Presencia de Dios

simoneWeil-full.bmp         Desde hace años me interesa mucho el tema de la atención: ¿qué es la atención? Y, sobre todo, ¿cómo se logra? Una primera gran luz —de la mano de la filósofa francesa Simone Weil— fue descubrir que la atención no nace del esfuerzo, pues el propio empeño por prestar atención a menudo nos distrae. Se trata más bien de un esfuerzo negativo que lleva a despejar las distracciones hacia afuera —anotándolas a veces en un papel para poder atenderlas luego— y dejarse así llenar por el objeto al que queremos atender, sea un libro, una clase, una película, una persona o al mismo Dios.

     Frente a la fragmentación espacial de la atención que lleva a tantas personas a la multitarea, a hacer muchas cosas a la vez y casi siempre todas ellas de modo insatisfactorio, defiendo siempre el hacer una cosa detrás de otra, con una sonrisa y con paz, poniendo en esa actividad toda nuestra atención, y si por falta de tiempo no llegamos a hacerlas todas reconocerlo así sencillamente. Por ejemplo, una de las cosas que más me cautiva del escribir es precisamente que solo puede hacerse bien cuando esa tarea ocupa por entero nuestra inteligencia. Sin duda, un futbolista podría decir lo mismo de un partido o un artista de su actuación musical. La atención es siempre una medida de la calidad —al menos subjetiva— de la obra que estemos realizando: la calidad nunca es fruto del azar.

         Me impresionaba leer esta semana en el New York Times un artículo de mi admirado Pico Iyer sobre la dislocación temporal de la atención que hace desgraciadas a tantas personas. En vez de atender al presente, al aquí y al ahora, cuántas veces andamos agobiados por cosas futuras que escapan por completo a nuestro control y sobre las que realmente nada podemos hacer o, en otros casos, nos dejamos enredar por lamentables acontecimientos del pasado que afligen nuestra memoria y que ya no podemos modificar.

         Una valiosa alumna me recomendó hace unos meses 9013El poder del ahora de Eckhart Tolle, un best seller que tiene como subtítulo: “Un camino hacia la realización espiritual”. El libro —que me resultó un tanto farragoso y repetitivo— aspira a enseñar a sus lectores a vivir en el presente sin dejarse arrastrar por la imaginación o la memoria y llegar así a ser dueños de la propia vida. Traigo esto a colación porque hace unos días —por invitación de Javier Aranguren— tuve ocasión de impartir una sesión en el colegio Gaztelueta de Bilbao sobre “La fe como actitud vital del profesor” en el marco del Año de la Fe. No sé cómo en el breve turno final de preguntas salió este tema de disfrutar del presente porque —les decía— solo en el presente están tanto Dios como los demás. Dios no está en nuestra memoria —el pasado— ni en nuestra imaginación —el futuro— y tampoco lo están los demás. Al salir se me acercó uno de los profesores y me preguntó como con cierta vergüenza mi opinión sobre ese best seller de autoayuda. Le dije que estaba del todo de acuerdo con su tesis principal, aunque quizá no hicieran falta doscientas páginas para explicarla.

         Todo esto vino a mi cabeza ayer cuando en la recopilación póstuma P-00031589de textos La Biblia según Mark Twain me tropecé con un pasaje en el que Reginald Selkirk, el filósofo loco, le dice a “la cabeza de la raza humana en funciones”:

         “Nuestra civilización es maravillosa en ciertos sentidos espectaculares y engañosos. Maravillosa en prodigios científicos y en milagros de invención. Maravillosa en la inflación material a la que llama avance, progreso y otros apelativos cariñosos. Maravillosa en su investigación de los profundos secretos de la Naturaleza… y en la derrota de sus rígidas leyes. Maravillosa en sus extraordinarios logros financieros y comerciales. Maravillosa en su hambre de dinero y su indiferencia respecto de los medios de adquirirlo. […] Es una civilización que ha destruido la sencillez y el reposo de la vida, reemplazando su contento, su poesía, sus dulces sueños y fantasías de amor por la fiebre de dinero, los ideales sórdidos, las ambiciones vulgares y el sueño que no descansa. Ha inventado mil lujos inútiles y los ha convertido en necesidades. Ha creado mil apetitos despiadados y no satisface ninguno. Ha destronado a Dios y puesto en Su lugar al dinero”.

