Si quieres ser más feliz, haz listas

 estrella      Hace unos pocos días en una sesión de un curso de verano en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander aprendí que las listas son la estructura básica de la ordenación de la información. Lo decía con enorme convicción la profesora Estrella Montolío en una brillante intervención en el elegante Comedor de Gala del Palacio de la Magdalena donde se desarrollaba el curso.

BARCELONA 02/08/2008 LISTA DE LA COMPRA PARA AHORRAR Y NO CONSUMIR TANTO A LA HORA DE HACER LA COMPRA EN EL SUPERMERCADO FOTO FERRAN NADEU

BARCELONA 02/08/2008 LISTA DE LA COMPRA PARA AHORRAR Y NO CONSUMIR TANTO A LA HORA DE HACER LA COMPRA EN EL SUPERMERCADO FOTO FERRAN NADEU

     Llamaron mi atención esas palabras, pues desde la niñez aprendí de mis padres a hacer listas para ayudar a la memoria y organizarse uno mejor. Desde la lista que mi madre llevaba siempre al ir de compras, cuidadosamente ordenada de acuerdo con el camino que iba a recorrer, hasta la lista de cosas para contarme que se hace mi padre a sus 92 años cada vez que voy a visitarle a Barcelona, pasando por la lista de recados que me daban en mi infancia cuando salía a la calle. Nunca había prestado atención a este asunto de las listas, pero me parece que tiene una importancia capital para la formación personal y para la organización de la propia vida: ¡si quieres ser más feliz —podría decirse—, haz listas!

         Por supuesto, hay listas y listas: hay listas que son enumeraciones, esto es, que image1 2están numeradas y en las que las cosas están ordenadas por su importancia o por su urgencia; hay listas que son más bien calendarios o agendas de actividades que debemos llevar a cabo en un futuro próximo; hay listas con los nombres de los amigos, con sus teléfonos y cumpleaños; hay listas de las cosas que han de meterse en la maleta cuando nos vamos de viaje o de asuntos que hay que tratar en una conversación. De hecho, nos pasamos la vida haciendo listas.

         Probablemente las agendas electrónicas y demás recursos tecnológicos similares nos simplifiquen la vida en esto de las listas, pero una de las cosas que a mí más me gusta de las listas que hago en papel es la posibilidad de IMG_3745tachar las cosas conforme las voy haciendo. Cada noche suelo abrir un folio de papel —usado por la otra cara— en el que apunto la lista de cosas no rutinarias que debo hacer al día siguiente. Cuando al llegar la noche compruebo que he conseguido hacer casi todo o que solo me quedan dos o tres cosas que arrastro al siguiente día, me quedo con la gozosa impresión del deber cumplido, de haber aprovechado el día.

         Las listas no pueden ser ni demasiado largas —como la guía telefónica— ni demasiado cortas: si solo tienen una o dos cosas realmente no necesitamos la lista. Otra de las ventajas de las listas a mano es que siempre pueden introducirse cosas nuevas entre sus líneas, porque somos nosotros y no el programa informático quien —por así decir— tiene el control sobre el listado.

image3         A muchas personas ya la propia palabra “listas” les pone nerviosas: les parece rigidez y falta de flexibilidad; algo así como encorsetar su creatividad. Sin embargo, en realidad se trata de un recurso utilísimo para llegar a ser los dueños efectivos de nuestra jornada, para llevar las riendas de nuestra actividad. Al realizar lo que hemos previsto en nuestro listado nos hacemos señores de nosotros mismos, porque no nos hemos dejado arrastrar por la comodidad o por el capricho momentáneo.

        Las listas potencian la creatividad, porque permiten hacer más cosas, en lugar de andar siempre dedicando el tiempo a remediar nuestros olvidos. Por supuesto, es preciso aprender a improvisar, a interrumpir nuestra relación de tareas para poder prestar atención a quien está a nuestro lado y lo necesita. Sin embargo, tener ese orden favorece también la serenidad interior que los demás esperan encontrar en nosotros.

        A mí me ayuda mucho tener listas abiertas de libros pendientes de leer que me han image2recomendado mis amigos, o películas para ver algún día o incluso de regalos para pedir en el momento oportuno. Por ejemplo, a quienes se sienten solos o tienen “ataques de soledad”, les recomiendo revisar la lista de personas a las que quieren y que les quieren: a todos nos reconforta sentirnos y sabernos queridos por nuestros amigos, aunque quizá se encuentren físicamente muy lejos.

