Haz lo que amas o ama lo que haces

Unknown       Hace unos días leí el artículo de Miya Tokumitsu “In the Name of Love” en el que se mostraba indignada contra aquellos que repiten el lema “Do what you love“, “Haz lo que amas”, como clave del éxito profesional. Si la entendí bien, le parecía una afirmación elitista porque solo pueden hacerla realidad en su vida unos pocos privilegiados egocéntricos, mientras que la mayor parte de la humanidad está reducida a la esclavitud en unos trabajos odiosos. Me pareció que esta autora estaba confundida, quizá porque miraba desenfocadamente la realidad del trabajo humano.

DSCN7067  Cada mañana cuando llego a la Universidad me cruzo con media docena de las que antes se llamaban “señoras de la limpieza” —eran mayores que yo, ahora son mucho más jóvenes y van siempre bien arregladas— que terminan su jornada de trabajo. Me gusta ver cómo algunas de ellas al salir encienden un cigarrillo al fresco de la mañana, con expresión —me parece a mí— de satisfacción en el rostro por el trabajo realizado. Casi siempre pienso que su trabajo ha sido probablemente mucho más nosescriben11útil que el que voy a intentar hacer ese día: la limpieza de mi Universidad es proverbial, no así la calidad de las clases que imparto o de los textos que intento escribir. De san Josemaría aprendí hace muchos años que todos los trabajos tienen la misma dignidad y que en todo caso el más importante es aquel que se hace con más amor. Como en el amor hay cantidad, me pregunto a diario quién pone más amor en su trabajo si ellas o yo.

      La invitación a escribir sobre “la vocación como el descubrimiento de la propia identidad” es una buena ocasión para dar una nueva vuelta a estas ideas. Apenas uso Twitter, pero cuando abrí una cuenta me gustó que el sistema me obligara a identificarme. Subí una foto, mi nombre y apellido y escribí de mí: “Soy profesor de filosofía y me gusta pensar e invitar a los demás a pensar y a escribir“. Viene a ser como una selfie por escrito: eso es lo que soy y lo que me gusta ser. Es mi vocación. No aspiro a ser famoso, un intellectual o sus diversos sucedáneos académicos. Me encanta ser un modesto profesor universitario que aspira a persuadir a sus alumnos de la importancia del pensamiento, de la lectura, de la escritura, de la afectuosa comunicación con los demás. Estoy convencido de que solo así es posible para mí intentar cambiar el mundo para hacerlo un poco mejor, más humano.

Unknown-3      Aunque en la vida académica haya dificultades, cansancios o incluso a veces no falten amargos sinsabores, puedo decir que “hago lo que amo”, lo que me gusta, pero sobre todo amo lo que hago, incluido aquellos aspectos menos amables de mi tarea (corregir exámenes, calificar, atender reclamaciones, rellenar formularios administrativos, etc.). No es que simplemente haga mi capricho, sino que soy

Graciela J. con sus alumnos en Tucumán

Graciela J. con sus alumnos en Tucumán

un apasionado de mi trabajo docente e investigador y disfruto habitualmente en él pues vivo con la ilusión de que quienes me escuchan o leen lleguen muchísimo más lejos que yo. Me llega una anotación de un alumno de la profesora Graciela Jatib, desde Tucumán, en el norte de Argentina, que es algo así como el fin del mundo: “Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino amar lo que uno hace”.

      Efectivamente, amar lo que uno hace llena de gozo las horas de trabajo. Las dota de unUnknown-1 encanto maravilloso porque, al llevar el alma abierta a la novedad inesperada, el cansancio —que inevitablemente aparece siempre— se recibe casi como un premio. Como escribió Antonio Gaudí, “mal asunto cuando una ocupación se arrastra como trabajo forzado; compadezco a aquel que lo cumple por obligación… Una de las cosas más bellas de la vida es el trabajo a gusto”.