         Me impactó mucho esta última afirmación, pues me pareció que permutar a Dios por el dinero viene a ser lo mismo que cambiar el presente por el futuro. Poner el dinero como objeto de nuestra atención equivale a hipotecar nuestras vidas, a renunciar a vivir el presente por el señuelo de un futuro mejor. Por aquí debe de encontrarse la causa última de la crisis económica que tanto nos afecta en España. Quizá resulta fuerte expresarlo así, pero me parece que si queremos llevar una vida plena, si queremos vivir en el presente, si, en última instancia, queremos ser felices, debemos sustituir la omnipresencia del dinero por la presencia de Dios.

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15 respuestas a Presencia de Dios

  1. Desde Nueva York me escribe Pedro José I. un luminoso comentario a este post que copio:

    “Gracias por mandarme tu artículo. Me encantó. La reflexión final sobre como reemplazar a Dios por el dinero significa vivir en el futuro en lugar del presente me parece muy acertada. Me trae a la memoria sobre todo la filosofía de tantas jóvenes parejas, a las que no les llega nunca el momento de tener hijos porque aún queda ganar un “poquito más” de dinero y estar asegurados. El dinero es su fuente de seguridad y paz, no la Providencia. Es más, este es el mismo razonamiento de muchos hombres que retrasan sin término el matrimonio con sus novias, mientras acumulan los recursos para poder vivir “como se debe”.

    Francamente, me parece una visión terriblemente plana, casi “tramitológica”, de ese proyecto impresionante y hermoso que es el matrimonio y la familia. Mucho más atractivo para mí es verlo como una gran aventura de amor, en la que, de la mano de Dios, dos se embarcan a vivir queriéndose, a ser un foco de amor y alegría en todo momento, bueno y malo, sin que algo como el dinero sea la medida de la generosidad y de la seguridad.”

    Me parece una maravillosa aplicación de esa idea a un campo en el que yo no había pensado. ¡Muchísimas gracias!

  2. Hola y gracias por vuestras apreciaciones. Me encantó la reflexión de Pedro José y la comparto. Mucha fe, salud y amor a todos!

  3. Primero que nada debo decir que, antes de empezar a leer su post, pensé que citaría, en relación al tema, algún proverbio que su madre solía decirle: pensé que el retrato de la susodicha Weil era de hecho el de su madre. Creo que el parecido con usted es notable…

    Ahora bien, me parece un tema sumamente relevante y ademas digno de consideración a nivel político, a efectos prácticos: la consecución de la felicidad (empezando por el nivel individual hasta llegar al nivel social o colectivo), ─cosa que está bien difícil por como está la situación en esta época, ¿no?… pero bueno, hay que dedicarse a servir noblemente y con pasión─ y concordaré con el mencionado Pedro José respecto al ultimo párrafo; magnifica manera de concluir! (Aprovecho para halagar su actitud de “escribir para el lector más que para el escritor”, pues no resulta complicado entenderle, tanto en temática como en gramática).

    Espero que este asunto de la “sobreconsideración” del dinero y los bienes materiales aun a costa del tiempo, la salud, la justicia de hermanos y hasta la felicidad, sea estadio de acción tanto filosófica como política, de manera intensa a partir de esta década; la humanidad bien lo requiere.

    También me viene como anillo al dedo el recordar las hermosas lecciones que Iyer pincela en su artículo, y que usted refiere aquí brevemente, pues hace dos días que me preocupo demasiado por algo que puede que nunca acaezca; con esto me he relajado un poco más…

    Que Dios lo bendiga, profesor.

  4. La frase final me ha dejado descolocada… el dinero no es omnipresente, solo Dios lo es. El dinero importa mucho, tal vez demasiado a mucha, tal vez demasiada gente, pero decir que hay que sustitutir la omnipresencia del dinero por la de Dios, me parece una frase un tanto pedante y grandilocuente.

  5. Mikel Aramburu Zudaire dijo:

    ¡Gracias, Jaime, por seguir deleitándonos con tu escritura y pensamiento! Me ha gustado mucho esta entrada, soy muy devoto de Weil: centrar la atención es camino de sabiduría y vivir el presente tiene gran carga espiritual, es el “tiempo” de Dios. El libro de Tolle yo no lo terminé aunque comparto el fondo de lo que propone. Y del dinero ¡qué añadir! Podemos y debemos vivir con menos y de otra manera para que otros puedan vivir, y el Evangelio es muy claro ante la disyuntiva: o Dios o el dinero…
    Un abrazo!

