Pensamiento postcolonial

Me irritó profundamente el pasado jueves tener que asistir en las horas finales de un excelente congreso internacional sobre el pragmatismo en Sao Paulo a una larga exposición de un sociólogo local que acusaba a Kant y a Dewey de racistas en base a sus propios textos. Lo que el locuaz profesor denunciaba era el supuesto etnocentrismo de la cultura occidental moderna que desde el Renacimiento le lleva a considerarse superior a otras culturas. Lo que me irritaba no era solo su presentismo -del todo inaceptable desde un punto de vista científico, pues juzgaba los textos de aquellos filósofos como si hubieran sido escritos hoy-, sino la evidencia de que las dos únicas personas de origen afroamericano en el evento eran las que estaban en la puerta entregando —con gran amabilidad, por cierto— los aparatos de traducción simultánea.

Me marché antes de que terminara, ya que se alargaba tediosa e indefinidamente. De hecho -me dijeron después- no dejó tiempo para preguntas pues la exposición, incluida la respuesta a su comentador, se prolongó casi una hora más allá de lo previsto. Suele pasar esto con quienes acusan a los demás de imperialistas: simplemente no dejan hablar a quienes piensan distinto que ellos.

Si hubiera podido hablar, le habría recordado lo que Obama al conocer su victoria electoral expresaba dos días antes con honda emoción. Después de agradecer el apoyo de sus colaboradores, de su familia y de los ciudadanos que le habían votado decía entrecortadamente [min. 8:36]:

“La democracia en una nación de 300 millones puede ser ruidosa y desordenada y complicada. Tenemos nuestras propias opiniones. Cada uno de nosotros tiene profundas creencias. Y cuando pasamos por tiempos difíciles, cuando tomamos decisiones importantes, como país, necesariamente eso provoca pasiones, suscita controversia. Eso no va a cambiar después de esta noche, y no debería. Estas discusiones que tenemos son un signo de nuestra libertad. No podemos olvidar que mientras hablamos gente en naciones distantes están arriesgando sus vidas en este momento solo para tener la oportunidad de discutir sobre los temas que importan, la oportunidad de emitir su voto como hicimos nosotros hoy”.

Cuando escuché a Obama en mi habitación del hotel de Sao Paulo me afloraron unas lágrimas de emoción. Aquello que decía un presidente norteamericano de padre keniano no era un valor local y particular. La democracia, la libertad y su lógica consecuencia que es el pluralismo no son valores imperialistas. Lo que Kant y Dewey afirmaban era la dignidad del espíritu humano que trasciende los cerrados límites locales de cada cultura. Lo que Obama recordaba el martes se situaba en un horizonte humano universal. En este sentido, me parece muy significativo que Ann Dunham, la madre de Obama, obtuviera el doctorado en antropología en la Universidad de Hawaii en 1992 bajo la supervisión de Alice G. Dewey, precisamente una nieta de John Dewey.

En burdo contraste, mi conferenciante brasileño se regodeaba en contarnos con detalle las prácticas de algunos pueblos indígenas amazónicos que comían ritualmente a sus prisioneros de guerra. Lo que para mí era horripilante, parecía resultar al sociólogo una venerable tradición. Se sorprendía de que los conquistadores europeos no la entendieran y de que los misioneros la reprobaran. Aquellas tribus amazónicas -nos explicaba- se comían a sus prisioneros para adquirir sus virtudes, en particular, su valentía, pero hoy en día -replicaría yo- sabemos que las virtudes no se adquieren comiendo. Esto es verdad independientemente de nuestras opiniones y de nuestra cultura.

El quid de la cuestión está en reconocer que hay prácticas culturales superiores a otras. A estas alturas del siglo XXI ni el canibalismo, ni la esclavitud, ni la explotación sexual, ni la ablación, ni el aborto, ni el infanticidio, ni tantas otras barbaridades que los seres humanos en nuestra ignorancia o debilidad hemos desarrollado a lo largo de los tiempos pueden tener legitimidad. La democracia no es una forma cultural más; es una fuerza civilizadora, razonable y no violenta, que defiende la libertad, el diálogo y el pluralismo. La democracia -escribió John Dewey- “es una concepción social, lo que equivale a decir, una concepción ética, y a partir de este significado ético está conformado su significado como forma de gobierno. La democracia es una forma de gobierno solo porque es una forma de asociación moral y espiritual”.

