Joaquín Lorda (1955-2016)

_joaquinlorda_ef9a775b         El reciente fallecimiento de mi querido colega Joaquín Lorda Iñarra, apasionado profesor de Historia de la Arquitectura, trajo con fuerza a mi memoria algunos hitos de nuestro afectuoso trato a lo largo de más de 30 años. Quiero rememorar aquí al menos tres de esos recuerdos como emocionado homenaje hacía él.

 image2        El primero se remonta al curso 1991-92. A mis alumnos les pedía entonces hacer una recensión de un libro y uno de ellos —que desde niño conocía a Joaquín— eligió hacerla sobre su libro, entonces reciente, Gombrich: Una teoría del arte. Pasé la recensión a Joaquín y al cabo de pocos días escribió a lápiz, dejando el rastro de la goma de borrar que había empleado muchas veces al redactarla, esta carta que —con su permiso— publiqué en El taller de la filosofía:

            Querido N.:

            Jaime me ha pasado tu resumen. He corregido tu estilo en las páginas 1-4, y te he dado algunas indicaciones generales en los reversos de 10 y 11.

            Te voy a dar mi opinión con la mayor sinceridad, porque me parece que la labor del profesor es corregir (y estimular). Y además, somos viejos amigos de infancia (de la tuya). Es un resumen excesivamente literal: párrafos enteros. Y es meramente un resumen. No hay en tu trabajo ni una frase de valoración, ni sobre Gombrich, ni sobre mi libro. Ni siquiera una introducción tuya personal, que exponga image1tu intención, presente mi libro o la figura de Gombrich. Te limitas a seguir página a página; no te sientes capaz, a lo que parece, de dirigirte solo a las ideas centrales. Y por tanto tu resumen resulta, en general, difícil de leer, y a veces ininteligible. En ocasiones, sucederá que yo no he entendido lo que trataba de exponer: o que, entendiéndolo, no he sabido hacerlo. Pero en otras ocasiones parece que eres tú quien no comprende qué escribe, o no lo sabes hacer comprensible. Y nunca debes escribir nada que no entiendas tú. No hay milagros en esto.

            (…) Yo sí te diré que debes mejorar tu estilo. Cualquier persona que vive de sus ideas ha de cuidarlas: expresarlas con la mayor perfección, con propiedad y belleza. Uno de los secretos del estilo consiste en corregir. Debes tratar tus escritos con dureza; adelantarte al lector, tachar mucho; no perdonarte una mala frase; evitar la tentación de la idea redonda, pero marginal e inoportuna; intentar mantener el hilo conductor, y desembarazarlo de todos los aderezos inútiles. Procurar ser ameno, sin concesiones; y breve, sin ser esquemático: es mejor no escribir que hacerlo mal.

            Como cualquier estudiante de tu edad escribes con una importancia postiza, que no solamente te resulta pedante, sino que te obliga a unos circunloquios que no sabes resolver. Sé sencillo, pero no simple; algunas de tus frases son infantiles.

 image5           Es muy difícil escribir bien. Fácil, percibir lo que está mal. Por eso tú debes ser tu primer crítico: si lees tres veces tus escritos, mejorarán mucho.

            Me parece que conviene escribir con frecuencia; siempre brevemente. Un texto largo resulta difícil de componer y corregir; y trabajoso de leer. Debes pensar en el lector; en los lectores concretos a los que te diriges en este escrito. Probablemente no dispongan de mucho tiempo; y además desearían emplearlo en leer otras cosas más atractivas que tus o mis escritos. Es una impertinencia presentar textos largos; y un error, pues los lectores se desaniman. Yo no he sido capaz de terminar tu texto con detenimiento. Y tú te has aburrido soberanamente con el mío. Lo siento de veras. Aprende de mis defectos. Esta consideración me obliga a acabar con esta serie de consejos manidos y vagos, escritos en tono paternalista.

image6            A pesar de lo que creen comúnmente los alumnos, la labor más tediosa que toca a un profesor es corregir sus exámenes. Son raros los que están bien escritos.

            No solamente debes empeñarte en leer, en leer mucho y bien, buen castellano, porque forma parte de tu oficio. Debes pensar que también conviene cultivarte para mantener y elevar el nivel de las personas que tienes a tu alrededor, que vivirán de su inteligencia y de su palabra. Para que surjan en esa tradición —son ideas de Gombrich— personas capaces de ejercer una gran influencia, con buenas ideas, se necesita un clima de intereses intelectuales como el que rodeó a Gombrich en su infancia y juventud.