  6. David O'Hara dijo:

    Thanks, Jaime, for this good reflection. I’m glad I took the time to focus on it, and to close out all other distractions while doing so. I don’t know the work of Pico Iyer at all. Where do you recommend I begin reading his work?

  7. Pedro Russi dijo:

    El texto escrito por Jaime (y algunos de los comentarios), me han hecho pensar en otro elemento que se torna importante para avanzar en la propuesta ofrecida. Creo que la «atención», en sentido riguroso, permitiría progresar en otra esfera reflexiva, yendo más allá de la dicotomía del “o” (Dios “o” Dinero). Me refiero (como elemento) a pensar y buscar profundizar en la acción del ¿por qué? razones elegimos uno u otro y de ¿cómo? elegimos entre una y otra situación. Es decir, no deberíamos pensar en los extremos de un proceso (A/B), sino buscar aquello que los articula y relaciona -los significa- configurándolos en una acción, como un todo (A–B). Me parece que el problema no radica en la elección entre A/B y sí en comprender lo que la constituye, por lo tanto, me conforma como persona. Pensar eso permitirá concretarme con autonomía.
    Meditar sobre: ¿por qué?, ¿para qué? ¿cómo?… posibilitaría una intensa provocación a la situación efímera y banal de la opción por el Dinero en perjuicio de todo aquello que se le contrapone. Para entender mejor esto, creo válido rescatar la distinción, bien cuestionada, hecha en el texto de Jaime y comentarios, entre: el «Dinero» que pasa a tener el «Don de Ser» y el «dinero» para comprar un pan, un libro….
    Caminar en el sentido de entender y analizar mis elecciones, puede ser la forma de contrarrestar la dinámica y punto de apoyo de toda esa corriente banal de «ser exitoso o ser perdedor», parece que hoy «ser y estar exitoso» es «Dinero» a cualquier costo, incluso la Vida —vale recordar las recientes escenas del «Black Friday».

    … «yo no soy pobre, pobres son los que creen que yo soy pobre. Tengo pocas cosas, es cierto, las mínimas, pero sólo para poder ser rico», respondía Mujica [http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mujica] a una banal pregunta.

  8. Pingback: Presencia de Dios | Artículos del Club Sénior

  9. Jaime N. dijo:

    Me escribe José Antonio P., mi profesor de “Lengua española” cuando yo tenía 10 años:

    El texto ‘Presencia de Dios’ me parece tan abierto como para sugerir pensamientos desde puntos de vista muy diversos: desde la ‘atención’ como función o facultad humana, hasta las honduras de la ‘presencia de Dios’ en nuestras vidas. Solo se me vienen a la mente algunas ideas dispersas acerca de la realidad de la atención.

    Me parece que hay atención recia, de alto nivel, cuando hay pasión. El “apetito o afición vehemente”; el amor, el odio, el interés desmedido por un asunto. provoca la aguda atención -que podríamos calificar de involuntaria- acerca de cuanto concierne al asunto-. A la vez, esa atención ‘pasional’ produce tal ‘ruido interior’ que impide la atención a otras cuestiones de suyo trascendentales para el sujeto atento.

    Me parece que hay otra atención débil, de bajo nivel, que también podemos llamar involuntaria: la de las imágenes de la televisión que aparece de pronto, la de las portadas de los periódicos, la de los asuntos triviales (ocupaciones caseras o laborales, aficiones, charlas, etc.) que la vida plantea todos los días. Hace unos días leíamos en san Lucas (21, 34) aquellas palabras: “tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida”. Me parece que es cierto, que la mente anda embotada muy a menudo en asuntos de menor cuantía, sin superar nunca el nivel del vuelo rasante.

    Me parece que hay atención, como facultad ejercida voluntariamente con esfuerzo, cuando se aplica con intención al perfeccionamiento personal y al servicio a la sociedad en el estudio, en el trabajo profesional, etc. Ahí tiene sentido la lucha para lograr técnicas, condiciones y situaciones que permitan reforzar y rentablilizar el trabajo atento.