Unknown-2      Así como el artista se complace al final de la jornada en la obra de arte que ha hecho con su esfuerzo, la persona que ama su trabajo puede llegar a contemplar su vida como una obra de arte. Eso es para mí la vocación y es lo que veo también en los ojos de las mujeres que encienden con satisfacción el cigarrillo al salir de la Universidad a primera hora de la mañana, después de cuatro o cinco horas de intenso trabajo limpiando con amor aulas, laboratorios, pasillos y despachos.

Pamplona, 2 de abril 2014

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La sinfonía educativa

UnknownVenía esta mañana de Madrid a Pamplona por los campos de Soria. Amanecía mientras el coche se deslizaba por la autopista solitaria en la madrugada. Al admirar el paisaje acudían a mi memoria los versos de Machado aprendidos en la infancia: “Colinas plateadas,/ grises alcores, cárdenas roquedas,/ por donde traza el Duero su curva de ballesta/ en torno a Soria”.

Después de dar gracias a Dios por el poderoso sol que —cegador— se iba levantando sobre la meseta castellana llenándolo todo de luz y color, encendí la radio. Sintonicé Radio Clásica y pude estar escuchando largo ratoUnknown-1 a Maurice Ravel. “¡Cuánto me gustaría ser compositor!”, pensé al terminar una maravillosa grabación del “Concierto para piano en sol mayor“, bajo la dirección de Leonard Bernstein, seguida de la famosa “Pavana por una infanta difunta“. ¡Ser capaz de organizar una compleja sinfonía con elementos tan dispares y a la vez armónicos, que hacen disfrutar y sentirse felices a quienes la escuchan! ¡Qué envidia tengo de Ravel!

IMG_2626Al cabo de un rato caí en la cuenta de que un profesor es también, en cierto modo, un compositor de una original sinfonía. Si pone cabeza y corazón en su enseñanza, sus alumnos —al menos algunos de ellos— vibran en sintonía con él. Cuando un profesor pone inteligencia y pasión en lo que enseña, los mejores alumnos se emocionan también y aprenden con él. Algo parecido ocurre con los textos encerrados en los libros viejos y nuevos: vuelven a palpitar cuando un humilde lector los devuelve a la vida haciéndolos vida suya.

interrupted-reading-camille-corot-wikipaintingsorg-1382992518_bTodos tenemos experiencia de habernos emocionado alguna vez hasta las lágrimas escuchando una composición musical de alguien desconocido por nosotros o leyendo unas líneas de un autor muerto hace siglos. Nos parece que aquella música o aquellas palabras dicen algo muy íntimo de nosotros mismos, estableciendo una misteriosa conexión entre autor y lector, una peculiar sintonía entre compositor y oyente, como si se tratara de almas gemelas.

A mí me llega muy adentro siempre que leo o escucho a algún antiguo alumno que dice como propio algo que muy probablemente me escuchó a mí y que con seguridad aprendí yo a mi vez de mis maestros. Me emociona porque viene a ser como una sinfonía expandida en el espacio y en el tiempo. De la misma forma que aquellos profesores que am_32939me hicieron aprender de memoria los versos de Machado, me han permitido esta mañana disfrutar de los campos de Soria, “donde parece que las rocas sueñan/ conmigo vais!” —proseguía Machado en su poema—, así mis alumnos podrán enseñar a los suyos lo que de mí aprendieron si logro con mi entusiasmo y ejemplo que lo encarnen en sus inteligencias y sus corazones. Como escribió George Steiner, “el deseo de conocimiento, el ansia de comprender, está grabada en los mejores hombres y mujeres. También lo está la vocación de enseñar. No hay oficio más privilegiado. Despertar en otros seres humanos poderes, sueños, que están más allá de los nuestros; inducir en otros el amor por lo que nosotros amamos; hacer de nuestro presente interior el futuro de ellos”.

130313133613_toronto_sinfonia_640x360_bbc_nocreditSe trata, sin duda, de una sinfonía inacabada, que se continúa en el tiempo, como la música bella cuando es tocada con amor y alguien la escucha con gozo y ansias de aprender. Por eso enseñar es —quizá mejor, puede ser— una de las bellas artes.

