Haz lo que amas o ama lo que haces

Unknown       Hace unos días leí el artículo de Miya Tokumitsu “In the Name of Love” en el que se mostraba indignada contra aquellos que repiten el lema “Do what you love“, “Haz lo que amas”, como clave del éxito profesional. Si la entendí bien, le parecía una afirmación elitista porque solo pueden hacerla realidad en su vida unos pocos privilegiados egocéntricos, mientras que la mayor parte de la humanidad está reducida a la esclavitud en unos trabajos odiosos. Me pareció que esta autora estaba confundida, quizá porque miraba desenfocadamente la realidad del trabajo humano.

DSCN7067  Cada mañana cuando llego a la Universidad me cruzo con media docena de las que antes se llamaban “señoras de la limpieza” —eran mayores que yo, ahora son mucho más jóvenes y van siempre bien arregladas— que terminan su jornada de trabajo. Me gusta ver cómo algunas de ellas al salir encienden un cigarrillo al fresco de la mañana, con expresión —me parece a mí— de satisfacción en el rostro por el trabajo realizado. Casi siempre pienso que su trabajo ha sido probablemente mucho más nosescriben11útil que el que voy a intentar hacer ese día: la limpieza de mi Universidad es proverbial, no así la calidad de las clases que imparto o de los textos que intento escribir. De san Josemaría aprendí hace muchos años que todos los trabajos tienen la misma dignidad y que en todo caso el más importante es aquel que se hace con más amor. Como en el amor hay cantidad, me pregunto a diario quién pone más amor en su trabajo si ellas o yo.

      La invitación a escribir sobre “la vocación como el descubrimiento de la propia identidad” es una buena ocasión para dar una nueva vuelta a estas ideas. Apenas uso Twitter, pero cuando abrí una cuenta me gustó que el sistema me obligara a identificarme. Subí una foto, mi nombre y apellido y escribí de mí: “Soy profesor de filosofía y me gusta pensar e invitar a los demás a pensar y a escribir“. Viene a ser como una selfie por escrito: eso es lo que soy y lo que me gusta ser. Es mi vocación. No aspiro a ser famoso, un intellectual o sus diversos sucedáneos académicos. Me encanta ser un modesto profesor universitario que aspira a persuadir a sus alumnos de la importancia del pensamiento, de la lectura, de la escritura, de la afectuosa comunicación con los demás. Estoy convencido de que solo así es posible para mí intentar cambiar el mundo para hacerlo un poco mejor, más humano.

Unknown-3      Aunque en la vida académica haya dificultades, cansancios o incluso a veces no falten amargos sinsabores, puedo decir que “hago lo que amo”, lo que me gusta, pero sobre todo amo lo que hago, incluido aquellos aspectos menos amables de mi tarea (corregir exámenes, calificar, atender reclamaciones, rellenar formularios administrativos, etc.). No es que simplemente haga mi capricho, sino que soy

Graciela J. con sus alumnos en Tucumán

Graciela J. con sus alumnos en Tucumán

un apasionado de mi trabajo docente e investigador y disfruto habitualmente en él pues vivo con la ilusión de que quienes me escuchan o leen lleguen muchísimo más lejos que yo. Me llega una anotación de un alumno de la profesora Graciela Jatib, desde Tucumán, en el norte de Argentina, que es algo así como el fin del mundo: “Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino amar lo que uno hace”.

      Efectivamente, amar lo que uno hace llena de gozo las horas de trabajo. Las dota de unUnknown-1 encanto maravilloso porque, al llevar el alma abierta a la novedad inesperada, el cansancio —que inevitablemente aparece siempre— se recibe casi como un premio. Como escribió Antonio Gaudí, “mal asunto cuando una ocupación se arrastra como trabajo forzado; compadezco a aquel que lo cumple por obligación… Una de las cosas más bellas de la vida es el trabajo a gusto”.