            (…) Un saludo afectuoso,

            Joaquín, 1 mayo 1992

51SBZDXSY4L._SX343_BO1,204,203,200_        En el año 1995 el famoso historiador del arte Ernst Gombrich había celebrado su 80 cumpleaños y con esa ocasión se desarrollaba la exposición Shadows que había organizado él mismo en la National Gallery. En el mes de mayo Joaquín me pidió que le acompañara a Londres como traductor. Fue una experiencia maravillosa: la visita detenida del Victoria and Albert Museum explicada por Joaquín fue un completo curso universitario sobre ornamentación en unas pocas horas. Pero, sin duda, lo mejor de la visita fue la cena en casa de Gombrich en Hampstead, con su esposa Ilse y una sobrina. Gombrich consideraba a Joaquín el mejor de sus discípulos. Traducir una conversación entre Gombrich y Lorda sobre las molduras de los basamentos de las columnas de un templo griego fue algo fascinante.

         Al terminar la sobremesa nos preguntaron nuestros planes para el día siguiente y, al LordaGombrichcomprobar que no teníamos ningún compromiso nocturno, nos pidieron que volviéramos a cenar con ellos. Les dijimos que lo haríamos encantados, con tal de que eso no les supusiera trabajo. De hecho, cenamos en la estrecha cocina de la casa nosotros dos con el matrimonio, Ernst en silla de ruedas e Ilse ayudada de las muletas. Lo pasamos maravillosamente bien.

         Como tercer recuerdo podría relatar las numerosísimas veces que pasé por su despacho con algún visitante y nos explicó lo que estaba haciendo en esos momentos o la ayuda que le pedí para ilustraciones en la cubierta de mis libros o en otros trabajos, a las que respondió siempre con una generosidad exuberante. Pero quiero referirme a mi último encuentro con él hace unos pocos meses. Fue en la Avenida de Galicia en Pamplona, cerca de su casa, justo delante de una tiEn su despachoenda de impresoras en 3D. Nos paramos a charlar un rato, como hacíamos casi siempre que nos encontrábamos. Joaquín estuvo hablándome con pasión sobre la importancia que podían tener estas impresoras en tres dimensiones para la efectiva formación de los arquitectos del siglo XXI y la necesidad de que la Escuela tuviera una dotación suficiente de impresoras de este tipo.

         Joaquín fue un sabio de primera magnitud, un magnífico profesor y a la vez tenía una humildad extrema. Estaba siempre ávido por ayudar a sus alumnos, colegas, amigos y a todos los que tuviera a su lado. Me parece que las tres anécdotas que acabo de referir ilustran bien la atractiva riqueza de su fructífera vida. Descanse en paz.

Londres, 20 de julio de 2016.

P. S. Agradezco la ayuda de Jacin Luna e Izaskun Martínez para las ilustraciones, y las correcciones de Julián Montaño.

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4 respuestas a Joaquín Lorda (1955-2016)

  1. Graciela Jatib dijo:

    Querido profesor:
    Me pareció emocionante esta forma de juntar todas las piezas en la memoria del corazón para retratar a un amigo que ya no está. Creo que los buenos amigos no dejan nunca de estar, uno tiene la sensación de que los encontrará por ahí, a la vuelta de alguna esquina, el día menos pensado. Y siempre vuelven a aparecer en las cosas comunes que reaparecen de alguna manera.
    Lo que me gustó mucho de la carta que dirige al alumno que había realizado la recensión de su libro, es la frescura con la que le dice todo lo que piensa, sin ningún tipo de vueltas ni de rodeos; con energía, firmeza y decisión y sin guardarse nada para mas adelante.
    Me gustó mucho esa hermosa manera de relatar la forma de ser y de entender la escritura de un amigo querido que se quedó en las páginas más lindas de sus recuerdos, profesor. Gracias por compartir esta bonita historia.

  2. Querida Graciela,
    Muchísimas gracias por tu comentario que me emociona a mí también. Es muy cierto lo que dices: me da un vuelco el corazón al encontrar a mi amigo al dar la vuelta a un papel o girar una esquina por la calle. Me alegra en particular la claridad de su carta: la cordial sinceridad es una característica proverbial de los navarros.
    Un abrazo,
    Jaime

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