Pamplona, 16 de marzo de 2014

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La vida nómada

Cuando era pequeño mi hermana me pasó el cuento Zapatos de fuego y sandalias de viento.  Las ilustraciones eran fantásticas. Trata de un zapatero que sale a dar una vuelta (al mundo o a su país) con su único hijo y que, a raíz de las conversaciones que tiene con él, le sandaliascuenta historietas. Algunas muy bonitas y otras muy tristes, como la del niño al que se le concedió que todos los días fueran su cumpleaños y acabó aburrido, o aquel otro que terminó con una barba larguísima con cinco años porque tenía todo lo que quería de forma irreversible. A mis 24 años este cuento me viene a la cabeza porque da una forma bonita a lo que veo que será mi vida: pobreza, camino e historias.

Pobreza. Hace dos veranos leí en los Diarios de Léon Bloy: “La pobreza es relativa: privación de lo superfluo. La miseria es lo absoluto: privación de lo necesario”. Desde entonces el reto está en ser pobre, pero nunca miserable. Haber estudiado filosofía y periodismo me asegura ir raspado a todas partes. Bien. Por otra parte, no tener dinero de sobra es la mejor forma de renunciar al consumismo que asfixia, que sí trae pobreza extrema y llena la existencia de miseria. Merece la pena sorprenderse con Pasolini:  “Parece increíble que nuestra vida pueda estar tan vacía de PPPvida y tan llena de la inanimada voluntad de estarlo”.

Camino. En el último año de universidad, mi amiga Isabel Grábalos me leyó las manos en el  Edificio Central. De todo lo que me dijo se me quedó un comentario: “Te asentarás a los 60 años”. Fue un respiro saberlo, pero también sonó a maldición gitana. El momento político y económico que atraviesa Europa hace inevitable plantearse la propia vida de forma nómada: no hay ninguna seguridad institucional y todos los jóvenes estamos heridos de incertidumbre. Todos sabemos que hoy estamos aquí, pero que mañana Dios dirá, si no el jefe. Seguramente ver más allá de esta incertidumbre sea nuestro sello generacional y defina nuestro carácter. Porque a pesar de ella, seguimos adelante “contando la arena“.

Historias. Esta es la una de las pocas riquezas del que camina conUlises los bolsillos vacíos: el arte. El arte al alcance de cualquier mano, de cualquier boca. Todos hemos vivido momentos que no pueden perderse en el tiempo “como lágrimas en la lluvia“. Llega Ulises , el “rico en ardides”, a la tierra de los feacios. Lo primero es bañarle y darle de comer. Después llegan las historias: ¿qué te ha ocurrido?, ¿cómo has llegado hasta aquí?, ¿a qué personas vistes en tu viaje? El arte, además, es una de las pocas formas de hablar sobre personas sin hacerles violencia. El arte es una de las pocas armas anarquistas. Como la filosofía. Los dos se dirigen a las personas, y evitan el peligro al que se refiere Machado. “El que no habla a un hombre, no habla al hombre; el que no habla al hombre, no habla a nadie”.

Roma, 29 de enero, 2014

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Impresiones de Kenya

DSCN6760He vuelto por tercera vez a Strathmore University en Nairobi, Kenya. El motivo ha sido el mismo que otras veces: impartir un curso en el Master of Applied Philosophy and Ethics a una docena de profesionales interesados en aprender filosofía. Entre los alumnos se encontraban, por ejemplo, Murugi, una jueza que trabaja en favor de la promoción de las mujeres en el sistema judicial kenyano, o el prestigioso abogado Anthony —el primer alumno blanco que tengo en estos tres años—, que al terminar las clases el sábado se va pilotando su avioneta a sus plantaciones a 250 km de distancia. Parecía algo extraído de Memorias de África.

