Regalar en Navidad

Entrevista de Miriam Lafuente

        La proximidad de la Navidad trae a la cabeza de inmediato el tema de los regalos. El profesor de filosofía Jaime Nubiola escribió hace algún tiempo sobre este asunto en su web y reproducimos aquí sus dos primeros párrafos:

      Las fiestas de Navidad traen a nuestra consideración la vigencia de los valores cristianos que esta celebración encierra. Algunos agoreros se lamentan año tras año de una supuesta pérdida del sentido cristiano de la Navidad al comprobar la sustitución en los grandes almacenes o en espacios públicos de algunos signos navideños tradicionales en España por otros más internacionales que —dicen— ocultan el significado religioso. Otros —que recuerdan inevitablemente al Ebenezer Scrooge del Cuento de Navidad de Dickens— se quejan amargamente de la brutal comercialización de estas fiestas en las que los ciudadanos se lanzan a despilfarrar desaforadamente sus ahorros de todo el año en las tiendas y grandes almacenes para satisfacer así sus caprichos. Me parece a mí que ni unos ni otros aciertan. Entre luces, villancicos, panderetas y enormes comidas familiares se abre paso nítidamente la conciencia de que Dios ha nacido en Belén y que aquel hecho maravilloso ha cambiado por completo la historia humana y ha cambiado las relaciones entre nosotros.

            El símbolo esencial de la Navidad no son las figuritas de los nacimientos, ni los barbudos Santa Claus o Papá Noel, ni el árbol majestuoso iluminado, ni las herraduras adornadas o las hojas de muérdago, ni el besugo, el cava o los turrones de Jijona. El verdadero símbolo de la Navidad son, sobre todo, los regalos. Los regalos de los pastores y de los magos al Niño son el signo más luminoso de la Navidad cristiana. Frente a quienes piensan que el sentido cristiano de la Navidad se está perdiendo a manos de las campañas publicitarias de los grandes almacenes vale la pena recordarles que gracias al trabajo extraordinario de todos estos comercios en estas fechas, resulta posible que gocemos de la experiencia maravillosa de que «hay más alegría en dar que en recibir» (Hch 20, 35). No solo volvemos a ser niños, sino que realmente aprendemos a dar y a recibir que es lo que nos hace realmente humanos.

Le dirigimos algunas preguntas a Jaime Nubiola y estas son sus respuestas.

  1. ¿Qué regalos podría dar a mi familia y amigos esta Navidad que no fueran materiales?

           Cada vez estoy más persuadido de que el mejor regalo que podemos hacernos los seres humanos unos a otros es nuestra atención, nuestra escucha, acompañada de la sonrisa, del abrazo, de la caricia. Como decían Ana Belén y Víctor Manuel en un antiguo álbum: “Para la ternura siempre hay tiempo”. El regalo que los demás necesitan de nosotros es, sobre todo, nuestra ternura, nuestro tiempo y nuestra paciencia.

Viene a mi memoria un anuncio de IKEA de hace un par de años titulado “La otra carta a los Reyes“. Primero los niños escribían una carta a los Reyes Magos y después escribían otra a sus padres con lo que realmente querían de ellos: lo que todos les pedían era tiempo, atención, cariño, en lugar de juguetes. Esa segunda carta era la realmente importante.

      Nosotros —los adultos— podemos también regalar atención a quienes tenemos a nuestro lado y para ello, por ejemplo, podemos apagar del todo el móvil en las reuniones familiares o en los encuentros con los amigos y así podremos escucharles sin distracciones.

  1. ¿En qué reparar antes de hacer un buen regalo material?

            A todos nos gusta recibir regalos, pero sobre todo nos encanta hacerlos. Regalar es dar cosas a quienes queremos como muestra de afecto y sin esperar nada a cambio. Lo primero en lo que hay que reparar es en la ilusión que puede hacer a esa otra persona recibir aquel regalo. Muchas veces no importa tanto el valor económico, sino sobre todo el valor afectivo, el tiempo y la atención que hemos invertido en ese atractivo regalo quizá bellamente envuelto.

  1. Quise quedar con una amiga unas Navidades y me dijo que le encantaría, pero le faltaba tiempo para las compras de Navidad…

            ¡Qué pena! Si no tenemos tiempo en navidades para nuestras amistades, ¿cuándo vamos a tener tiempo? Me parece que la lección y el recordatorio que la Navidad trae a nuestro corazón y a nuestra cabeza cada año es que el ser humano solo se realiza plenamente cuando se regala, cuando se entrega a quienes tiene a su alrededor. Si no tenemos tiempo para quienes nos quieren, ¿de quién es nuestro tiempo? Merece la pena pensarlo, no sea que sean otros —el trabajo, el entretenimiento, la vanidad, el egoísmo— quienes vivan nuestra vida.

  1. A lo largo de la vida recibimos regalos varios, pero algunos nos llegan especialmente al corazón… Un regalo que usted recuerde especialmente y por qué.

            A mí siempre me han gustado mucho los libros. Puede parecer un poco pedante, pero me impactó mucho cuando yo tenía 10 años o así el regalo que me trajeron los Reyes Magos: una edición juvenil de las tragedias griegas de Esquilo cuyo impactante contenido —que mis padres probablemente desconocían— sugería que ya me consideraban casi un adulto.

      Otros regalos que me conmueven siempre son los que me hacen los antiguos alumnos testimoniando su agradecimiento; los conservo con emoción en mi despacho en la Universidad. Me gusta recordar aquello que escribió Emily Dickinson a su mentor literario: “La gratitud es el único secreto que no puede revelarse por sí mismo”.

  1. La publicidad estas navidades nos incita a comprar. Pero, ¿qué regalos no se pueden comprar con dinero?

         Me parece que casi he respondido ya a esta pregunta, pero quiero añadir algo aprendido de un brillante antiguo alumno que el día de Navidad va con la Comunidad de San Egidio en Barcelona a servir un espléndido banquete a varios centenares de personas sintecho de la ciudad . Y no lo hace solo el día de Navidad.

         Más aún, me parece que conviene recordar que lo que sobre todo necesitamos las personas es la conversación amable, la escucha atenta, una sonrisa abierta y, sobre todo, mucho respeto. El respeto es a veces el mejor regalo que podemos hacernos entre nosotros los seres humanos, respetar las diferencias, las personalidades, los gustos, las aficiones y las sensibilidades. ¡Cuántos conflictos nos ahorraríamos en las celebraciones familiares si amáramos un poco más nuestras diferencias! Merece la pena pensarlo y actuar en consecuencia: muchas veces es mejor callarse y sonreír o proseguir la conversación en una dirección más amable. Esto es algo que podría enseñarnos la Navidad.

Pamplona, 24 de diciembre 2019.

P. S. Agradezco a Miriam Lafuente su entrevista y su autorización para reproducirla aquí. Agradezco también la ayuda de Jacin Luna con las ilustraciones.

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