Voces de mujer

     “La mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y que los curas”, dijo el papa Francisco en la cautivadora rueda de prensa en el avión que le traía a Europa desde Río de Janeiro. Me impresionaron la cercanía y sencillez del Papa, su humildad y su humanidad, y se me grabó en la memoria esta respuesta, quizá porque hacía eco dentro de mí de una experiencia reciente.

DSCN5424     El pasado 23 de junio asistía a un recital de poesía en el jardín de la memorable Longfellow House de Cambridge, MA. El experto traductor de poesía rusa contemporánea Jim Kates iba desgranando hermosos poemas de Mikhail Aizenberg, traducidos por él al inglés. Casi al final de su intervención, Kates contó$(KGrHqRHJBIE+LfCvYnpBP7-7SJ53g~~_35 que en su último encuentro con Aizenberg en Moscú —pocos meses antes— este le había dicho refiriéndose a la poesía rusa: “Hoy en día las voces interesantes son voces de mujeres”. Tomé nota de aquel comentario, pues pienso yo lo mismo, no solo referido a la literatura, sino también a la cultura y la sociedad en general.

Unknown      Me ha gustado el libro de la actual número dos de Facebook Sheryl Sandberg Lean In en el que defiende de manera inteligente el acceso de las mujeres a los puestos claves de decisión, no solo como una reivindicación feminista, sino como una medida para la mejora ética del entorno empresarial y para el aprovechamiento de la creatividad de tantas mujeres que hoy en día quedan postergadas por el simple hecho de no ser varones. Me parece excelente este empeño por abrir paso a las mujeres. “Si las mujeres mandasen / en vez de mandar los hombres / serían balsas de aceite los pueblos y las naciones”, se canta en una de las jotas de la zarzuela Gigantes y cabezudos. No dice esto Sheryl Sandberg, sino que defiende la accesibilidad de los centros de poder para la otra mitad del género humano.

     Mi experiencia —y la de muchos— es que los hombresUnknown-1 nos comportamos mejor cuando hay mujeres delante y que también las mujeres cuando forman equipos con varones trabajan mejor que cuando lo hacen solo mujeres. ¡Cuántas mujeres tienen experiencia de la crueldad de otras mujeres para con ellas! En contraste, viene a mi memoria lo que escribía Hannah Arendt a su amiga Hilde Fränkel en febrero 1950: “Los hombres son un equipaje bastante pesado, pero a pesar de ello una no marcha bien sin ellos”. La gozosa realidad de muchas familias muestra bien la fecunda colaboración de varones y mujeres para lograr objetivos comunes.

     En un reciente artículo en el New York Times Adam Grant, profesor de la Wharton School, defendía con abundantes datos la tesis de que los hombres necesitamos a las mujeres. No solo las hijas —y no los hijos varones— hacen que sus padres sean mejores, más generosos y afectuosos, sino que las compañías 12081345099376Gatesque cuentan con mujeres en puestos claves obtienen mejores resultados que las que están llevadas solo por varones. Grant pone entre otros el ejemplo de Bill Gates a quien —al parecer— su madre Mary y su esposa Melinda transformaron en un generoso filántropo. “En el mundo del trabajo, —concluía Adam Grant— estamos muy necesitados de mujeres en posiciones de liderazgo”.

     Estoy de acuerdo con la tesis de favorecer a las mujeres en el ámbito laboral para que cada una pueda llegar a la cumbre de su desarrollo profesional y personal: el problema no estriba en que las mujeres manden, sino en transformar el mundo del trabajo —pensado casi siempre por hombres y solo para hombres— para que en él sea posible ser mujer. Esto afecta a muchos campos y el más obvioembarazada es la maternidad y todo lo que ella comporta. Otro campo es, por ejemplo, el de las conversaciones: los hombres solemos hablar por turnos mientras que las mujeres en sus conversaciones se solapan entre ellas. Se trata de diferentes estilos conversacionales y el de las mujeres es considerado por los lingüistas más cooperativo. En cualquier caso los hombres hemos de aprender a escuchar con más atención a las mujeres. No solo las mujeres necesitan —quizá más que los varones— ser y sentirse escuchadas, sino que la humanidad necesita escuchar más a las mujeres para así aprender de ellas que son más expertas en humanidad.