         Desde hace años, voy anotando en mi cuaderno una lista de las alegrías y otra de los disgustos y tristezas que me acontecen: gracias a Dios, es mucho más larga siempre la primera que la segunda. Me parece que una lista así de doble entrada ayuda a tener una visión equilibrada de la propia vida de forma que uno  puede comprobar que ni todo son éxitos ni todo son fracasos.

         Pero, además, querría añadir finalmente que también podemos listar nuestros lista-desueños, nuestros proyectos, nuestras ilusiones, nuestros gustos y aficiones hasta el punto de que —como me pasa a mí— lleguemos a disfrutar haciendo listas de todo aquello que llevamos en nuestra imaginación y en nuestro corazón. Por eso he titulado estas líneas: “Si quieres ser más feliz, haz listas”, pues el hacer listas nos pone, por así decir, en nuestro sitio.

Pamplona, 30 de julio 2015

* Agradezco la ayuda de Jacin Luna para las ilustraciones, así como las sugerencias y correcciones de Albi Castilla y María Rosa Espot.

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11 respuestas a Si quieres ser más feliz, haz listas

  1. jcoyuela dijo:

    Hace años leí The check list manifesto, un libro que habla sobre listas de comprobación. Te podría gustar. Saludos desde Honduras.
    http://www.eticaysociedad.org

    • Muchísimas gracias por la sugerencia. Se trata efectivamente de un excelente libro en favor de las listas de comprobación, pensando sobre todo en el trabajo en equipo como es el de médicos, enfermeras y personal auxiliar en un quirófano.

      Cordialmente,

      Jaime

  2. Pingback: Si quieres ser más feliz, haz listas | Mi versión en diminuto

  3. Pingback: Si quieres ser más feliz, haz listas | Espacio de Arpon Files

  4. Arpon Files dijo:

    Buen artículo! Soy fanático de las listas y esto me recordó una gran película “The bucket list”.
    Felicidades. Un abrazo

  5. Pingback: Si quieres ser más feliz, haz listas | Mi versión en diminuto

  6. Es un post fenomenal y muy acertado. Todo son listas, algunas se cumplen, otras no del todo, pero al menos lo intentamos. En mi opinión, la mejor lista, es la de las alegrías y los disgustos y tristezas. A veces, nos pasamos tanto tiempo estando tristes y recordando que lo estamos que nos olvidamos de los buenos momentos del día a día. Si apuntáramos cada vez que cruzamos la mirada con alguien que va por la calle y sonreímos, o cuando te echas unas risas con el que esta en la cola del supermercado porque la cola parece interminable. Las risas con los amigos día a día, los cafés acompañados de largas conversaciones… Nos pasamos la vida quejándonos de lo malo que se nos olvida ser felices. No creo que la felicidad sea un estado perfecto y constante, creo que puedes ser feliz y tener malos ratos en los que no lo eres, pero todo al final se resume en momentos puntuales. Al fin y al cabo, no puede llover siempre al igual que tampoco puede haber siempre un arco iris.

  7. Pingback: Si quieres ser más feliz, haz listas | Artículos del Club Sénior

  8. Copio el comentario que me envía mi “viejo” y querido profesor José Antonio Palacios:

    No he contestado a tu post «Si quieres ser más feliz, haz listas», aunque tanto te agradezco tu invitación, y tanto aprecio siento por la utilidad de las listas, listas de contenidos y finalidades muy distintas. Me gustaría tener un tiempo del que en este momento no dispongo, para alargarme un poco. Pero hace unos minutos he leído una cita de san Jerónimo, que me ha impactado, teniendo en cuenta que un horario no deja de ser una lista: «… debemos tener unas horas de oración bien repartidas de modo que, si estamos absorbidos por algún trabajo, el mismo horario nos amoneste a cumplir nuestro deber» (S. Jerónimo, Epist. 22,37).

    Me ha sorprendido ese “nos amoneste”. ¡Justo! Sí, señor: la virtud de algunas listas está en que nos amonestan a cumplir las obligaciones contraídas.

    Un abrazo fuerte.

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