Unknown-2      Así como el artista se complace al final de la jornada en la obra de arte que ha hecho con su esfuerzo, la persona que ama su trabajo puede llegar a contemplar su vida como una obra de arte. Eso es para mí la vocación y es lo que veo también en los ojos de las mujeres que encienden con satisfacción el cigarrillo al salir de la Universidad a primera hora de la mañana, después de cuatro o cinco horas de intenso trabajo limpiando con amor aulas, laboratorios, pasillos y despachos.

Pamplona, 2 de abril 2014

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10 respuestas a Haz lo que amas o ama lo que haces

  1. marian dijo:

    Muchas gracias por darnos una oportunidad para pensar sobre lo que a veces a mí me parece un asunto complicado. Complicado simplemente por el hecho de que mezclado con el trabajo existe, más o menos calladamente, algo llamado ambición. Ambición de superación, ambición por llegar a ser y a hacer otra cosa en el futuro, ambición por descubrir nuevos horizontes. Puede que se dé el caso de que exista una tensión entre el hacer de ahora mismo y el hacer del futuro, el real y el imaginado. Esa tensión puede ser vivida como desasosiego, que impide realmente amar en el presente, o como ilusión, que hace que cada momento del ahora tenga sentido y sea importante no sólo en sí mismo sino por su valor de sostener nuestras futuras acciones. Esto último se vive como congruencia, mientras que el desasosiego se vive como incongruencia, de ahí que sea incómodo, y nos haga sentir nuestro vivir como fragmentario y desprovisto de inteligibilidad y claridad suficientes. Lo último exacerba cualquier sentimiento de desorientación, mientras que desde una “narrativa” del ser congruente, la posible desorientación puede aplacarse al incorporarla en nuestro vivir como un peldaño necesario más en nuestra escalera en construcción. Ese concepto de escalera, camino o trayectoria, como ejemplos comunes de metáforas asociadas con el vivir, de diseño complicado o simple, transforma la mera acción en un fragmento dentro de una historia o historias.

    Con esa perspectiva de estar escribiendo constantemente nuestro vivir, y sabiendo que a veces parte de nuestro vivir se puede entender incluso como un borrador que mejorará con el siguiente intento de reescritura, nada es desperdicio, ni superfluo. Sin embargo habría que señalar al menos dos condiciones para que nuestro vivir narrativo se pueda vivir desde el amor: que se practique un vivir reflexivo y que uno se empeñe en aprender a saber cuándo, qué y cómo rectificar, o reescribir.

    La primera vez que visité el Museo Británico me llamó mucho la atención ver que conservaban y exhibían manuscritos de algunos escritores famosos. Creo recordar que había un cuaderno, quizá de Jane Austen o de una de las hermanas Brontë, y otros papeles, con tachaduras y correcciones. Todo a la vista, el andamiaje del texto en proceso de convertirse en el texto final tan importante como el texto acabado. Este entender la vida como narración con reescritura incorporada, ayudada por un afán reflexivo y preparado para la rectificación, no sólo nos hace más fácil amar lo que somos ahora y lo que hacemos, además de dotarlo de sentido, sino también perdonarnos y perdonar a los demás.

    Creo que haría mucho bien insertar esta metáfora generativa, de la vida como narración que uno escribe, en el corazón de toda actividad que se defina como educativa, desde pequeños. No sólo da pie para hablar de la responsabilidad que uno tiene respecto a su narración, del respeto que hay que tener hacia la de los otros, y de discutir qué se está escribiendo y si es bueno o malo en conexión a qué, sino que también permite elaborar toda una cadena de otras implicaciones, incluida la del amor hacia lo que uno hace, la del hacer lo que uno ama, y la de ver cómo se logra eso. Si a esto le añadimos la necesidad de inculcar y modelar procesos reflexivos y correctivos asociados con la escritura, tenemos una buena maleta en la que meter otras cosas importantes que necesariamente encontraremos por el camino y que tendrán acomodo en ella.

