El tiempo en las manos

Unknown         Hoy me he sacado la Tarjeta Dorada por la que la Renfe concede grandes bonificaciones en los billetes (hasta un 40 %) a quienes han cumplido los sesenta años. Nunca lo hubiera imaginado: ya soy un sexagenario. Me dicen que parezco más joven, que me conservo muy bien, que soy joven de espíritu, pero la Tarjeta Dorada no miente.

         Hasta hace poco lo que más llamaba mi atención era lo cortas que se me habían hecho las últimas décadas. El tiempo, que en la infancia se detenía en unos veranos inacabables, se deslizaba en la madurez como un caballo Unknown-1desbocado, día a día, semana a semana, año tras año. En cambio, ahora lo que más me impacta es la convicción de que mi tiempo acelera el paso hacia su final. No quiero dramatizar, pero cuando miro hacia atrás veo cómo la espiral del tiempo se ha ido estrechando; si miro hacia adelante, me siento con las manos todavía vacías y me digo que no hay tiempo que perder. 

caravaggio-san-matteo-e-langelo         A ratos me consuela recordar el dicho de San Juan de la Cruz: “A la tarde te examinarán en el amor”. Y ahora que soy sexagenario pongo más empeño quizás en intentar ser amable, en expresar con obras mi afecto, en acariciar a quienes quiero, a los niños, a los pobres, a los ancianos y, sobre todo, me esfuerzo en aferrar tenazmente la pluma para seguir escribiendo por amor a quienes algún día lleguen quizás a leerme.

         Parafraseando a Edith Stein me gusta decir también que lo que no está en nuestras manos, está en las manos de Dios. Ayer leía precisamente al Papa Francisco: “Dios cura nuestras heridas con sus manos y para tener manos se hizo hombre”.

         Cuántas veces pienso que el tiempo se me escapa old_hand_baby_hand225como el agua entre los dedos. Si miro mis manos, puedo ver los surcos, las cicatrices, las marcas que en ellas el tiempo ha ido dejando. Si las comparo con las de un bebé, puedo comprobar cómo el paso del tiempo ha convertido la delicada suavidad de las manitas de un recién nacido en la áspera rugosidad de las de un sexagenario.

 Pamplona, 25 de octubre 2013

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7 respuestas a El tiempo en las manos

  1. Me escribe mi profesor de la infancia José Antonio Palacios y copio con su permiso su sabio comentario:

    Entiendo la “sorpresa” del que una mañana se despierta sexagenario. Será como el día en que amanecí, ¡oh, estupefacción!, ¡jubilado!; hasta poco creía que jubilado era sinónimo de extraterrestre o de platillo volante.

    El efecto del paso del tiempo, como el de un movimiento uniformemente acelerado. ¿Será como consecuencia de la memoria vívida del pasado-lejano, en contraste con la memoria incierta del pasado-próximo?

    El sexagenario “tiene la convicción de que mi tiempo se acelera hacia su final”. Tal vez sea porque hasta cierta edad solemos ocuparnos en las peripecias de la vida como: estudios, exámenes, aficiones, proyectos, vocación, trabajo, carrera profesional, amor, boda, hijos, casa, economía, preocupaciones familiares y profesionales, adaptaciones a nuevas circunstancias de trabajo o domicilio, y los mil etcéteras de la vida. Parece que no hubo ocasión para pararse a pensar; estuvimos demasiado distraídos. Hasta que superadas las peripecias, alguna circunstancia excepcional -¡sesenta!, jubilación, enfermedad, etc.- nos despierta ante una perspectiva nueva que nos obliga a repensarlo todo.

    Me siento con las manos vacías…. Lo niego, querido profesor: en el caso particular del Dr. Nubiola, niego rotundamente su derecho a sentirse con las manos vacías, por irreal. Y en general, quien haya procurado ser responsable a lo largo de sus primeros sesenta, creo que siempre llevará algo en sus manos; aunque está claro que cada uno con los talentos que Dios le dio, y la diligencia con que los administró.

