A flor de piel

         Leo en la prensa —y me impacta— una cita de Paul Valéry,1599px-Sete_cimetiere_marin_2.JPG el poeta francés autor de El cementerio marino: “La piel es lo más profundo que hay en el hombre”. En unas pocas palabras el poeta dice algo que siempre había pensado, pero nunca había llegado a expresar y me conmueve por su verdad. Lo más profundo de los seres humanos no son los riñones, el hígado o el bazo, sino lo que se ve más, la piel que nos abre al mundo, a los demás y que conserva anotado el fiel registro de nuestra vida.

      Un dermatólogo amigo me explica que en el desarrollo humano tanto la piel como el sistema nervioso y el cerebro proceden del ectodermo, que es la capa germinal más externa del embrión. Lo que al ignorante —acostumbrado como yo a pelar la fruta y tirar finaaaaaaaaaaaalla piel sin prestarle mayor atención— puede parecerle de menos importancia, resulta que, al menos en el caso de los seres humanos, es de una relevancia capital para su desarrollo.

         Por eso, no andan desencamineccema+numularI1ados quienes repiten que la piel es el espejo del alma. Con ello quieren decir que muchas enfermedades psicosomáticas —el famoso estrés entre ellas— se expresan a través de la piel en forma de erupciones, eczemas, dermatitis, manchas y demás excrecencias que a tantas y tantos torturan en estos tiempos de enorme control social de la imagen. Probablemente con esa expresión quieren decir también que en la piel, quizá sobre todo en el rostro, se refleja fielmente lo que con el pasar de los años ha sido una vida. “La piel no engaña”, se añade muchas veces.

      IMG_1995Miro yo la piel de mis manos —ya envejecidas y algo coriáceas— y descubro pequeñas cicatrices que son el recuerdo de percances infantiles, caídas de bicicleta, mordeduras de perros, accidentes domésticos en la cocina; sigo mirando los brazos y el resto del cuerpo y no dejan de sorprenderme los rastros de las vacunas, las cicatrices de pequeñas intervenciones quirúrgicas, las manchas, pecas y demás protuberancias multicolores.

         Me dicen que hay una industria inmensa en torno a los cuidados de la piel deimage2 varones y de mujeres, sea para ocultar las pecas y otras manchas oscuras o rojeces que a tantos horrorizan, para dar tersura, quitar flacidez, eliminar arrugas o muchas otras cosas. Se trata de intentar borrar los residuos que el paso del tiempo va dejando inevitablemente en nuestra piel. Quizás en otros tiempos se veneraba a los ancianos y a sus arrugas: ahora ya no; la arruga ya no es bella. Ahora se lucha denodadamente contra todos los síntomas visibles del envejecimiento.

IMG_1954         Un caso particular son las cicatrices. De forma parecida a la moda de los tatuajes tan extendida en nuestro país, hay etnias en África, América y Oceanía en que las mujeres y los varones se adornan profusamente la cara u otras partes del cuerpo con incisiones y cicatrices, con escarificaciones, incluso a veces de diversos colores. A los europeos esto no nos gusta mucho, pero va llegando también esa práctica a nuestro país, en especial como seña de identidad de grupos contraculturales. Me encoge el ánimo cuando quienes dañan su piel son chicas jóvenes que se hacen cortes en los brazos con una cuchilla para image3demostrarse que están vivas. Lo llaman cutting y me parece siempre que es síntoma de una grave enfermedad del alma.

         Es difícil —casi imposible— eliminar las cicatrices del cuerpo. Para mí son signo de que hemos vivido, de que hemos tropezado, que nos hemos caído, que ha habido percances que han herido nuestro cuerpo y quizá también nuestra alma. De san Josemaría aprendí a mirar como condecoraciones las cicatrices que dejan las heridas recibidas en una batalla. Siempre me impresiona ver esos viejos medallas-militares-2732651generales con la pechera llena de medallas en sus uniformes de gala. Quien no lucha no recibe heridas, quien vive entre almohadones no recibirá jamás un rasguño en su piel, pero tampoco ganará una medalla por su heroísmo.

         En contraste con todas esas lesiones que tanto afectan al cuerpo, los abrazos, los besos y las caricias no dejan marcas en la piel, sino que se graban para siempre en nuestras almas. Y esto es así porque los seresabrazopoema humanos no tenemos el alma en la glándula pineal —como al parecer sostuvo Descartes—, sino que más bien llevamos el alma a flor de piel. Por eso Paul Valéry expresaba una gran verdad cuando escribía que la piel es lo más profundo que hay en los seres humanos.

Pamplona, 22 de abril 2017

P. S. Agradezco las correcciones del Dr. Pedro R. y María del Sol R., así como la ayuda de Jacin L. y Ainhoa M. con algunas ilustraciones.

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3 respuestas a A flor de piel

  1. Edna dijo:

    Texto muy belo y precioso!

  2. Mi colega y amigo Higinio Marín ha publicado un hermoso artículo en el diario Información de Alicante con el título “La piel” que puede leerse aquí: http://www.diarioinformacion.com/opinion/2017/05/07/piel/1891297.html

  3. Graciela Jatib dijo:

    Querido profesor:

    Es real y es actual todo lo que afirma sobre esta extraña particularidad de la piel, la de ser un órgano externo a través del cual pueden llegar al ser humano sensaciones tan profundas e internas como la caricia de una madre hacia un hijo. La piel es la puerta de entrada al espacio donde se entreteje el amor entre padres e hijos. La mano y la caricia del amigo se convierten en una barrera de fortaleza indestructible ante los avatares de la vida.

    Quizás la gran tragedia que rodea a la piel es el haberse convertido en estigma de luchas en aquellos lugares donde la condición humana es evaluada por el color de la piel y el hombre es discriminado por no representar al ideal de piel blanca y ojos claros como modelo de éxito y de superioridad. Por el color de su piel millones de seres humanos fueron reducidos a la condición de esclavos. Las luchas raciales a lo largo de la historia han logrado que nos olvidemos, quizá de todo esto lindo que narra el texto sobre la piel, y nos quedemos atorados en la reivindicación de los derechos de las personas que fueron excluidas por su color de piel.
    Hermoso texto, siempre invitándonos a pensar.

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