC6-A586-C43B7A0B7D19}_thescream-280x240     De tarde en tarde me pasa que me despierto de noche sobresaltado porque en el sueño se cierne sobre mí la amenaza de una muerte inminente. Casi siempre se trata de una fuerza violenta exterior —un estruendoso cataclismo, un terrible rayo cegador, una penetrante alarma que me exaspera—, pero otras veces, como esta noche, es más bien una causa interior: el corazón que se desboca hacia su final.

abrazo      No siento miedo a la muerte cuando estoy despierto. Conozco bien cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando. Para mis ojos de creyente la muerte será el abrazo con mi Amigo, Jesús, con quien tanto he querido. Y en ese anhelado abrazo el tiempo viejo y todos sus sufrimientos y fatigas habrán ya terminado (Cf. Apoc 21, 4).

images   Pero, ¿por qué en mis sueños es tan distinto? ¿Será que dormido me falta fe? Muchas noches mi inconsciente parece tener vida propia todavía al margen de Dios. Por eso rezo ahora: “Señor, que sueñe siempre en Ti” y con el poeta: “Virgen María, madre, / dormir quiero en tus brazos / hasta que en Dios despierte”.

Pamplona, 10 de diciembre 2014

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Los principios de la vida

imgresEl reciente debate en nuestro país a propósito de la malograda reforma legislativa sobre el aborto ha traído de nuevo a primer plano la cuestión de los principios y de los compromisos electorales. “España es un país enfermo. Muy enfermo. Y su mayor enfermedad es la falta de principios morales sólidos”, escribía un profesor universitario en la prensa. Otros, al comprobar que nuestros gobernantes parecen no tener principios, han recordado el dicho de Groucho Marx: “Estos son mis principios y, si no les gustan, tengo otros”.

No entiendo mucho qué quiere decirse con la expresión ser una persona de principios, pues no es claro ni unánime el reconocimiento de unos principios con arreglo a los cuales debamos vivir. Más aún, esa es la cuestión filosófica decisiva que cada uno debemos imgres-1responder en nuestra existencia personal: cómo vivir, cómo debemos desarrollar nuestra vida. Quizá con esa apelación a los principios lo que quiere destacarse es el empeño por vivir con coherencia, articulando unitariamente el pensamiento y la vida, esto es, no desmintiendo con nuestra vida lo que afirmamos en la teoría y al revés. En ese sentido, cuando se acusa a los políticos por no tener principios, se les está recriminando por tener unas ideas para la vida pública y otras distintas para la vida privada. Esto se aplica tanto al defensor de la escuela pública que lleva a sus hijos a un colegio privado como al que hace una promesa en su programa electoral y después no la cumple quizá por temor a irritar a quienes no le han votado.

imgres-2Este contraste viene muy al caso en el debate público sobre el aborto. Prácticamente todo el mundo está de acuerdo en que el recurso al aborto es una tragedia, que mata al feto y hiere psicológicamente —al menos en muchos casos— a la madre. Muchas mujeres dicen: “Personalmente estoy en contra del aborto, yo no lo haría nunca, pero no puedo obligar a una chica de 16 años —o a cualquier mujer— a seguir imgres-3adelante con el embarazo de un hijo que no quiere y del que quizá no sabe ni siquiera quién es el padre”. Me parece a mí que este es el talón de Aquiles de los movimientos en favor de la vida, que por ahora no han encontrado argumentos eficaces, esto es, convincentes, que lleven a estas mujeres a cambiar su parecer a este respecto. La Madre Teresa con su enorme sabiduría decía: “No los matéis, dádmelos a mí”. Consideraba que la violencia del aborto legal anestesiaba las conciencias y abría la puerta a todas las demás violencias.

1413a6abebepLas ecografías han cambiado la percepción del hijo que viene, en particular, cuando a partir de la sexta semana ya tiene latido y puede ser escuchado. Cuántas madres que envían por whatsapp las fotos del ecógrafo: nadie duda hoy en día de que lo que está desarrollándose en el vientre materno es un ser humano. No está ahí el debate. La discusión se plantea sobre si la ley puede imponer o no a una embarazada el seguir adelante con su gestación en contra de su voluntad. Aquí es donde se crispan las posiciones.

images-1Me parece a mí que la solución no se logra mediante la apelación mecánica a unos supuestos principios, sino que solo puede encontrarse en cada caso con la escucha y la atención personal, la acogida y el apoyo decidido a las mujeres que vacilan. ¡Cuántas veces detrás del aborto lo que hay es una grave situación de penuria económica o de rechazo familiar, o incluso la oposición al embarazo por parte del varón que lo ha engendrado!

padre1El aborto no es un derecho ni puede serlo. La solución no se encuentra en su penalización. Hace falta más ciencia, más estudio y reflexión, menos política y, sobre todo, un cambio en los corazones de los seres humanos: ese cambio solo puede lograrse apelando a la imaginación, a los bellos testimonios, a las razones verdaderamente persuasivas. No es cuestión de principios, es cuestión de cabeza y corazón: así es la vida.