Si hubiera habido ocasión de hablar personalmente con el conferenciante quizás habríamos logrado una mayor sintonía, pero parecía tan convencido de su discurso postmarxista y postcolonial que no nos dejó tiempo para quienes opinábamos de manera distinta a la suya. ¡Qué pena! Probablemente el sociólogo pensaba que la libertad, la justicia y la democracia son palabras vacías como los pobres espejuelos con los que los conquistadores intercambiaban el oro de los indígenas. No es así. La justicia y la libertad democráticas son verdaderos ideales éticos de la convivencia humana, capaces de llenar de esperanza a millones de inteligencias y corazones de todas las razas.

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15 respuestas a Pensamiento postcolonial

  1. Marta Revuelta dijo:

    Hola Jaime:
    Qué a gusto he leído este post, ya que las palabras de Obama me hicieron pensar y sentir algo similar. Creo que suscribo todo, línea por línea. Sin embargo, a la enumeración de prácticas culturales inferiores o, mejor dicho, inhumanas: canibalismo, esclavitud, explotación sexual, ablación, creo que habría que añadir el aborto. Es un tema que me trae de cabeza últimamente porque no logro entender que la mayoría de la gente a mi alrededor no considera que esté a la altura de esas otras barbaridades. ¿No lo ven o no lo quieren ver?
    ¡Saludos!

  2. Querida Marta,

    Muchísimas gracias por tu lectura y tu comentario que me parece muy acertado. Añado el aborto y el infanticidio en esa lista de prácticas inhumanas. Confiemos en que el uso compartido de la razón logre que entre todos consigamos erradicarla. De hecho, los datos disponibles muestran que la opinión pública está evolucionando en contra la legalidad del aborto libre —tal como está en España— probablemente gracias a las ecografías. Puedes ver la encuesta de Gallup en http://www.gallup.com/poll/154838/pro-choice-americans-record-low.aspx

    Gracias de nuevo.

  3. Rafa Monterde dijo:

    Jaime, una gran entrada. Un afectuoso saludo desde Valencia.

    Rafa Monterde

  4. Luis Gustavo Zambrano dijo:

    Muy interesante este artículo, pues encierra una gran verdad social que se está viviendo con mucha fuerza y brutalidad en la sociedad. Me llamó la atención el discurso de Obama que no había tenido la oportunidad de escuchar ni de leer: muestra la gran necesidad que existe en la sociedad de dialogar y dejar de lado las imposiciones dogmáticas que hemos heredado y que nos hacen muchas veces ser seres irracionales. Me parece un gran aporte a la verdad y al enriquecimiento de la misma. Saludos

  5. Francisco dijo:

    Jaime :
    Me adhiero a tu opinión.
    Paco.

  6. Pedro Russi dijo:

    El comentario que voy a expresar es provocado por el texto del Prof. Nubiola y la lectura del resumen del texto (porque no he tenido acceso a su totalidad) del Prof. Paulo Margutti que se titula en portugués «Pragmatismo e pensamento descolonial». Ambas instancias me han hecho pensar en diversos puntos y aspectos sobre eso tan discutido y no de ahora, llamado «poscolonialismo», «teoría poscolonial», «descolonialismo»…

    Entre los diferentes aspectos que aludía anteriormente, quería elegir uno de ellos —sabiendo que todo corte deja cosas fuera, pero es el lindo riesgo de exponerse, más todavía cuando es por escrito— me refiero al lugar Ético que se legitima con nuestros discursos. Ética, no será tratada aquí de forma reductora como simplemente: «hago algo o no lo hago». Mi comprensión de la Ética es el compromiso real con mis ideas y conceptos, es decir, si actúo en relación y concordancia a ellos (ideas-conceptos). Eso quiere decir que no significan porque son acciones determinadas, sino, que son acciones resultados de significación. Es de esa Ética que habla el lógico americano Charles S. Peirce (1839-1914) —muy criticado y poco estudiado, como otros tantos pensadores—, actuar es relacionar todo aquello que nos configura.