La llegada al aeropuerto de Nairobi fue este año mucho más eficiente que en las dos anteriores, quizá porque hace algunos meses ardió la antigua terminal y han tenido que reacomodarla provisionalmente en un edificio de aparcamiento. Llamó mi atención de nuevo que para pagar el visado (50 dólares USA) la policía solo aceptase billetes recientes y para ello comprueba cuidadosamente la firma del Secretario del Tesoro: es preciso que los billetes estén firmados por Timothy Geithner y no sus antecesores, Paulson, Snow o Summers. También mUnknowne resultó fácil la salida —¡se recomienda ir al aeropuerto con tres horas de antelación!— con la única incidencia reseñable que en la exploración manual después del tercer escaneo del equipaje me retiraran un pequeño cortaúñas que llevaba en la mochila. No deja de intrigarme la —al menos aparente— irracionalidad de esas prácticas, que se complican de modo creciente conforme el país de destino está menos desarrollado.

DSCN6754Pude estar con un matrimonio europeo que padeció el ataque terrorista hace unos meses en el centro comercial Westgate. De su relato estremecedor de las explosiones, el miedo y la confusión subsiguientes, lo que más llamó mi atención fue cómo veló Beatriz por proteger y ayudar a su marido Gabriel y cómo en aquella situación catastrófica —según me contaba Beatriz— se vieron impresionantes muestras de solidaridad entre personas de razas y tribus distintas: todos se volcaban en ayudar a los demás. Gracias a Dios, es frecuente que las catástrofes saquen lo mejor de nosotros mismos.

Estuve cenando una perca del Nilo con un matrimonio argentino que está emprendiendo una impresionante aventura que puede transformar la agricultura keniana mediante la técnica de siembra directa. Me impresionaban el entusiasmo y la tenacidad de Raquel y Janusz, a pesar de las enormes dificultades que las diferencias culturales plantean. En mis días en Nairobi habían podido firmar un acuerdo con una Universidad especializada en la agricultura para iniciar una primera prueba con 50 hectáreas y celebramos el acontecimiento con un estupendo malbec mendocino.

Como complemento turístico de mis clases —dieciocho en una semana— me había propuesto en esta ocasión visitar el National Museum of Kenya donde se encuentra el DSCN6708Turkana boy: el esqueleto de un homínido de hace 1,9 millones de años encontrado por Richard Leakey en los inmediaciones del lago de Turkana en 1984 y que —junto a la famosa Lucy de Etiopía— constituyen los restos más antiguos descubiertos hasta ahora de lo que consideran los paleoantropólogos como “nuestros antepasados”. Me encantó la visita al Museo, acompañado delDSCN6720 profesor retirado Silvano Boruso y pude tomar algunas fotos para usar en mis clases de “Filosofía del lenguaje”. En particular, me emocionó la sala principal en cuya entrada figura el letrero en inglés: “Los huesos fósiles de esta sala son la colección más importante del mundo de fósiles humanos tempranos, y todos ellos han sido descubiertos en Kenya”.

Pero con mucho lo que más me impresionó en este viaje ha sido el profundo amor a Kenya de los europeos y americanos que fueron a comenzar la labor del Opus Dei allí y cincuenta años después siguen trabajando con entusiasmo por la difusión de su mensaje —la santificación del trabajo ordinario— y la consiguiente transformación del país. No es fácil, pero la labor de Strathmore School —que ha cumplido ya los 50 años— y la de la moderna Strathmore University están dejando su impronta.

Strtahmore Students Center

Strtahmore Students Center

Como anécdota, puede servir la de la simpática policía en el control de pasaportes de la terminal provisional ayer cuando me marchaba. Al ver tres visados de Kenya consecutivos en mi pasaporte se sorprendió y le expliqué que había venido los tres últimos años a dictar un curso en Strathmore University. Entonces me dijo como con legítimo orgullo: “¡Mi hija estudia allí!”. Le respondí que yo había quedado encantado de esa Universidad porque sus estudiantes estaban eager to learn, “ansiosos de aprender”. Se quedó encantada de mi cumplido, que ciertamente no es gratuito. En los estudiantes se encuentra el mejor futuro para el desarrollo de este joven y fascinante país.

