Oración del soñador

{6ADED49A-2225-4EC6-A586-C43B7A0B7D19}_thescream-280x240     De tarde en tarde me pasa que me despierto de noche sobresaltado porque en el sueño se cierne sobre mí la amenaza de una muerte inminente. Casi siempre se trata de una fuerza violenta exterior —un estruendoso cataclismo, un terrible rayo cegador, una penetrante alarma que me exaspera—, pero otras veces, como esta noche, es más bien una causa interior: el corazón que se desboca hacia su final.

abrazo      No siento miedo a la muerte cuando estoy despierto. Conozco bien cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando. Para mis ojos de creyente la muerte será el abrazo con mi Amigo, Jesús, con quien tanto he querido. Y en ese anhelado abrazo el tiempo viejo y todos sus sufrimientos y fatigas habrán ya terminado (Cf. Apoc 21, 4).

images   Pero, ¿por qué en mis sueños es tan distinto? ¿Será que dormido me falta fe? Muchas noches mi inconsciente parece tener vida propia todavía al margen de Dios. Por eso rezo ahora: “Señor, que sueñe siempre en Ti” y con el poeta: “Virgen María, madre, / dormir quiero en tus brazos / hasta que en Dios despierte”.

Pamplona, 10 de diciembre 2014

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4 respuestas a Oración del soñador

  1. Pingback: Oración del soñador | Artículos del Club Sénior

  2. Al leer esta reflexión me quedé pensando en mis noches y en mis sueños. Admito que es incómodo para el ser humano enfrentarse con lo que no puede manejar, como estas fuerzas inconscientes que parecieran emerger de un ser distinto al que uno es o parecen negar, con su sola presencia, convicciones sólidas y arraigadas.

    Pero a mí me ocurre algo un poco distinto, y es que me produce mayor estado de perplejidad el no poder manejar mi vida consciente. A veces me pesa esta batalla permanente del espíritu por obtener el amparo de la gracia, permanecer en ella, alejarse y volver a añorar lo perdido; y si bien “el espíritu a la verdad está dispuesto”, las contingencias y avatares del mundo nos colocan en sitios indeseables.

    Admiro a los que pueden sentirse a salvo de estos naufragios. Probablemente alguna vez transitaré por playas más serenas y arribaré a puertos más firmes. Quizás esos puertos más firmes puedan pintarse con las hermosas palabras de este conocido poema:

    Muéveme en fin, tu amor, y en tal manera
    que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
    y aunque no hubiera infierno, te temiera.

    Gracias por invitarnos a pensar.

  3. Muy estimada Graciela,

    ¡Qué comentario más hermoso que me deja a mí pensando! Afectuosamente.

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