    Existe una (pseudo)reflexión que llamaba y llama a determinadas teorías —especialmente las provenientes de los Estados Unidos— de foráneas o colonialistas. Dicha pseudorreflexión se gestiona, a mi ver, cuando esa designación bautiza a algunos de los pensadores y no a ‘otros’, aunque esos ‘otros’ también procedan de lugares foráneos (europeos o norteamericanos). Parece que estos ‘otros’ han pasado por un tipo de baño o limpieza que, automáticamente, les quita dichos estigmas; aludiría a E. Goffman. Si algunos pensamientos son foráneos, son foráneos y punto; más allá de que yo personalmente simpatice (ideológica y conceptualmente) o no con ellos; eso es otra cosa.

    ¿Por qué la teoría de Chomsky es menos foránea que la de Dewey? [cito Chomsky como podría citar cualquier otro pensador norteamericano]. Por ejemplo, con el foráneo Everett Rogers (1931-2004), uno de los precursores de la teoría de la difusión de innovaciones (1962), sucedió lo mismo en el ámbito de la comunicación.

    Ahora, ¿por qué las ideas del semiólogo argentino Walter Mignolo [profesor en la U. de Duke en los Estados Unidos], autor de referencia central para el pensamiento de Margutti, son menos foráneas y colonialistas que otras? De forma rigurosa el español y portugués que son las lenguas oficiales en América Latina, ¿no son lenguas coloniales? Entonces, ¿no sería ético que, en vez de preocuparnos en buscar colonialistas, comencemos a incomodarnos para hablar las múltiples y cuantiosas lenguas que nos identifican con nuestros antepasados latinoamericanos antes de las colonias? —’nuestros’ antepasados es una forma de decir, recordemos que muchos de los que hoy estamos en las Universidades somos ‘hijos’ de las migraciones europeas de los siglos XIX y XX.

    ¿Por qué los descolonialistas hablan las lenguas oficiales y se preocupan copiosamente en publicar en inglés o en francés, ya que eso puntúa más alto y mejor en los currículum vitae? Me parece extraño como investigadores científicos que olvidemos la intimidad entre lengua y cultura, ¿no es así?; si no los es ¿por qué?

    ¿Qué hacen muchos de los descolonialistas, sino apoyarse en un ámbito discursivo, detrás de una mesa o dentro de una estructura institucional (universitaria) que mensualmente deposita el salario en una cuenta bancaria? En contrapartida, por ejemplo, José Pepe Mujica, el presidente uruguayo (según investigaciones realizadas recientemente, “el más pobre de los presidentes de América Latina”, para quedarnos en este continente), dona el 90% de su salario a causas sociales —para los más excluidos—, la pregunta está puesta: ¿cuántos de los discursantes del descolonialismo están dispuestos a eso? Ese hecho me hace pensar en los militantes de salón, aquellos que protegidos por las estructuras que le dan seguridad, simplemente reproducen el statu quo —por lo que he leído, de y sobre Dewey, no sería justamente él quien acompañaría gratuitamente tales ideas reproductivas.

    No sé muy bien en el caso de España, pero conozco bastante bien el de Brasil. Me refiero a donde es muy normal tener empleadas domésticas que trabajan a «precio del mercado» con salarios realmente colonialistas. Entonces, ¿cuántos de los denominados o autodenominados descolonialistas pagan el salario que esa empleada doméstica realmente merece más allá del «precio colonial del mercado»? ¿Cuántas horas trabajan para el descolonialista? ¿Son legales las condiciones de trabajo? Cuando el patrón/a descolonialista recibe un aumento de salario, ¿hace la correspondencia porcentual al salario de la persona que trabaja en su casa? ¿Un acto descolonialista, liberador e integrador, por parte del ‘patrón o patrona’ no sería mostrar a la empleada domestica el recibo de sueldo y, juntos, discutir un salario justo y digno? ¿Lo contrario, no sería ocultar información que beneficiaría y daría más elementos, a la persona que trabaja en nuestra casa, para luchar por un salario justo y a la medida de quien la contrata? Quiero decir con esto, ¿se puede ser descolonialista y capitalista al mismo tiempo?