    • Me parece un comentario maravilloso, sagaz y penetrante, de alguien que ha pensado muchas veces en cómo articular unitariamente su vida y que en buena medida lo ha conseguido. Enhorabuena!

  2. Gracias, Jaime, por ser eso mismo: un profesor que hace pensar y una persona que sabe encontrar belleza y valor en las cosas sencillas. Gracias a Marian por tu reflexión y la idea de un “vivir narrativo” que se reescribe constantemente… me ha encantado la metáfora, muchas gracias.

    Os invito a leer también un artículo relacionado enfocado desde otra perspectiva que escribí hace unas semanas: Aprende a querer lo que tienes y tendrás lo que quieres.

    Feliz entrada de la primavera, querido profesor que hoy, una vez más, nos has hecho pensar y dialogar ¡Qué fantástico, no!? Un abrazo

  3. Pingback: Workaholic | Ladu de la cueva

  4. Mi sabio profesor José Antonio Palacios me escribe este comentario:

    Poder cumplir con el deber de trabajar, cumpliéndolo en lo que uno ama, creo que es una suerte, una gran suerte. Amar lo que se hace, cuando se trata de trabajos ‘odiosos’, como los califica Miya Tokumitau, que tienen o pueden tener esclavizada a media humanidad, debe de ser cosa bien distinta y difícil, que clamaría a la conciencia y exigiría luchar por el establecimiento de condiciones laborales proporcionadas a la dignidad de la persona.

    Pero salvo casos extremos que conocemos y podemos imaginar, me parece que el amor del que hablamos tiene más que ver con el sentido de lo que se hace que con la descripción de las operaciones de ese hacer. Esto estaría en el fondo de ese diálogo tan repetido que, se dice, sostuvieron una periodista norteamericana y Teresa de Calcuta:

    -Yo, Madre, no haría este trabajo suyo ni por un millón de dólares.

    -Yo tampoco –le respondió, dicen, la Madre Teresa.

    Podemos sospechar que el trabajo de Madre Teresa no sería en sí mismo muy agradable; y, no obstante, también podemos sospechar, y asegurar, que ella amaba lo que hacía. Aunque se trate de una personalidad heroica, alejada del común de los mortales, sí creo que puede generalizarse que un trabajo poco grato puede llevarse con salero, incluso con amor, cuando se realiza con un por qué. Por qué en el que cabe -apunta Marian- la ambición, el llegar a ser, con sus inseparables dudas, tensión y desasosiego.

    “Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones [trabajos duros, dudas en el camino, tensiones, desasosiegos, añado irrespetuosamente yo], sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena”, dice Viktor E. Frankl.

  5. Pingback: Haz lo que amas o ama lo que haces | Artículos del Club Sénior

  6. Gran artículo, don Jaime. Soy alumna recién licenciada de la Universidad que tambien se ha animado a abrir un blog, y no por casualidad he decidido comenzarlo con un libro que usted regaló a una gran amiga mía, Nora.

    Le dejo aquí el link por si quiere visitarlo, http://sedientamente.wordpress.com/
    Muchas gracias por regalar su conocimiento.

    Amaia Iturri

  7. El otro día mire una frase que estaba en un calendario de mi casa, del que no me había percatado aun teniéndolo todos los días. Decía así: “Haz lo que amas, ama lo que haces”.
    En un momento imaginé que quizás era una señal, ya que me encuentro en unos días que no tengo bien definidas las direcciones de mi vida. Pero luego dije: “No es tan fácil hacer lo que uno ama, lamentablemente hay limitantes, y no es tan fácil hacer lo que uno ama, se necesita de esfuerzo y perspicacia. Pero… al leer “…ama lo que haces” me di cuenta de que todo cobra sentido.

    Si valoramos la vida que tenemos día con día y amamos lo que hacemos en este instante, nos dará la fuerza para conseguir ese “Haz lo que amas”. Buen articulo.

  8. Pingback: Haz lo que amas o ama lo que haces — Filosofía para el siglo XXI – Olga Álvarez Rubio

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