Volando de regreso, 19 de enero 2014

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¿Año nuevo?

imagesEn mi infancia mi madre solía hacernos la broma el 30 de diciembre de que había visto por la calle a una señora “con tantas orejas como días le quedaban al año”, y al día siguiente, el 31, nos decía que había visto  a un señor “con tantas narices como días le quedaban al año”. Los niños cuentan los años que tienen —tres, cuatro, cinco…— y no cabe en su lógica que los años puedan terminarse. Por eso, mis hermanos y yo buscábamos con afán por la calle a aquellas personas que imaginábamos con tantas orejas y narices. Un año para un niño de cuatro es la cuarta parte de su vida. Ahora que ya he cumplido los sesenta para mí los años vuelan y un año es solo una sexagésima parte de mi vida. Muchos días la sección que más me interesa del periódico es la de “Hace 25 años” y en ocasiones —como en el reciente aniversario del asesinato de John F. Kennedy— incluso la de “Hace 50 años”.

Amanecer en Pamplona, 9 de enero 2014

Amanecer en Pamplona, 9 de enero 2014

Entre las muchas cosas buenas que nos han traído los móviles se encuentra, sin duda, una previsión meteorológica mucho más fina: ahora aciertan casi siempre con la lluvia y la temperatura del día siguiente. Me ha llamado la atención que mi móvil indique además las horas de la salida y la puesta del sol, lo que me ha permitido comprobar —si no me engaña el móvil— la exactitud del dicho popular que hace al 21 de diciembre el día más corto del año. No es el día que amanece más tarde y anochece antes, pues en Pamplona el día que anocheció antes este invierno fue el 12 de diciembre (a las 17:32) y el que amanecerá más tarde el 12 de enero (a las 8:37), pero sí fue el 21 de diciembre el día de menor espacio de tiempo entre la salida y la puesta del sol (9 horas y 1 minuto).

Estos datos sugieren de manera persuasiva que el año nuevo no es algo convencional.Ceci Acuña Serán convencionales las uvas, las campanadas y los matasuegras, pero las noches que se han venido alargando durante meses comenzarán a partir de ahora decididamente a acortarse. El año nuevo no es una convención porque celebra nuestra profunda relación con la luz del sol: con seguridad la luz es lo más natural de nuestro mundo, pues sin ella no podríamos vivir. El nuevo año significa el triunfo de la luz sobre las tinieblas, de la vida sobre la muerte: Lux in tenebris!

Verne-indie-frontiViene a mi memoria aquella extraña novela de Julio Verne titulada Las Indias negras, leída varias veces en mi juventud, dedicada a las laberínticas minas de carbón que poblaban el subsuelo británico para alimentar los hornos de la revolución industrial. No recuerdo los detalles, pero sí la maravillosa descripción del glorioso amanecer al que asiste asombrado uno de los protagonistas, que ha pasado toda su vida confinado en el fondo de la mina sin ver el sol ni saber cómo era el mundo exterior. Me pareció la escena cumbre de la novela: mostraba bien la magnificencia del llamado astro rey, capaz de disipar las tinieblas y de crear un mundo del todo distinto a la lúgubre oscuridad.

Solo al amanecer o al atardecer podemos mirar cara a cara al Sol sin que se dañen nuestros ojos. A mí me gusta, sobre todo, ver amanecer. En particular me fascina ver amanecer sobre el mar. Se trata de un espectáculo en el que no hay nada de convencional, ni siquiera de repetitivo: cada día es nuevo, distinto. Mi admirado Charles S. Peirce —del que en este año celebramos el centenario de su muerte— escribía a su mujer desde Sicilia en septiembre de 1870 contándole con detalles el amanecer en Taormina. Copio un pasaje de su carta:

A las cinco de la mañana estaba despierto y me levanté para ir al Teatro GriegoDSC00820_-_Taormina_-_Teatro_Greco_-_Foto_di_G._DallOrto a ver el amanecer. El amanecer fue en algunos aspectos bastante desfavorable. Estaba nublado. Sin embargo el sol salió por fin y los efectos de la luz en las nubes y el mar fueron maravillosos. Nunca había visto algo ni siquiera parecido. Pero, ¿cómo puedo darte alguna clase de noción de la encantadora vista? Yo estaba en un promontorio muy elevado mirando al mar a la luz pura y clara de la mañana. Justo debajo de mí, a 50 pies o así, estaba el antiguo teatro. En ruinas, pero queda lo suficiente para mostrar adecuadamente cómo era, con sus bellas columnas, círculos y arcos, lo bastante para ser todavía muy bello. Lo suficiente para hacerte pensar que la gente que eligió este encantador lugar para ello no tuvo que irse muy lejos. No estaba en la cumbre del promontorio, aunque bastante arriba. Por encima de mí había una terrible cima rocosa, la antigua acrópolis, coronada por una fortaleza de apariencia formidable. A lo largo de muchas millas se extendían en (c) Museums Sheffield; Supplied by The Public Catalogue Foundationlas orillas colinas como las que había visto el día anterior, con valles soleados por debajo de ellas y el mar entrando en la playa. Podía ver muchos pueblos tanto en los valles como en las colinas —más cerca por supuesto la pequeña y curiosa ciudad de Taormina— y mucho verdor. A través del mar, las orillas de Calabria en un lado eran muy prominentes y en dirección opuesta, tierra adentro, se alzaba el Etna, majestuoso y terrible. Merece la pena viajar al extranjero por ver cosas como esa, cosas que ningún arte puede reproducir.

De modo semejante, me parece a mí que, aunque sigamos en la ciudad de siempre y no vivamos a la orilla del mar, cada año es en cierto sentido nuevo porque su luz renovada puede encender en nuestros corazones nuevos afanes de vivir y, sobre todo, de volver a comenzar.

Pamplona, 5 de enero 2014

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Postureo vs. Autenticidad

th_b4ad7bd0e72f1f1901536d6d4f1312d8_postureo1-1De Sofía B. y Carmen C. he aprendido hace poco la palabra “postureo“, procedente al parecer, de “posar” (del inglés, poser) que viene a ser adoptar una pose para impresionar a quienes te ven, te leen o te escuchan.

 hippies-300x237  Se trata de una actitud del todo opuesta a la de mi generación que buscaba —quizá también era una pose— por encima de todo la autenticidad, aunque fuera a veces mugrienta y pestosa. La nueva tendencia —que atrae al parecer a mucha gente joven— consiste precisamente en aparentar lo que no se es. El postureo es siempre una conducta postiza, artificial, mediante la que se pretende impactar a los demás, suscitando su admiración o quizá más frecuentemente su envidia. Me dice una experta que el postureo consiste, sobre todo, en intentar mostrar que eres especial, distinto de los demás, aunque en realidad hagas lo que has visto hacer a un famoso o famosa. Y un estudiante me añade que es propio de gente mediocre que vive al son de la publicidad.

Me parece a mí algo de ambientes cerrados, 300px-Balliol_College_Feb_2005semejante quizás al esnobismo británico de los colleges decimonónicos. Estas cosas siempre me han resultado cuando menos grotescas. Por asociación de imágenes, viene a mi memoria el estudiante con el que compartía habitación en mi primer verano en Galway, Irlanda. Aunque teníamos solo doce años, mi compañero estaba siempre hablando de la nobleza, los árboles genealógicos y el abolengo de las familias reales. Nunca había conocido a nadie que se interesara tanto por cuestiones que me parecían del todo estrambóticas. De hecho, acabó dedicado profesionalmente a la heráldica y al arte.

 ¿Qué es la autenticidad? La verdad sobre nosotros mismos. Entre el postureo artificioso truth-300x239y la brutal espontaneidad hay —me parece— un amplio espacio en el que los seres humanos podemos estar a gusto y comunicarnos amablemente. Lograr esa autenticidad requiere una permanente  búsqueda para descubrir quiénes somos y qué queremos. La autenticidad es siempre fruto del empeño por corregir inteligentemente la propia espontaneidad. A base de rectificar conseguimos llegar a ser nosotros mismos: en esto consiste la educación. El postureo, en cambio, es radicalmente inauténtico porque lleva a que la propia identidad dependa de la mirada y el reconocimiento de los demás, del impacto o efecto que supuestamente causemos en ellos.