IIplan_principios_img01     Este era para mí el sentido último de aquellas luminosas palabras del papa Francisco en el avión: la importancia de las mujeres radica en las lecciones de humanidad que con su vida y su palabra pueden darnos. Por eso se trata no solo de admirarlas, sino de escucharlas, de escuchar las diferentes voces de mujer.

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3 respuestas a Voces de mujer

  1. Me escribe Nora desde Barcelona y copio su comentario que me parece acertadísimo:

    No es porque sea mujer, pero pienso que tenemos una fuerza vital enorme, fuerza para tirar del carruaje y encima hacerlo de una forma elegante, bella, la capacidad innata de crear, de proteger y de albergar vida. Una especie de ave fénix, capaz de resurgir de sus cenizas y volver a ser luz aunque la vida le haya perseguido con las sombras de la “aparente superioridad” del sexo masculino, los clichés sociales y las tareas heredadas de forma natural por ser mujer y cabeza de familia. Quien se encarga, en la mayoría de situaciones, de la educación de los hijos así como del mantenimiento del hogar. Y no me refiero solo al mantenimiento físico sino a la unidad interna y el eje con que mantiene a la familia como un gigante, una célula casi indestructible aun cuando las condiciones no le sean favorables.

    No quiero con ello quitar mérito al varón, pero son roles distintos y este le pertenece con todas las letras a la mujer. Hasta en el reino animal está presente esta cualidad de la mujer para ser vida y traer vida. Es la leona quien sale a cazar, quien cuida de sus cachorros, quien vela por ellos. El león, por naturaleza, puede que tenga mejores condiciones físicas; sin embargo, no las entrena y desarrolla en la medida en que lo hace la hembra. Solo en situaciones de “emergencia” y lo cierto es que la hembra está expuesta a situaciones de riesgo continuas.

    Por tanto, no creo que la superioridad trate tanto de condiciones naturales como de voluntad. Algo que en el sexo femenino está muy presente y con la voluntad se puede lograr todo, se pueden sacar fuerzas donde igual el hombre se convertiría en el sexo débil: tantas veces necesitado de atención y tantas otras con un ego casi insaciable.

    No quiero que suene a discurso feminista, no pienso que exista tal superioridad, creo que es algo complementario; sin embargo, a veces parece que olvidamos que el hombre requiere tantas atenciones como la mujer o más, suele poseer también menos independencia y necesita sentirse reconocido, algo que en general, la mujer lleva con más modestia y calma. No digo que no haya mujeres que tengan también muy desarrollado su ego, su ambición y su afán de éxito; pero son las menos y es cierto, además, que creo que este tipo de mujeres por alguna razón han desarrollado más su lado masculino que el femenino, más humano. O que igual se han visto empujadas a mimetizarse en el entorno para sobrevivir. No quiero justificar con ello a todas porque seguro que, como en toda naturaleza, hay excepciones que sin mayor razón de ser cumplen este perfil.

    No obstante, creo que hemos de tener presente que ese nombre que nos ha perseguido durante todos los tiempos, el sexo débil, no va con nosotras, no nos describe, no nos identifica y mucho menos, nos hace justicia. Y suerte que hay grandes mujeres como Madame Curie o la Madre Teresa de Calcuta que con sus vidas sirven de testigos a la humanidad de que esa etiqueta no es la nuestra. Por no hablar de tantas otras que, como es característico de ellas, han permanecido en el anonimato teniendo vidas asombrosas y dignas de admiración. Leonas sin un gran apellido, pero que son los engranajes del mundo.

