Solo personas

Nunca he investigado en filosofía. A menos que cuenten un trabajo de ocho páginas sobre la felicidad en Agustín de Hipona y otro de diez sobre la tolerancia en John Locke. Estoy bastante contento con los dos, porque aprendí mucho con ellos. Pero punto: he ahí toda mi experiencia investigadora. Solo me encerraría en una biblioteca a investigar para hacer una tesis, preparar unas clases o un proyecto multidisciplinar de esos, si mi investigación me ayudase a seguir buscando la verdad y, también, si valiese la pena dejarse la vida, no solo la piel, en ella. Si, a fin de cuentas, investigando a diario muriese mejor y a gusto, porque –dicen por ahí– la vida va de saber morir. Sin alguna de estas dos condiciones no podría sentarme a investigar nada. No tendría mucho sentido para mí. Esto a nivel personal.

Después están los sistemas, a los que hay que adaptarse. Cada parcela del saber y de la actividad humana tiene su forma-de-hacer-las-cosas, con su tradición, sus reglas consagradas, sus expertos, sus viejos zorros, sus oportunistas y todos aquellos jóvenes ambiciosos que tarde o temprano pasarán por el aro para hacer realidad su sueño en un determinado campo. Mi propia (posible) investigación se insertaría en uno. La idea del “sistema” me parece falsa. Hay personas. Solo personas. Personas que día a día, durante toda una vida, hacen lo mismo. Los profesionales de lo mismo. En todos los campos: la economía, el derecho, la medicina, la arquitectura, la política. Y también en las humanidades. Son estas personas quienes dan vida a un “sistema” que, como tal, no existe. Y si el “sistema” no funciona, esas personas son tanto sus víctimas como sus continuadores; es decir, los culpables de que no cambie.

Aquí, frente a un sistema-sin-sentido, es fácil que resuene el Aullido de Ginsberg:

What sphinx of cement and aluminum bashed open their skulls

and ate up their brains and imagination?

Moloch! Moloch! Nightmare of Moloch! Moloch the loveless!

Mental Moloch! Moloch the heavy judger of men!

Este grito viene a mi cabeza cada vez que paso por delante de las obras del nuevo edificio de Económicas en mi campus, monstruo de cemento y aluminio que devorará la mente de un buen puñado de jóvenes a partir del próximo enero. También cuando pienso y oigo hablar sobre la dinámica actual de la investigación en humanidades. En humanidades, como en economía, también hay que producir, producir, producir. Y triunfar: ser el campeón de los papers. Así está el sistema; es decir, así piensan las personas que mandan hoy en día, nuestros hombres grises de turno. Así de absurdo. Y así de contradictorio: alejan a personas vivas de otras personas vivas, acercándolas a personas muertas que escribieron sobre personas re-muertas que creyeron decir algo (verdadero) sobre el (su) mundo; además de alejarlas de la verdad misma, la vida. Pero no hay que preocuparse: a todos nos llega nuestra hora. Los hombres grises, como cualquier hombre, mueren. O se jubilan sin más. Además, no hay nada intocable. No estoy en contra de conocer en profundidad lo que han dicho los muertos, nuestros muertos, la tradición que habla de el mundo. Todo lo contrario: estoy en contra de supeditar su voz al principio del resultado, a la dinámica del “destapa la felicidad“, la misma del to publish or to perish.

A la hora de enfrentarse a Moloch, al sistema que no funciona, que devora vidas inútil y ciegamente por el bien de un Hombre que al final resulta tener un aire de familia con los poderosos, conviene ser tan radical como Chesterton, que estaba dispuesto a mandar al traste a toda la civilización occidental solo para que no le cortasen los rizos a una niña pobre por ser la forma civilizada de acabar con los piojos (Lo que está mal en el mundo, 1910). Los jóvenes que comiencen a investigar en humanidades, que formen parte de su tradición y le den vida y que no estén de acuerdo con su actual forma-de-hacer-las-cosas, están llamados a una lucha de ese tipo. Es mínima, comparada con otras que se desenvuelven en nuestro mundo complejo y necesitado de pensamiento vivo; mínima, pero es a la que están llamados. Es la suya. No hace falta decir que aquellos que crean que el sistema marcha bien no tendrán que hacer nada de nada.

