Caricias y virilidad

De mi buen amigo Juan Ruiz de Torres he aprendido en estos días de vacaciones el adjetivo “hipocorístico”. En gramática se llama de esa manera a los nombres —diminutivos, abreviaciones o formas infantiles— que se usan como designación familiar y con los que se expresa comúnmente el afecto. El diccionario de la Real Academia proporciona como ejemplos los tradicionales “Pepe” y “Charo”. Seguro que a cada uno se le ocurren muchísimos más ejemplos de su entorno familiar o de sus amigos más próximos, pues nuestro mundo está lleno de chelos, juanitos, lalis, pacos y vanes. Lo que más ha atraído mi atención ha sido la fuente etimológica que proporciona la Academia: hipocorístico en griego [ὑποκοριστικός] significa “acariciador”. Esto me hacía pensar que, en cierto modo, quien emplea un hipocorístico acaricia a la persona así designada.

Desde mi primera adolescencia fui educado bajo el principio de que acariciar era “cosa de niñas”. Recuerdo bien a Alejandro Menéndez-Pidal, mi exigente preceptor en el colegio —a quien tenía gran afecto y al que tanto debo— que solía decirnos: “Los hombres solo se tocan para pegarse o para darse la mano”. Fiel a esa máxima jamás se me ocurrió besar ni acariciar de ningún modo ni a mi hermano, ni a mis primos o amigos: hubiera sido considerado una forma de afeminamiento del todo inaceptable entre chicos de 12 o 14 años. Con las contadas excepciones de mi padre, mi abuelo y unos pocos tíos, solo besaba a mujeres, fueran niñas o señoras mayores.

En contraste con este modo de proceder, no dejaba de sorprenderme en aquellos años que los mandatarios rusos se saludaran con tres ruidosos besos en las mejillas sin que nadie pusiera en cuestión su virilidad. Después llegaron los futbolistas italianos y argentinos que revolucionaron las expresiones de afecto y entusiasmo y han llenado las canchas de fútbol y nuestros televisores de besos, abrazos y otras muestras nunca vistas aquí entre hombres.

Está claro que hay mucho de convencionalismo y de evolución histórica tanto en las normas de cortesía como en los modos de vivir la familiaridad. En cierto sentido, cada generación acuña su propio estilo para expresar el compañerismo y la amistad. Sin embargo, yo no me he acostumbrado todavía a que algunos de mis colegas y amigos, profesores de universidad en Italia o en Argentina, me besen efusivamente en ambas mejillas al saludarme. En cambio, con el paso de los años he aprendido a ser generoso en los abrazos a los amigos, sobre todo cuando hace algún tiempo que no les veo. La vida me ha enseñado también a tomar del brazo al amigo enfermo cuando voy a visitarlo al hospital y quizá las palabras sirven ya de poco consuelo, o a dar —si me dejan— un beso en la frente al amigo muerto puesto que no he podido dárselo cuando estaba vivo.

En la sociedad del norte de España en la que vivo no hay caricias ni besos entre hombres y si las hubiera tendrían —al menos hoy por hoy— una inevitable connotación sexual. Esto puede parecer indeseable, pero mientras no cambie es preciso emplear otros medios para expresarse el afecto entre varones: la fuerza en el apretón de manos, el abrazo, la palmada en la espalda, etc. Como me decía mi colega de este blog y buen amigo Philip Muller, “hay cosas que solo se pueden decir con el cuerpo”. Y me parece que tiene toda la razón del mundo.

En esta misma dirección, vale la pena aprender a sonreír con cordialidad a todos para hacer más amable el trato. Además muchas veces será posible —y adecuado— emplear en el trato el hipocorístico, esto es, el apelativo familiar, que viene a ser siempre como una caricia en el alma.

Astún, 29 de junio del 2012

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8 respuestas a Caricias y virilidad

  1. Pablo dijo:

    Me gusta, Jaime. Un abrazo de amigo al que no se ve hace tiempo

  2. Jaime: eres un adelantado y te agradecemos muy de veras.

  3. Sandra dijo:

    Me ha encantado… ¡Qué gran frase la de Muller!

  4. Me escribe mi viejo profesor José Antonio P. este sabio comentario:

    Como siempre, estás acertado en tu texto ‘Caricias y virilidad’. Me encanta la cita de Alejandro Menéndez Pidal -”Los hombres solo se tocan para pegarse o para darse la mano”-. La verdad es que no sé qué ‘argumentar’, porque hay algo previo a los argumentos: el rechazo visceral, que me parece común entre los hombres normales, al contacto corporal entre ellos. Pensando en tu escrito, observé hace unos días que la reina de Inglaterra daba la mano con los guantes puestos; se me ocurrió pensar que el guante ponía la distancia suficiente entre los dos, como para evitar la excesiva intimidad y confianza que hubiera supuesto el saludo sin esa prenda.

    El contacto físico supondría, pienso, un intercambio sensible de intimidades impropio entre hombres. Intimidad que sí se justifica en el caso de, por ejemplo, el abuelo muy mayor que se siente rodeado por la soledad que preludia el desenlace; ese contacto creo que se agradece porque rompe momentáneamente esa soledad que parece ser uno de los sentimientos peores y comunes entre la gente muy mayor. Fuera de eso, está el saludo con las manos -que se originó, dicen, para asegurarse que la otra mano no iba a empuñar de pronto la espada… (el pegarse de Alejandro Menéndez). En el abrazo efusivo del encuentro hay -si es sincero- un sentimiento de amistad que lo justifica, y que, sin embargo, repelería si se produjera contacto mejilla con mejilla, por ejemplo. Quiero creer que lo de los futbolistas es un abrazo entusiasmado por los euros de la ‘prima’ (no la de riesgo), que el gol puede suponer en sus cuentas corrientes…; tal vez contagiado por ese beso, bastante reciente en nuestras costumbres, con que hoy parece obligado saludar a las señoras…, siempre que no vayan excesivamente pintarrajeadas.

  5. Jaime N. dijo:

    Me escribe Mabel P. desde el norte de Argentina y me encanta:

    Tu última nota me gustó mucho. Cuando veo que mis compatriotas varones en las canchas o en la televisión se saludan con besos y abrazos, me gusta. Ha cambiado todo. Por aquí también se usaba -o quizás en mi región se usa todavía- el gesto de solo abrazos y palmadas en la espalda entre varones. Resabios de una cultura como la que describís. Pero el mundo de hoy necesita de más afectos, más sonrisas, más abrazos. Bienvenidas sean las nuevas costumbres. Solo que… me parece deberían traducirse en todos los ámbitos de la cultura, sobre todo en la política donde se usa el agravio permanente.

  6. Myriam Lafuente Soler dijo:

    chapeau!!!!

  7. chendru dijo:

    Ya que estamos dotados de cuerpo fisico nos hemos de expresar de acuerdo a las reglas de la química inherente a nuestros condicionantes biológicos. En definitiva, la naturalidad como posible manifestación de sinceridad la entiendo beneficiosa para las relaciones en cuanto es expresion de lo verdadero. Yo tambien tengo mucho cariño a Don Alejandro Menéndez-Pidal y siempre lo he recordado de una forma entrañable. El calor del sol acaricia por igual la piel de todos los seres vivos que han tenido la suerte de yacer bajo su luz.

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