Postureo vs. Autenticidad

th_b4ad7bd0e72f1f1901536d6d4f1312d8_postureo1-1De Sofía B. y Carmen C. he aprendido hace poco la palabra “postureo“, procedente al parecer, de “posar” (del inglés, poser) que viene a ser adoptar una pose para impresionar a quienes te ven, te leen o te escuchan.

 hippies-300x237  Se trata de una actitud del todo opuesta a la de mi generación que buscaba —quizá también era una pose— por encima de todo la autenticidad, aunque fuera a veces mugrienta y pestosa. La nueva tendencia —que atrae al parecer a mucha gente joven— consiste precisamente en aparentar lo que no se es. El postureo es siempre una conducta postiza, artificial, mediante la que se pretende impactar a los demás, suscitando su admiración o quizá más frecuentemente su envidia. Me dice una experta que el postureo consiste, sobre todo, en intentar mostrar que eres especial, distinto de los demás, aunque en realidad hagas lo que has visto hacer a un famoso o famosa. Y un estudiante me añade que es propio de gente mediocre que vive al son de la publicidad.

Me parece a mí algo de ambientes cerrados, 300px-Balliol_College_Feb_2005semejante quizás al esnobismo británico de los colleges decimonónicos. Estas cosas siempre me han resultado cuando menos grotescas. Por asociación de imágenes, viene a mi memoria el estudiante con el que compartía habitación en mi primer verano en Galway, Irlanda. Aunque teníamos solo doce años, mi compañero estaba siempre hablando de la nobleza, los árboles genealógicos y el abolengo de las familias reales. Nunca había conocido a nadie que se interesara tanto por cuestiones que me parecían del todo estrambóticas. De hecho, acabó dedicado profesionalmente a la heráldica y al arte.

 ¿Qué es la autenticidad? La verdad sobre nosotros mismos. Entre el postureo artificioso truth-300x239y la brutal espontaneidad hay —me parece— un amplio espacio en el que los seres humanos podemos estar a gusto y comunicarnos amablemente. Lograr esa autenticidad requiere una permanente  búsqueda para descubrir quiénes somos y qué queremos. La autenticidad es siempre fruto del empeño por corregir inteligentemente la propia espontaneidad. A base de rectificar conseguimos llegar a ser nosotros mismos: en esto consiste la educación. El postureo, en cambio, es radicalmente inauténtico porque lleva a que la propia identidad dependa de la mirada y el reconocimiento de los demás, del impacto o efecto que supuestamente causemos en ellos.

Me apena que entre jóvenes universitarios sea relativamente común ese comportamiento, que estén más preocupados por las apariencias que por lo que son. Confío en que al menos no se contagie a los profesores, sino más bien que estos logren enseñar con su vida a sus alumnos que lo que realmente importa en esta vida es el ser y no el aparentar.

FilosofiaJovenMe escribía una colega que el postureo no es solo un asunto de los adolescentes que suben miles de fotos a las redes sociales “posando”, sino que también las instituciones —incluso las mismas universidades— se ven abocadas a tener que hacer vídeos de todo, en los que la gente salga sonriendo y diciendo lo feliz que es. “La postura como tal —concluía Raquel C.— no es irreal, pero tomar la parte por el todo, es lo que la hace inauténtica.” Comprendo sin duda las exigencias de la actual sociedad de la comunicación, pero viene a mi cabeza, como en contraste, aquel dicho atribuido a Ralph W. Emerson:Unknown-1 “Si un hombre es capaz de escribir un libro mejor, predicar un sermón mejor o fabricar una ratonera mejor que su vecino, por mucho que habite en medio de los bosques, el mundo acabará abriendo un camino trillado hasta su puerta.”

Esas palabras no se encuentran en las obras publicadas de Emerson, sino que al parecer las anotó una de las asistentes a una de sus conferencias de San Francisco en 1871. A veces pienso que si pudiera escoger entre entonces y ahora, me quedaría con aquella época en la que lo que importaba era ser mejor y no posar. Pero después recapacito y me digo que si me empeño por mi parte en no posar y en intentar ser auténtico, y en decírselo a mis alumnos y lectores quizás entre todos podamos devolver a nuestra época el fascinante atractivo de vivir en la verdad.

Pamplona, 28 de noviembre del 2013

 

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13 respuestas a Postureo vs. Autenticidad

  1. Julia Fdz. Tellechea dijo:

    “La autenticidad es siempre fruto del empeño por corregir inteligentemente la propia espontaneidad”, qué definición tan inteligente, aguda y honesta. Felicidades. Y gracias, la guardo.

