Kalon: la necesidad de lo inútil

Para los griegos había dos términos que siempre se daban unidos: kalon y agathon. El último tiene que ver con el bien en sentido moral, mientras que el primero alude más a la belleza; se refiere “a lo en sí mismo valioso”. En una sociedad fragmentaria y fragmentadora como la nuestra no es usual encontrar unidos estos conceptos de forma armoniosa.

Es más, parece que embaucados por la eficacia y la inmediatez se ha relegado por completo aquello que no ofrece una utilidad, un fruto inmediato, un producto acabado. Sin embargo, ¿en qué consiste esta utilidad? ¿Qué ocurre con aquellos ámbitos que no tienen una “utilidad”, como, por ejemplo, la filosofía, el arte, la literatura? ¿Qué pasaría si desaparecieran completamente? Y lo que me parece todavía más interesante pensar: ¿qué ocurriría si tuvieran una mayor relevancia en la configuración social?

Estas inquietudes fueron las que llevaron al equipo de Filosofía joven a organizar su primer workshop Kalon: la necesidad de lo inútil. Lanzamos un call for papers un tanto encriptado, al que la gente respondió con entusiasmo. Finalmente fueron seis las comunicaciones que se leyeron. Entre los ponentes había estudiantes y doctorandos y abordaron desde distintas perspectivas el mismo tema. Desde la estética a la biología, pasando por la crítica sociológica, hasta la reflexión política. Un recorrido desde la poética aristotélica al arte posterior a la muerte del arte, definido por nuestro contemporáneo A. Danto, pasando por una experiencia fluxificadora, gracias a la presentación del arte fluxus.

En total no fueron más de cincuenta personas las que pasaron por la jornada aquella mañana. Quizá fue el reducido número, la sinceridad de las ponencias, el interés de los oyentes o las ganas reales de escuchar y aprender de todo el mundo lo que creó ese ambiente de amistad y esa sensación de bienestar con la que nos despedimos. Solo en un clima de confianza y rodeados de amigos puede hablarse con libertad, puede hacer su aparición la filosofía. Quizá haya sido ese el “secreto” del “éxito” de Kalon. Un secreto que no me importa desvelar porque no es fácil de plagiar, pero que ojalá se repita en otros círculos.

El objetivo de Filosofía joven siempre ha sido hacer pensar. Aquella mañana nos dieron las gracias por haber provocado esa satisfacción intelectual, por haber oxigenado las mentes asfixiadas por las exigencias sistémicas y la rutina laboral, por haber despertado las ganas de más. Efectivamente, me quedo con la ilusión de que esta experiencia se repita. Sin embargo, no podemos esperar al próximo sin más, sino que debemos llevar a cabo una kalonización y fluxificación de nuestra vida. Es decir, debemos aprender a descubrir, disfrutar y fomentar actitudes y actividades que den importancia a lo que tiene valor sólo y exclusivamente por sí mismo.

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