    Y me parece que hay otra atención voluntaria, que entiendo del máximo nivel: la desinteresada en que el sujeto atento se vacía voluntariamente de sí mismo para prestar atención solo a lo que para ‘el otro’ es digno de atención. De algunos grandes personajes, sujetos de numerosas y graves ocupaciones, hemos oído explicar tras una entrevista con ellos: “Cuando me recibió, tuve la sensación no solo de que me escuchaba con absoluta atención y cariño, sino de que, además, no tenía en la vida ninguna ocupación más importante que la de atenderme a mi, sin límite ninguno de su tiempo”.

    Y ¿cuál sería la atención de san Juan de la Cruz, cuya fiesta celebramos hoy?
    ______
    Hasta aquí mi sabio profesor. A su última pregunta me gustaría responder con aquel fragmento de “Noche Oscura”:

    Quedéme y olvidéme
    el rostro recliné sobre el Amado;
    cesó todo y dejéme,
    dejando mi cuidado
    entre las azucenas olvidado.

  10. philipmuller dijo:

    Jaime, me ha gustado. Me ha recordado a un fragmento de los diarios de Imre Kertész: “La vida: tiempo que pasamos dedicados a cosas en gran parte superfluas. La característica principal del “santo” no es quizá la obsesión, la monomanía, sino el terror a perder el tiempo”.

    También me ha recordado a la cara opuesta de la atención: el aburrimiento. A matar el tiempo. Aburrirse: ¿el único pecado que existe? Ya has escrito sobre esto en este mismo blog: http://bit.ly/IcqT7R

    En el texto se me hace brusco el salto entre la necesidad de prestar atención, de vivir en presente, y el prestar atención a Dios en vez de a lo superficial. ¿Es prestar atención al dinero una forma más de distracción? Si lo es, no creo que quede del todo bien explicado en el texto. Si no lo es, ¿es bueno siempre estar atento?

    Por lo que hemos hablado, no son dos temas distintos.

  11. Heraldo dijo:

    Estimado Profesor,

    Hoy veo por primera vez este blog y para mi alegría el penúltimo post trata de un tema que está centrando mi atención desde el punto de vista filosófico y espiritual, “la atención”. Esto se debe fundamentalmente al tener un reciente “encuentro” con el hesicasmo, y con un sabio hombre que lo practica (aunque sea un contacto por la red).

    Quería abordar el tema también desde el punto de vista filosófico, (soy graduado en filosofía y ex seminarista) para aportar una perspectiva nueva a este tema de la atención en la que se fundamenta mucho el hesicasmo y su búsqueda de vivir en la presencia de Dios.

    Es por eso que quería consultarle autores y textos que traten sobre el tema para poder ver de hallar alguno de ellos y hacer un estudio del tema. Muchas gracias por su atención y por este blog que está llevando.

    Saludos cordiales.

    Heraldo Bellini

  12. Gonzalo Génova dijo:

    “Solo en el presente están tanto Dios como los demás”

    Esta frase de Jaime me ha traído a la memoria los cursos que doy en mi universidad sobre las relaciones entre razón y fe, en los que se palpa la idea extendidísima -especialmente entre los que se confiesan NO creyentes- de que lo propio del cristiano es estar pendiente del futuro: el creyente actúa bien con el fin de conseguir la salvación, el premio eterno. Es una idea de eternidad volcada en el futuro, no en el presente. Pienso, con Jaime, que es una idea equivocada, no cristiana.

    Copio aquí lo que hace poco escribía yo a uno de estos alumnos: ¿Qué significa “vida eterna” en las enseñanzas de Jesús de Nazaret? Lo eterno no es lo que dura infinitamente después de lo que dura finitamente, sino más bien lo que es especialmente valioso y digno ahora, en esta vida terrena que conocemos, lo que hace que esta vida valga la pena vivirla, lo “perdurable”, lo que nos hace mirar hacia arriba, hacia el “reino de los cielos”. Por lo tanto, la “vida eterna” no es “otra vida”, sino esta misma vida en la medida en que se hace valiosa y digna. Por lo tanto, “conseguir la vida eterna” no es otra cosa que conseguir que esta vida se haga eterna, valiosa, digna. Por lo tanto, el auténtico cristiano que se porta bien no lo hace para conseguir otra cosa distinta que la misma acción buena. De donde resulta que ese cristiano auténtico, lejos de limitarse a buscar la utilidad y beneficio de cumplir los mandamientos, en realidad se aproxima mucho a ese otro ideal de ética sublime que hemos comentado en clase.

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