  2. Me escribe la filósofa Graciela J. desde Tucumán lo siguiente:

    En nuestra tierra llamamos “caretear” a lo que en España. denominan “postureo”; el que caretea es aquel al que le gusta exhibir una imagen y lograr que los demás se sientan impresionados por ella. Obviamente no hablamos de cualquier imagen: belleza, dinero, moda, éxito; una imagen que, a menudo, es solo la apariencia que oculta una interioridad vacía, una frivolidad que se desvanece y viene a ser “nada”. Son personas que no tienen nada para dar, nada para ofrecer, solo quieren ser admiradas por los otros. También en el plano del conocimiento hay quienes se interesan por saber más solo para competir, para demostrar a otros cuánto saben y lucirse en las charlas “careteando”; si se encuentran con un amigo, por ejemplo, en vez de preguntarle “¿cómo estás?” le preguntan “¿leíste tal libro?”. Y la respuesta viene de la mano de un despliegue escenográfico-conceptual.

    En el centro de San Miguel de Tucumán hay unas cuantas calles por donde los días pico de la semana, como sábados por la noche, muchos jovencitos y algunos no tan jovencitos, van y vienen siguiendo la misma ruta en aras de “mostrarse”. El sentido común le ha puesto el nombre de “tontódromo” a esta “hoja de ruta”; no hace falta que despliegue la etimología del término. Lo cierto es que el tontódromo cambia de sitio y de actores, de tanto en tanto, pero su estructura es idéntica: acuden a mostrar lo único que pueden mostrar, esto es, una imagen externa que les asegura el reconocimiento colectivo: moda, gimnasio, marcas caras de ropa y de calzado, piel bronceada todo el año, fanfarronería, narcisismo a full.

    Como defensora incondicional de los jóvenes en quienes me jacto de tener puesta mi esperanza, no creo que esta sea una responsabilidad que les corresponda. Más bien creo que esta actitud es el emergente de una cultura fabricada por los dueños del poder y la gloria para persuadir a la población más vulnerable: aquellos jovencitos que se encuentran en misión de construir su identidad. Desde distintos ámbitos de la vida (y no me refiero sólo al trillado tema de la publicidad, la propaganda y lo mediático en general) hay un modelo que se impone, un arquetipo que se promueve; se hace de la vida un boomerang, una cuestión multiestelar. Este show engañoso de la globalización no es asunto de los jóvenes; más bien ellos son víctimas de un contrato universal, urdido entre gallos y medianoche, que ha hecho de la vida misma un acontecimiento colectivo y solo eso. ¿Quién hizo creer a estos jovencitos que se exponen con tatuajes, piercing, posturas de vanguardias, estereotipos impostados, que la vida es una galería a cielo abierto que necesita de pasarelas?, o ¿que la vida es una presentación en powerpoint, que a mayor colorido y formato, tiene más significado y sentido?

    Recuerdo con una mezcla de risa y de bronca mis tardes de espera en la antesala del dentista, donde me tocó leer esas revistas que jamás me compraría. Símil a la “First” en Europa tenemos la “Caras” (precisamente: careteo) en Argentina. Ahí se exhibe la vida espléndida de la mejor aristocracia del mundo: los lugares inigualables, viajes impensables, vidas inimaginables, joyas incomprables, millones inconmensurables. En definitiva, un recorrido por el “museo de la felicidad”, un atentado para el hombre de carne y huesos que desde el sillón de espera del dentista siente que es un infeliz (en el sentido primigenio de no poder alcanzar la felicidad) porque jamás podrá aproximarse a esos sueños inabarcables! Y no solo se nos muestra la vida de los aristócratas, sino la de políticos, empresarios, actores. Sabemos que la vida de estos hijos mimados del planeta tierra es una vida inauténtica que los convierte en irredentos, eternos demandantes de una felicidad que nunca alcanzan. Pero estas son las vidas que se exponen como modelos a alcanzar.

    Ojalá podamos los educadores mostrar nuestro más íntimo ser ante los educandos, desnudar nuestra interioridad y que de aquí resulte una imagen a imitar. Conquistar al otro desde la verdad de lo que somos, sin ningún plus inauténtico que sirva para suplir carencias. Creo que esta es la acción ineludible para poder “devolver a nuestra época el fascinante atractivo de vivir en la verdad”.

    • Me encanta el comentario de Graciela y me trae a la cabeza lo que escribí en “Invitación a pensar” a propósito del “consumo vicario” que copio aquí:

      Mi colega Ruth Breeze ha estudiado concienzudamente los reportajes sobre los famosos que se publican en la prensa amarilla británica (Sun, Daily Mirror, etc.) y ha advertido -siguiendo a Baudrillard en La sociedad de consumo- que las estrellas se han transformado en verdaderos ídolos del consumo. Los famosos -sean Victoria Beckham, Paris Hilton o tantos otros- son idolatrados porque llegan a consumir aquello que los ciudadanos de a pie nunca llegaremos a poder adquirir. Las estrellas ocupan la cima de una formidable escalera de consumo: están en la cumbre del glamour por sus compras lujosas, por sus exóticos lugares de vacaciones, por sus carísimas extravagancias. La imagen que transmiten constantemente los medios es que son felices y dichosas precisamente porque consumen caprichosamente lo que les apetece en cada momento.