¿Qué papel jugará internet en esta lucha? No lo sé. Tampoco soy especialmente optimista. Las nuevas tecnologías, e internet especialmente, han proporcionado mucha comodidad y tiempo. Tiempo del que disponer, que antes se iba en idas y venidas. También han multiplicado por mil las distracciones inútiles. Me temo que todavía las nuevas tecnologías no nos han enseñado su verdadera cara, la política, sobre todo. Sí, pueden servir para llegar a muchos, pero (y perdón por la cursilada) creo que para amar a pocos. Internet permite mucho amor blando, pero eso sí, desborda verdadera violencia. Internet sirve solo porque, como el dinero, es muy superficial. ¿Es una herramienta? Sí. ¿Puede ser utilizada por las humanidades en el siglo XXI? Sí, sin lugar a dudas. ¿Puede también potenciar la “verdadera” investigación en filosofía? Seguro. Pero, puestos a hablar de temas importantes, prefiero hacerlo cara a cara, en intimidad, susurrando tal vez.

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6 respuestas a Solo personas

  1. Laura dijo:

    Jaime, leí con atención lo que escribiste y me quedé pensando en dos cosas sobre las que me pareció que escribías, la investigación en humanidades y los usos de Internet. Aclaro que, en lo personal, sí me interesa mucho la investigación en humanidades y me gusta encerrarme a leer lejos de las personas vivas para dialogar con autores muertos (en el sentido del diálogo que reclama la comprensión, claro). Pero lo tomo como unas vacaciones, un viaje que tiene sus momentos y sus tiempos, sobre todo porque la investigación que a mi me interesa está orientada al encuentro con las personas, entonces no se trata de encierro institucional sino de una experimentación personal y una preparación para otras actividades. Digo esto porque coincido con quienes piensan que es posible disociar la investigación en humanidades (o ciencias sociales) de las exigencias burocráticas de las universidades (incluso, publicar si se quiere publicar y si no, no, y no perecer, simplemente porque no se depende de ninguna institución académica). Hay quienes pensamos que incluso es deseable una actividad de (sí) “producción de conocimiento” por los bordes de varias instituciones, grupos de personas, saberes, y que esa “producción” tiende, además de al deseo de saber, a los fines modestos a los que parece aludir el texto de Chesterton o simplemente a hacer una otra lectura colectiva de lo que se viene leyendo siempre igual ( y leer, creo, transforma) Respecto de los usos de Internet coincido en que las cosas importantes se hablan personalmente y sin gritar, y que no es medio de amores ni enamoramientos, a lo sumo de contactos, de puente para encontrar personalmente a quienes te interese conocer, pero teniendo en cuenta que el puro contacto o la práctica sistemática del “estar en contacto” resulta (en mi opinión y gusto) en el peor de los casos desagradable y perversa (violenta si encima se usa para la vigilancia) y en el mejor de los casos aburrida y frívola. Creo que los usos de Internet vienen oscilando entre la vigilancia y la exhibición narcisista y la posibilidad de compartir textos, música, escribir. Me parece también que hay más público para una cosa que para otra (o más momentos dedicados a una cosa que a otra), pero es algo que puede cambiar, aunque no creo que los usos sociales de Internet cambien solamente usando Internet, sino que requiere de otras transformaciones. Para la investigación (y también para escribir por escribir) me resulta un medio muy útil, sobre todo por el acceso a textos y por la accesibilidad a personas (vivas) que no se tiene oportunidad de encontrar personalmente y de quienes siempre interesa un intercambio, una opinión o sugerencia.
    Saludos y un gusto leer el blog
    Laura
    Una pregunta ¿se hicieron las jornadas sobre Peirce en Argentina? Creo que no me enteré y lo lamentaría, porque me hubiera gustado escuchar las ponencias, en ese caso será para la próxima.

  2. Laura dijo:

    Disculpas, no Jaime sino Philip.
    saludos

  3. philipmuller dijo:

    Perdón por responder taaan tarde, Laura: ¡muchísimas gracias por tu comentario! Estoy muy de acuerdo con todo lo que escribes.

    Creo que internet nos deja más tiempo que dedicar a las personas de alrededor, aunque uno de sus efectos perversos sea lo contrario. También lo bueno de internet es que da a sus usuarios un protagonismo que, en cuanto se traslade a la vida “real”, cambiará muchas cosas. Para bien: un montón de jerarquías políticas inútiles se irán al traste. Aunque estoy a la espera de que algún avispado encuentre el mal uso (político) de redes sociales como facebook…

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