  2. Me escribe Graciela J. desde Tucumán, Argentina, y con su permiso copio su valiente comentario:

    Soy heredera de una cultura que silenció las voces femeninas e intentó detener la emergencia del pensamiento. Mis abuelos vinieron de Siria, específicamente de la provincia de Homs; el mandato era: obedecer y resignarse, sin preguntar por qué. En “El Corán” hay alusiones a la maldad moral de la mujer. También en los Proverbios y en los Salmos del Antiguo Testamento. Como te digo, heredera de esta cultura oriental, vivo (vivimos) en una cultura occidental que se jacta de reivindicar a la mujer y de exponerla en las galerías arquetípicas de la libertad, pero que la convierte en un ícono del mercado, del intercambio sexual, de la pornografía y que, además, la obliga desde la persuasión silenciosa, a ser prisionera de una imagen física, de un ideal estético inalcanzable. Detrás de este ideal tan alto, las mujeres vuelven a ser prisioneras de lo que Foucault llama “las tecnologías del yo” (cirugías estéticas hasta la obsesión).

    Quizás por esto, y asumiendo todos los errores y desaciertos que como género hemos sostenido a lo largo de la historia humana, me llena de satisfacción que haya hombres capaces de arrojar una mirada distinta, cargada de una pretensión de objetividad, sin partidismos mezquinos, sin ataduras individualistas. Creo que lo que este gran poeta ruso (Aizenberg) quiso decir es que las mujeres pocas veces en la historia humana tuvieron derecho a la palabra y que esa palabra encapsulada necesita expresarse, ser escuchada. Es como una palabra nueva, todo fue “dicho” por hombres hasta aquí. Los hombres fueron los voceros del “logo”. Y aunque en toda broma machista siempre se muestra a la mujer como la exponente de la cultura del “bla,bla, bla”, la palabra en serio siempre la tuvieron los hombres. En la cultura hebrea y en la griega, por referirme a universos culturales próximos al nuestro, la mujer introdujo el mal en la historia humana: Eva tentando a Adán; Pandora desafiando a Zeus al abrir el ánfora. Y la santa curiosidad, condición de posibilidad de todos los saberes, se convirtió en morbosidad.

    Mujeres, acusadas de introducir el mal en el mundo, esclavizadas y menospreciadas en la antigüedad: Agar, usada para concebir a Ismael y luego abandonada en la Piedra Negra; Sara, ofrecida al faraón engañosamente, simulando ser hermana de Abraham, para salvar al pueblo de Israel en su peregrinaje hacia la Tierra Prometida. Convertidas en brujas en la Edad Media e incineradas en nombre de la irracionalidad. Guillotinadas, apedreadas, sometidas al la explotación laboral, a la esclavitud sexual y tantos otros análisis susceptibles de elaborar.

    En Latinoamérica tenemos una gran poetiza chilena, ganadora de un Premio Nobel de Literatura (como Neruda) llamada Gabriela Mistral; ella escribió un poema bellísimo llamado “Pudiera ser”
    ……………………………………………………………………………

    Pudiera ser, que todo lo que en verso yo he sentido

    No fuera más que aquello que nunca pudo ser

    No fuera más que un grito vedado y reprimido,

    de familia en familia, de mujer en mujer…

    ……………………………………………………………………………

    En Argentina, la querida Alfonsina Storni, hostigada por una sociedad insensible que no le perdonó haber tenido un hijo de soltera, destruida por el fantasma de un cáncer incurable, se internó en el mar “una tarde divina de octubre” y no volvió más. Supo legar unos versos estremecedores, del que recuerdo uno poco conocido, dedicado al hombre mediocre, sin horizontes mentales, pobre, estándar, pequeño…

    HOMBRE PEQUEÑITO

    Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,

    Hombre pequeñito que jaula me das,

    Digo pequeñito porque no me entiendes…

    ni me entenderás.

    Tampoco te entiendo, pero mientras tanto

    Ábreme la jaula que quiero escapar,

    Hombre pequeñito, te amé media hora…

    no me pidas más!!

  3. Me escribe Marta, enfermera de UCI, y copio con su autorización:

    “Expertas en humanidad”. Me ENCANTA por supuesto, si entro en el “apelativo” de ese modelo de mujer. He recibido variedad de piropos a lo largo de mi vida por parte de hombres, pero nunca uno tan delicado y reconfortante. Es para mí una gran dosis de vitaminas. Estoy segura de que para el resto de mujeres también.

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