  3. Pilar Gil Espinosa dijo:

    Cuando se huye del ser interior por miedo a la infelicidad, se aterriza en diferentes “postureos” como el que se inserta en la superficialidad, y el consumismo radical; y hay quien prefiere una felicidad aparente, a una auténtica felicidad, que entronca con el conocimiento de uno mismo-a. Este camino, aun siendo más dificil, merece más la pena, pues “la Verdad nos hará libres”.

  4. Rosa Maria dijo:

    ¿Qué es la autenticidad? La verdad sobre nosotros mismos.

  5. Natalia Pérez dijo:

    Profesor Nubiola,
    Me encantaron sus entradas de la amistad y de ¡los jóvenes 60 años!
    Respecto a la autenticidad, espero que ese corregir con inteligencia la propia espontaneidad no sea obligatorio en todos los momentos porque entonces ¡adiós a la naturalidad! Y creo que las personas más atractivas que he conocido eran ellas mismas, sin tapujos, sinceras, sin doble cara. Cierto que la educación y la prudencia juegan aquí un papel importante pero qué bonitas esas gentes que no fingen al mostrar lo que son mientras asoma lo que las hace únicas. Son personas que a todos nos gustan mucho más que los famosos y celebrities.
    Un abrazo grande.

    • Muchísimas gracias, Natalia, por tu comentario. Tienes mucha razón en lo que dices: lo que quiero destacar es que nuestro mejor yo, nuestra más auténtica personalidad es consecuencia de nuestro trabajo sobre nosotros mismos. Ayuda mucho a eso la convivencia con los demás, también la capacidad de adentrarse en uno mismo mediante el examen personal. Afectuosamente,

      Jaime

  6. Pingback: Postureo vs. Autenticidad | Artículos del Club Sénior

  7. Me escribe mi “viejo (¡y sabio!) profesor” José Antonio P.:

    Quiero pensar acerca del Postureo vs. Autencidad, y siento que me pierdo, que me disperso, porque no sé hasta dónde podemos llevar los límites del humano postureo; y en consecuencia se me aparecen numerosas categorías de postureo: tontorrón, ridículo, enfermizo, perdonable, perverso, delictivo, caritativo… Me pierdo. Me rindo.

    Pero, en general, me parece que  el Postureo versus Autencidad podría también establecerse como Postureo versus Humildad. Dando por admitido que, como creo que decía santa Teresa, «humildad es andar en verdad»: el postureo  en sus diversas categorías sería andar en mentira; en tanto que la autenticidad —como la humildad—, sería andar en verdad.

    Y, si nos ponemos trascendentes, podríamos considerar que, tal vez, la extensión del postureo,  en sus diversas categorías, parcelas y escalas es directamente proporcional al generalizado desinterés por descubrir la verdad de las cosas; actividad esta que, a menudo, parece haberse convertido en una antigualla de la que hoy ya no vale la pena ocuparse.

    Como, dicho lo anterior, pudiera apreciarse contradicción entre andar en mentira y postureo caritativo, tal vez la contradicción se deshaga con el recuerdo de aquella historia  conocida —¡estamos en Navidad!—: el  postureo caritativo sería el del varón venerable que, abrasado de sed, fingió —postureó— no sufrirla, para que el joven acompañante, abrasado también, pudiera apagarla con el escaso resto de la cantimplora.

    Leo los magníficos comentarios anteriores, y supongo que se me perdonará re-comentarlos: Estupendo el tontódromo de Tucumán [universal], de Graciela J. Muy  cierto el atractivo de la naturalidad, que defiende Natalia Pérez. Pero tal vez estemos de acuerdo en que espontaneidad y naturalidad pueden no ser siempre equivalentes a autenticidad; como lo de mi amigo, al alumno espontáneo: “antes de decir lo que piensas, es bueno pensar lo que dices”.  Me alegra coincidir con Pilar Gil y Rosa María, en relacionar autenticidad y verdad.

  8. Excelente artículo. Ser nuestra mejor diferencia, he ahí lo difícil.
    Saludos.

  9. A mí me parece que el artículo cae en el error de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es verdad que hay cosas en las que vamos a peor, pero no creo que el postureo sea en ningún caso algo nuevo. Lo que pasa es que ahora con las redes sociales se potencia y es muchísimo más perceptible.

  10. Pingback: Generación postureo – DOCU-XOR

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