    Un paréntesis, retorno a la coherencia de Mujica y recomiendo ver el discurso que realizó al recibir (2012) el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de la Plata [Argentina]. Continuando… De forma general, entiendo que todo ese discurso ‘pos-des’, dentro del ambiente académico se hace fácil y desde una clase acomodada, como lo fue el ‘movimiento hippie’ —aquellos que no pasaban hambre ni frío querían experimentar un poco de tales sensaciones, sólo por un tiempo; hagan el siguiente ejercicio y preguntemos: ¿Quiénes fueron las personas que se tornaron hippies? ¿Dónde están ahora? ¿Cuáles son sus puestos de trabajo? Me animaría a inferir que el ingreso mensual o anual no es directamente proporcional a la «pobreza» que experimentaron hedonísticamente durante un período bien determinado.

    Muchos de esos hippies experimentaban tales sensaciones, sabiendo que ‘al final de la jornada’ los esperaba una cama limpia y hecha, además de un buen plato de comida, es decir, ser hippie no era para pobres ni para los de «manos callosas», como dicen algunos paisanos de tierra adentro en América Latina: «cuando el hambre te hace sonar las tripas, no hay tiempo de conversar». En muchos momentos me parece que los discursos descolonialistas son más hippies que innovadores.

    Con todo esto quiero provocar o llamar la atención para ser un mejor observador de los detalles, diría un conocido detective y lógico Holmes/Peirce. Porque es en lo micro, en lo puntualmente insignificante, que están las cosas interesantes e importantes, el discurso descolonialista se elabora en los actos más mínimos de la Ética de ‘mi’ cotidiano y no en el palabreado.

    Entender los contextos y co-textos de aquellos a quienes criticamos (llámese Dewey u ‘otro’) es importante y justo no sólo para nosotros (hoy), sino para las próximas generaciones (mañana) y para las anteriores (ayer). Además, de comprender mejor nuestro contexto y co-texto analítico y reflexivo.

    M. Weber (otro criticado y poco estudiado) decía que es muy fácil hablar y criticar, intensa o inescrupulosamente, a un político o determinadas ideas políticas dentro de una sala de aula, lo difícil es hacerlo en una plaza pública donde podemos ser rebatidos, refutados, confundidos y hasta desmentidos…

    Lo que he compartido aquí son pensamientos que, «sin miedo de ser feliz», buscan continuar pensando siempre en comunidad…

    Pedro Russi

  7. Pingback: La fuerza de la democracia | Filosofía para el siglo XXI

  8. Daniela dijo:

    Muy interesante tu texto, Jaime. Estoy de acuerdo con buena parte de lo que dices. Es cierto, la democracia y la libertad son dos conceptos fundamentales que han permitido que se logre —o que en el caso de los países en vías de desarrollo aspiremos a— vivir en sociedades ordenadas. Creo por otra parte que, si bien lo que indica el ponente es absurdo, siempre hay algo que puede ser rescatado. En este caso la idea de que el pensamiento occidental no puede escapar de la temporalidad y de ser finalmente un producto cultural. Esta idea es discutible, pero no del todo descabellada y como toda idea puede ser debatida para determinar si es posible tal crítica o no.Como indicas en tu texto: “La democracia, la libertad y su lógica consecuencia que es el pluralismo no son valores imperialistas.”

    Totalmente de acuerdo: esta afirmación es un tanto visceral. Algunas veces en Latinoamérica no argumentamos con la razón, sino con el resentimiento de una herida histórica que no termina de sanar y eso no es muy académico. Pero sí, es posible decir que la democracia y la libertad no se salvan de pertenecer a una forma de ver el mundo, a cierta lógica cultural, y además al hecho de ser históricas. Los conceptos más importantes de la filosofía occidental han aportado contenido a nuestra humanidad y, lo más importante, han permitido ordenar nuestras sociedades. Inclusive estos conceptos probablemente sean de los más elevados que ha creado la humanidad, pero eso no los hace valores eminentemente humanos o universales per se.