Me apena que entre jóvenes universitarios sea relativamente común ese comportamiento, que estén más preocupados por las apariencias que por lo que son. Confío en que al menos no se contagie a los profesores, sino más bien que estos logren enseñar con su vida a sus alumnos que lo que realmente importa en esta vida es el ser y no el aparentar.

FilosofiaJovenMe escribía una colega que el postureo no es solo un asunto de los adolescentes que suben miles de fotos a las redes sociales “posando”, sino que también las instituciones —incluso las mismas universidades— se ven abocadas a tener que hacer vídeos de todo, en los que la gente salga sonriendo y diciendo lo feliz que es. “La postura como tal —concluía Raquel C.— no es irreal, pero tomar la parte por el todo, es lo que la hace inauténtica.” Comprendo sin duda las exigencias de la actual sociedad de la comunicación, pero viene a mi cabeza, como en contraste, aquel dicho atribuido a Ralph W. Emerson:Unknown-1 “Si un hombre es capaz de escribir un libro mejor, predicar un sermón mejor o fabricar una ratonera mejor que su vecino, por mucho que habite en medio de los bosques, el mundo acabará abriendo un camino trillado hasta su puerta.”

Esas palabras no se encuentran en las obras publicadas de Emerson, sino que al parecer las anotó una de las asistentes a una de sus conferencias de San Francisco en 1871. A veces pienso que si pudiera escoger entre entonces y ahora, me quedaría con aquella época en la que lo que importaba era ser mejor y no posar. Pero después recapacito y me digo que si me empeño por mi parte en no posar y en intentar ser auténtico, y en decírselo a mis alumnos y lectores quizás entre todos podamos devolver a nuestra época el fascinante atractivo de vivir en la verdad.

Pamplona, 28 de noviembre del 2013

 

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El tiempo en las manos

Unknown         Hoy me he sacado la Tarjeta Dorada por la que la Renfe concede grandes bonificaciones en los billetes (hasta un 40 %) a quienes han cumplido los sesenta años. Nunca lo hubiera imaginado: ya soy un sexagenario. Me dicen que parezco más joven, que me conservo muy bien, que soy joven de espíritu, pero la Tarjeta Dorada no miente.

         Hasta hace poco lo que más llamaba mi atención era lo cortas que se me habían hecho las últimas décadas. El tiempo, que en la infancia se detenía en unos veranos inacabables, se deslizaba en la madurez como un caballo Unknown-1desbocado, día a día, semana a semana, año tras año. En cambio, ahora lo que más me impacta es la convicción de que mi tiempo acelera el paso hacia su final. No quiero dramatizar, pero cuando miro hacia atrás veo cómo la espiral del tiempo se ha ido estrechando; si miro hacia adelante, me siento con las manos todavía vacías y me digo que no hay tiempo que perder. 

caravaggio-san-matteo-e-langelo         A ratos me consuela recordar el dicho de San Juan de la Cruz: “A la tarde te examinarán en el amor”. Y ahora que soy sexagenario pongo más empeño quizás en intentar ser amable, en expresar con obras mi afecto, en acariciar a quienes quiero, a los niños, a los pobres, a los ancianos y, sobre todo, me esfuerzo en aferrar tenazmente la pluma para seguir escribiendo por amor a quienes algún día lleguen quizás a leerme.

         Parafraseando a Edith Stein me gusta decir también que lo que no está en nuestras manos, está en las manos de Dios. Ayer leía precisamente al Papa Francisco: “Dios cura nuestras heridas con sus manos y para tener manos se hizo hombre”.

         Cuántas veces pienso que el tiempo se me escapa old_hand_baby_hand225como el agua entre los dedos. Si miro mis manos, puedo ver los surcos, las cicatrices, las marcas que en ellas el tiempo ha ido dejando. Si las comparo con las de un bebé, puedo comprobar cómo el paso del tiempo ha convertido la delicada suavidad de las manitas de un recién nacido en la áspera rugosidad de las de un sexagenario.

 Pamplona, 25 de octubre 2013

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