Pamplona, 30 de septiembre 2014

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Soledad y aburrimiento

La vida int    Al comenzar un nuevo curso académico es relativamente frecuente que me inviten a hablar a los nuevos alumnos de la Universidad. Suelo elegir el tema de la vida intelectual —pensar, leer, escribir— porque estoy persuadido de que es lo que más necesitan y lo que mejor puede ayudarles en esa nueva etapa.

Gente joven  Inicio siempre mi exposición preguntando cuál les parece el problema más importante de la gente joven. Las respuestas suelen ser: la superficialidad, la comodidad, el miedo a pensar, la huida del compromiso, el vivir al día, la tecnologización excesiva, el gusto por el ruido, la dependencia de las modas y otras respuestas semejantes. Me parecen acertadas todas esas caracterizaciones de la gente joven, pero me gusta añadir que, siendo más radicales, yendo más a la raíz, el problema más acuciante para los jóvenes que me escuchan es casi siempre una dolorosa sensación de soledad, que a menudo va acompañada de un insoportable aburrimiento crónico.

soledad    Casi todos los jóvenes coinciden conmigo en este diagnóstico —al menos asienten silenciosamente con sus cabezas o se les encienden los ojos al escucharme— porque casi siempre cuadra con su experiencia personal y también porque esa explicación radical es capaz de dar cuenta de aquellos otros factores que antes ellos habían indicado: ¡cuántos se conectan a una máquina para no tener que hablar con el que está al lado o se emborrachan —dicen— para desinhibirse y poder así divertirse! Lo que quizá llama más mi atención es que con frecuencia, al terminar la sesión, se me acerca algún profesor que me ha escuchado y me dice por lo bajo que el dolor por la soledad y el aburrimiento no son solo un problema de los jóvenes, sino que sobre todo —al menos así lo siente él— es el problema de los adultos.

perro  En el hermoso powerpoint que preparó María Guibert para ilustrar mi exposición, la afirmación sobre el aburrimiento está ilustrada con la fotografía de un viejo perro dálmata repantingado sobre un sillón destripado, como si estuviera harto de ver la televisión. Es una imagen muy gráfica de lo que les pasa a tantos, aunque quizá lo mejor sea la cita de Erasmo de Rotterdam que figura al pie: “El que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento”. Efectivamente, el secreto para que desaparezca por completo de nuestras vidas el fantasma del aburrimiento es el cultivo de la vitalidad interior, el descubrimiento de la potencia creativa del pensamiento, de la lectura, de la escritura de lo que llevamos en nuestra imaginación y nuestro corazón.

  Para ilustrar esto suelo emplear una tira de Mafalda en la que le pregunta a Miguelito si no le indigna un cartel que dice “Prohibido pisar el césped” y este le contesta: “No, ¡qué me importa! Yo tengo mi propio pastito interior”.

MafaldaDe eso se trata, de cultivar decididamente nuestra interioridad, con libertad, con pasión, pensando por nuestra cuenta y riesgo. Solo así superaremos las modas, las tendencias opresivas dominantes en nuestra cultura consumista, que bloquean el pensamiento —”Quien piensa se raya” suele decirse entre los jóvenes—, que impiden la lectura, que nos convierten en seres superficiales que se conforman con estar entretenidos ante una insulsa pantalla.

   1000015_wifi_20130905194216Se dice con frecuencia que los móviles, las máquinas en general, nos acercan a los que están lejos y nos separan de los que están cerca. Quizá por eso me encantó el simpático letrero de un bar latinoamericano: “No tenemos wifi, hablen entre ustedes”. Muchas veces esto es así: la tecnología es el enmascaramiento de la soledad. Un problema creciente —tanto para jóvenes como en especial para muchos adultos— es el de una terrible soledad que nace del aislamiento, del cerramiento sobre uno mismo, quizá como consecuencia de las heridas recibidas en el trato con los demás o simplemente como efecto del paso del tiempo. Por ejemplo, quienes tenemos cierta edad a menudo comprobamos con nostalgia que aquellas personas a las que más hemos querido han muerto y no están ya a nuestro lado.

10557532_735901683143044_3086985638344982917_o    El abrirse a los demás nos hace vulnerables. Como no quiero sufrir más —se dice más o menos conscientemente— prefiero no conocer a nuevas personas, no tener nuevos amigos, no querer ya más: me basta con encerrarme en mi caparazón y resistir los embates de la soledad atesorando en mi memoria los momentos gozosos de mi vida pasada. Esto es muy comprensible, pero es una trampa, un razonamiento engañoso: el encerramiento sobre uno mismo, el aislamiento afectivo y efectivo, nos hace daño, nos duele, porque los seres humanos estamos hechos para querer y sentirnos queridos.