    Sobre la base de que postulo que ciertos conceptos occidentales no se salvan de ser un producto cultural, porque varios de sus presupuestos son eminentemente culturales (que por cierto no son mejores o peores, sino diferentes), por ejemplo:

    La idea de individualidad. Occidente plantea su ética desde la idea del ser humano como individualidad, otras sociedades (como algunas sociedades aborígenes latinoamericanas) no se pueden entender como individuos, sino solo como comunidad. En ese sentido la democracia o la libertad no pueden ser entendidas fuera de la idea de individuo. Esto hasta cierto punto muestra que dichos conceptos no se escapan de lo cultural. Quién sabe si se planteara una ética desde otras lógicas obtuviéramos una ética no mejor o peor sino diferente y que también funcionara.

    Pensaba también en conceptos que son fundamentales en el pensamiento occidental y que son a su vez culturales: por ejemplo, la linealidad del tiempo, la idea de felicidad, la religión. Es imposible pensar la ética occidental si no se toman en cuenta, por ejemplo, conceptos básicos del cristianismo. En ese sentido considero que si bien el pensamiento occidental ha tenido logros de los más grandes, no puede ser catalogado como pensamiento completamente universal o como verdad absoluta, ya que no se escapa de la temporalidad y del hecho de pertenecer a un modo de ver el mundo, es decir, de una cultura. En ese sentido libertad y democracia son importantes porque son nociones y valores elevados y porque sirven, pero no son la expresión de la razón absoluta. Dichos conceptos son perfectibles y repensables desde los valores culturales, e inclusive por qué no pensar en la posibilidad de que haya existido o existirá una ética tan elevada como la que tenemos y que deba su diferencia justamente a que parta de otros presupuestos. Creo que entendiendo las limitaciones del pensamiento occidental puede hacerse frente con más claridad a los relativismos sin sentido que tenemos en nuestro tiempo. Considero que la democracia y la libertad más que un logro del pensamiento humano es un logro de occidente, y que en el diálogo con otras maneras de ver el mundo, presentes y pasadas, quién sabe, se pueda construir otras éticas tan interesantes como la que tenemos.

    Una atingencia que tengo es en el párrafo en que dices:“El quid de la cuestión está en reconocer que hay prácticas culturales superiores a otras.” Si bien estoy de acuerdo en la idea de fondo, no estoy de acuerdo en la forma, no creo que se deba indicar que existan prácticas culturales superiores o inferiores. Creo que sería más apropiado referir que algunas prácticas culturales atentan contra la regla de oro de la convivencia en occidente, que es la dignidad del ser humano y que en tanto afirmemos la importancia de vivir en comunidad es importante hacer respetar dicho ideal por el bien de todos. Ese hecho es distinto a considerar que existen prácticas culturales mejores o peores, contrario a esa opinión creo que cada una responde a un contexto y es respetable (obviamente en tanto no quiebre la regla de oro de la convivencia).

    Afirmar de plano que existen prácticas culturales superiores o inferiores puede llevarnos a indicar que tal o cual práctica es mala sin respetar la cultura de la que proviene. Los casos que mencionas son extremos. Hacer juicios de valor sobre las prácticas culturales inclusive puede llegar a ser peligroso y por otro lado limitante, debido a que nos puede hacer perder de vista otras realidades interesantes. Si decimos que hay prácticas culturales inferiores, la gente como yo en Latinoamérica que vive en las ciudades podría afirmar sin más que tiene prácticas culturales mejores que los indígenas que viven en nuestros pueblos. Esto podría ser una justificación política para hacer lo que queramos con sus tierras, posesiones y con ello con su vida. Esa, por ejemplo, es la excusa de fondo por la que muchos de nuestros políticos actúan de modo arbitrario con las comunidades indígenas. Muchos de los que defendemos la diversidad en Latinoamérica procuramos no hacer juicios de valor, en pro de respetar la cultura y forma de vida que tiene la gente de los pueblos originarios a quienes les guardamos un profundo respeto.

    Por otro lado indicar como superior o inferior a una práctica cultural nos limita. Un ejemplo es la medicina tradicional. Podría creerse, a la luz de la ciencia que no hay ningún conocimiento válido fuera de la medicina, y es cierto, pero solo en parte, ya que la medicina tradicional usada con cuidado y teniendo en cuenta sus limitaciones puede dar interesantes resultados. Inclusive se están haciendo estudios sobre las propiedades de muchas plantas medicinales y los investigadores se han llevado más de una sorpresa.

    Creo que me he extendido un poco en mi comentario.