    … y me digo que no hay tiempo que perder. Superadas aquellas peripecias, puede que suceda como cuando coronamos las últimas cotas de la sierra: nos encontramos con el inmenso paisaje de otros valles, otras cimas, otras vidas que no podremos abarcar en lo que nos queda de existencia; seguramente de ahí la prisa, y la necesidad de elegir y centrarnos sólo en cuestiones fundamentales, porque no hay tiempo que perder. Supongo que en esa elección de solos los asuntos fundamentales puede que resida la sabiduría de los mayores, siempre tenida en cuenta en todas las culturas. Y también la experiencia propia de quien ha superado las peripecias, nuevas para los jóvenes: un amigo ocurrente suele decir: Mira hijo, no es que lo sepa por experiencia, es que me ha pasado…

    ¿No hay tiempo? Si de los sesenta se descuentan los años que a veces llaman de preparación para la vida, el sexagenario se encuentra más o menos a la mitad de la existencia mejor productiva… Aunque no sé citar tantos casos como hay, sí me parece que personalidades sexagenarias, incluso menos valiosas, tuvieron el tiempo suficiente como para dejar su impronta en tantos ámbitos de la sociedad: Schumann, Adenauer y De Gasperi, fundaron la Unión Europea; Reagan, Thatcher y Juan Pablo II derribaron el muro que parecía eterno; Fleming acabó con las infecciones (recuerdo, de chico, su noble imagen en la plaza de toros Monumental de Barcelona, allá por los años cincuenta); la Madre Teresa vivió con más de sesenta el culmen de su santidad; y el papa Francisco, cumplida ya su edad de retiro, ahí lo tenemos invitándonos a liarla en la calle. Y tantos científicos, artistas, santos, aunque no salgan en los periódicos. Y tantos héroes y heroínas de tantas familias —que podríamos citar con nombres y apellidos— que están dejando huella imborrable en generaciones de hijos y nietos…

    Tanto, que no sé si no podríamos declarar solemnemente que el sexagenario es el ciudadano que comienza la etapa más importante de la vida. ¿Será para facilitarle su noble y necesaria movilidad, para lo que se le otorga el derecho a la Tarjeta Dorada?

  2. Josep Cartañà Pons dijo:

    Como quizás sepas, yo cumplí el pasado 25 la enorme e incomparable -es un decir- cifra de 73. Lo que me ha gustado ha sido lo del “movimiento uniformemente acelerado” y la sensación es que solo he hecho la mitad.

  3. ¡Felicidades, Jaime! (No sé cuándo alcanzo esa admirable cifra). La vida y las personas somos increíbles. La capacidad de asombro, de reflexión, de mejora que aparecen de lleno en cada cifra redonda y nos ponen alerta. No se preocupe, sino ocúpese de vivir plenamente como lo está haciendo hasta ahora. Saludos.

  4. Pingback: El tiempo en las manos | Artículos del Club Sénior

  5. Jaime N. dijo:

    Copio lo que me escribe la querida filósofa Graciela J. desde Tucumán:

    Me gustó mucho la forma de encarar el tema del paso del tiempo y la vivencia del mismo, usando las manos, íconos del hacer, del producir y emblema de lo que se debe construir, como un muestrario de autoevidencias. Sería importante preguntarse si esas manos, que desde nuestra perspectiva relacional descubrimos rugosas y ásperas, han sido capaces de arar el surco de mentes que pudieron ser sembradas, regar la esterilidad de tierras empantanadas por la ignorancia, abrir caminos en páramos que parecían yermos e intransitables por la tozudez y el fanatismo. Si esas manos fueron la bisagra para abrir ventanas de optimismos, horizontes de afortunada búsqueda, aguijón oportuno para los espíritus adormecidos por la abulia y el conformismo; entonces, y solo entonces, ¡bendito sea lo áspero, bienvenido lo rugoso! Quizá todos los niños del mundo necesiten que la delicadeza y la suavidad de sus manos sean conducidas hacia destinos de grandezas, por manos rugosas y ásperas.