    Si nos descubrimos solos o aburridos es que algo dentro de nosotros mismos no está bien: que no cultivamos nuestra vida intelectual —pensar lo que vivimos, decir lo que pensamos, vivir lo que decimos— o que lamentablemente hemos renunciado a querer a los demás. En ambas líneas —enriquecimiento de la cabeza y ensanchamiento del corazón— siempre se está a tiempo de recomenzar. Lo importante es no pactar con la soledad, ni con el aburrimiento.

Pamplona, 29 de agosto 2014

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Las ataduras del amor

Unknown    Hoy en día hay personas —quizá sobre todo entre la gente joven— que han sido educadas de tal manera en el egoísmo que prefieren no enamorarse, no darse del todo a otra persona porque no quieren las ataduras del amor. Prefieren su independencia personal y piensan que el querer a alguien por completo roba su independencia. Me trae a la cabeza aquello de Saint-Exupéry de que la calidad de una vida está en función de la calidad de los vínculos afectivos libremente elegidos. Quien prefiere aislarse —esto es, no querer a nadie sino solo a sí mismo— empobrece su horizonte vital hasta negar su propia humanidad.

images    No he visto —ni veré porque me ha parecido muy zafia— la película El lobo de Wall Street (2013) que describe bien el ansia ilimitada de placer egoísta de un exitoso corredor de bolsa, encarnado por Leonardo di Caprio. Me basta con Ciudadano Kane (1941) y la dramática soledad del millonario, encarnado por Orson Welles, que tiene todo lo que puede comprarse y al que le faltan, en cambio, el cariño y afecto de todos: al que le falta todo lo que el dinero no puede comprar.

    Quienes piensan que la felicidad es egoísta están en un grave error acerca del ser humano: de la misma manera que hay más alegría en dar que en recibir, a todos nos llena —más que cualquier otra cosa— querer y sentirnos queridos. No se trata de perder independencia, sino de voluntaria y confiadamente entregarse a otra persona para llevar a cabo un proyecto vital compartido, para vivir juntos toda la vida. Copio de un autor Unknown-1espiritual (Paroles de Chartreux, Cerf, París, 1987, p. 99) que cita Jacques Philippe: “Incluso en el orden natural, todo amor auténtico es una victoria de la debilidad. Amar no consiste en dominar, en poseer, en imponerse a quien se ama. Amar quiere decir que se acoge sin defensa al otro que viene a nosotros; en contrapartida se tiene la certeza de ser plenamente acogido sin ser juzgado, ni condenado, ni comparado. No hay ninguna prueba de fuerza entre dos seres que se aman. Hay una especie de entendimiento mutuo interior, gracias al cual no se puede temer ningún peligro que venga del otro”.

    Me sorprende esa paulatina degradación en la cultura contemporánea occidental delUnknown-2 amor humano, que ha reducido el amor romántico —el auténtico amor esponsal— a una relación de mutua satisfacción egoísta. Zygmunt Bauman ha escrito libros muy documentados estudiando lo qué denomina el “amor líquido”. Hace muchos años aprendí que el amor renuncia al control del tiempo: para quien ama nunca hay prisa. O como me gusta escribir a modo de trabalenguas: de nada se priva quien por amor se priva de todo lo que no es su amor. Dicho más sencillamente, el amor deja todo por la persona que ama.

casamientos-consejosDe hecho el retraso del casamiento hasta más allá de los treinta años o hasta después de que vengan los hijos es señal clara de esta transformación de la relación amorosa, que tiende a eludir el compromiso que encierra de exclusividad y eternidad. En lugar de comprometerse para toda la vida, hoy en día es más común el compromiso “mientras dure el amor”, mientras se conserve el sentimiento amoroso o la mutua satisfacción sexual. Por un motivo análogo, son muchas las mujeres y los hombres jóvenes que no quieren tener hijos, que no quieren atarse de por vida a unas nuevas criaturas nacidas de su relación conyugal. Han empequeñecido sus corazones, se han convertido en unos ancianos que solo buscan su interés o quizá no han dejado de ser aquellos niños egoístas que en su infancia solo querían su comodidad.

    g_vigoenfotos_1570sAmar es atarse voluntariamente a otra persona. En cambio, quien no ama se ata solo a su egoísmo. Quien aspira a su independencia por encima de todo, no es capaz de amar: en última instancia, será esclavo de sí mismo. Como escribió Santayana, “Moral freedom is freedom from others, spiritual freedom is freedom from oneself“. La libertad moral es libertad respecto de los demás, la libertad espiritual es libertad respecto de uno mismo. Quien no ama y no ama las ataduras que el amor lleva siempre consigo, renuncia a su crecimiento personal. Como me escribía la filósofa Sara Escobar, “la estructura de la persona es así: solo crece si se da”.

Barcelona, 25 de julio 2014

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