    Un abrazo afectuoso desde Perú

    • Querida Daniela,

      Muchas gracias por tu extenso comentario. Me parece que estamos mucho más de acuerdo de lo que parece. Para poder avanzar hacia un acuerdo mayor necesitaríamos mucho tiempo y poder hablar cara a cara con una cerveza delante. En síntesis lo que te diría es:

      1) por supuesto que el pensamiento occidental es un producto cultural: lo natural en el hombre es transformar su vida en cultura. Por ejemplo, la cocción al fuego de los alimentos es algo cultural, pero, sin duda, es un progreso enorme el poder cocinar algunos alimentos antes de comerlos. Esto no significa, por supuesto, que haya que cocer todos los alimentos: algunos son mucho mejores frescos.

      2) no suelo utilizar el adjetivo “universal” para evitar confusiones. En mi texto solo lo empleé al escribir “Lo que Obama recordaba el martes se situaba en un horizonte humano universal”.

      3) nuestra mayor discrepancia se encuentra probablemente en mi convicción de que hay maneras mejores y peores de pensar acerca de las cosas, hay formas más humanas y más inhumanas de vivir, hay estilos de vida que favorecen la plenitud humana, hay estilos de vida (también en occidente) que deterioran a los seres humanos.

      Dices que los ejemplos que menciono son “extremos”, pero para mí son tan comunes y corrientes como la pornografía o la marihuana: un mundo sin pornografía sería mejor que el mundo actual, un mundo sin marihuana sería mejor que el mundo efectivo. Los seres humanos somos capaces de descubrir que unas prácticas son mejores que otras. Precisamente los profesores somos quienes nos dedicamos a enseñar eso, a enseñar que no todas las opiniones son respetables. Todas las personas merecen nuestro respeto, pero muchas opiniones son simplemente errores, supersticiones y falsedades.

      Gracias de nuevo. Muy afectuosamente.

  9. Daniela dijo:

    De acuerdo contigo, no discrepamos tanto como parece, además, comentaba el tema de lo cultural en occidente porque me parece que el diálogo en torno a ese tema es más viable que postular que haya racismo o imperialismo en la cultura occidental. Más allá de ello lo interesante del diálogo es que existan puntos de vista distintos, gracias por reponder mi comentario. Un gran abrazo.

  10. Me gusta mucho el comentario que me escribe Luz Ch. desde México y aquí lo añado:

    Me parece que Kant no puede ser acusado de racista cuando habla que todo ser humano debe ser tratado siempre como fin. Efectivamente reconoce que la democracia (como constitución republicana, no como sistema de gobierno), la libertad y el pluralismo son valores de la vida de toda sociedad política. Al mismo tiempo, al hablar del derecho de hospitalidad en “La paz perpetua” critica a los europeos que no han respetado este derecho y han expoliado los lugares visitados. Esto lo señalo no para defender la postura del sociólogo brasileño, pero sí para hacer una crítica sensata del colonialismo europeo, sin leyendas negras ni rosas.

  11. Pingback: Pensamiento postcolonial | Artículos del Club Sénior

  12. Lucho dijo:

    Profesor Nubiola, leer sus palabras ha tenido en mi el efecto de una ducha de agua fresca en medio de un intenso calor. Como soy profesor de filosofía desde hace años, y he podido ver como una tendencia -la del pensamiento poscolonial- que era solo eso, una tendencia, cada vez gana más seguimiento y apoyo, a veces cambiando la discusión o análisis de las ideas por una ofuscación y un apasionamiento que velan un pensar más ponderado, no me es extraña su experiencia. Yo intento comprender a quienes sostienen esas ideas, a veces viscerales, pero que al menos en el fondo, en casi todos los casos, también nacen de un anhelo de justicia y de verdad. Es una lástima que ese anhelo se pierda en reproches que no solo caen en adular y cultivar un resentimiento que es mala ayuda para la reflexión, sino que. peor aún, caen en errores e inexactitudes históricas. Gracias por sus palabras que aportan la comprensión de una experiencia personal pero también de pensamiento, que nos dice que no estamos solos los que deseamos, más que ver hacia atrás con ira o hacia los lados con rencor, ver hacia adelante con esperanza. Pues creo que la filosofía puede ayudarnos a vivir humanamente,

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