    Lo cierto es que el tiempo de todos se acelera hacia el final. Albert Camus en “El mito de Sísifo escribe: “Vivimos del mañana y no nos damos cuenta de que, en definitiva, se trata de morir”. La carrera hacia la muerte va desde que unas manos nos traen al mundo y hasta que otras manos nos cierran los párpados. Cuando somos muy jovencitos este paso del tiempo es inadvertido porque la inconsciencia nos da sensación de inmortalidad.

    “Si miro hacia atrás veo cómo la espiral del tiempo se va estrechando. Si miro hacia adelante me siento con las manos vacías y siento que no hay tiempo que perder. (…) me esfuerzo por aferrarme tenazmente a la pluma por amor a quienes algún día lleguen a leerme”. Esta es, para mí, la expresión más rica del post porque sitúa a la vida más allá de toda muerte. Si hay algo capaz de burlar el tiempo y la muerte es la permanencia que resulta del amor por lo que hacemos. “Todo verdor perecerá”, leemos en el Eclesiastés; pero también: “Todo tiene un tiempo bajo el sol; hay tiempo de reír, tiempo de llorar, tiempo de guerra, tiempo de paz, hay tiempo de plantar y de cosechar…”. Creo que este es el momento en que la vida está produciendo los mejores frutos, la vida se está expresando en toda su belleza y esplendor, “cuando aferramos la pluma por amor “… no sólo a quienes algún día lleguen a leer sino a todos los que bajo el cielo amplio del aquí y el ahora se nutren de la riqueza de estos textos. Benditas las manos de los que pueden renovar afanes y revitalizar ideales, transmitiendo todo el saber y la experiencia que han podido capitalizar en sus vidas.

    Con respecto a la edad, la Organización Mundial de la Salud ahora nos habla de una nueva categoría: la cuarta edad, que transcurre entre los 80 y los 100 años, ya que la expectativa de vida se ha ampliado. Precisamente, hace unos días me tocó asistir a un gran espectáculo; vino a Tucumán el creador del mítico Teatro Negro de Praga, presentando una compilación de los mejores cuadros de su compañía. Se trata de Jirí Srnec, de casi 83 años, viviendo ( según lo expresó en un reportaje) su mejor momento. Asistir a esta obra fue alucinante para mí, una experiencia inolvidable producto de una vida que se encuentra en su momento clave. De igual manera, asistí el año pasado a una disertación que dio este gran arquitecto tucumano : César Pelly, de 85 años, uno de los diseñadores más importantes del mundo y contó que estaba dirigiendo 16 proyectos en China. Mi pregunta es: ¿lo podrían haber hecho a los 20 años? ¿O necesitaron del paso del tiempo para producir el fruto justo, en el momento adecuado? Creo que de esto trata el gran misterio de descubrirnos surcos y rugosidad en las manos. Las manos delicadas tienen el sabor de los comienzos, las otras, a menudo, son el reflejo del esplendor

  6. Julia Fdz. Tellechea dijo:

    Las palabras de José Antonio Palacios me han emocionado por inteligentes y amables. Poco puedo decir yo salvo que comparto la sensación de que cada año el tiempo es más veloz, pero que cada año vivo más intensamente.

    Finalmente querría susurrarle al oído que las manos llenas me parecen menos útiles que las manos vacías.

  7. Buena reflexión para el mes de noviembre…
    Querido Jaime: unas palabras de Sandor Marai que te gustarán:
    Los hombres, siempre que lo sean de verdad, no se despiden de la juventud con emoción o sentimentalismo. (…) Todo hombre suspira aliviado cuando se aleja de la juventud.
    Por fin se fue la juventud… por fin nos quedamos a solas con nosotros mismos… por fin se acaba el temor a perdernos… por fin se acaba el imperativo de emprender… por fin podemos dedicarnos enteramente a nuestro trabajo… o a Dios. (¡Y a Dios!)
    De pronto sientes que en lugar de una compañera desquiciada, feroz e inquieta, es Dios quien llega a tu vida y se inclina sobre tus hombros.
    (Sandor Marai, en La Gaviota)

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