Corazón antisistema

“Menos policías, más filosofía” era —según leo en la prensa— uno de los eslóganes coreado ayer por los manifestantes acampados en la Puerta del Sol de Madrid. “No somos antisistema, el sistema es anti-nosotros”, pude leer en una de sus pancartas. Todo hace pensar que el descontento general en España por la mala gestión de la crisis económica por parte del Gobierno y el enfado ciudadano contra la clase política dirigente ha cuajado en un movimiento que encarna de modo singular los ideales democráticos: “Esta democracia es una estafa. Queremos democracia real ya”. Mi imaginación y mi corazón están con los manifestantes, aunque en estos momentos vuele hacia Chiclayo, Perú, para dar un curso en la Universidad de Santo Toribio de Mogrovejo.

Al reflexionar sobre ese fenómeno y sobre su impresionante impacto mediático —que ha desplazado casi por completo a la campaña electoral en España— venían a mi cabeza tanto aquel “No es eso, no es eso” de Ortega ante el curso efectivo de la Segunda República, como, sobre todo, el penoso secuestro de la democracia en los países comunistas a lo largo de tantas décadas del siglo XX en muchos países europeos, y hoy en día en China, Corea del Norte o Cuba. Las repúblicas democráticas populares no fueron nunca ni populares ni democráticas. Los ciudadanos en nuestro país se quejan de que la democracia está de hecho secuestrada por unos partidos políticos desprestigiados moralmente, pues incluyen en sus listas electorales a demasiados imputados en tramas de corrupción. Entre muchas otras cosas, piden una reforma de la ley electoral para que haya listas abiertas y, por ejemplo, para eliminar el Senado que todo el mundo considera inútil.

La comunicación horizontal que favorecen las nuevas tecnologías pone en cuestión las estructuras de poder basadas en que unos pocos posean una información que los demás no tengan. El problema es realmente sistémico: el sistema democrático desarrollado en nuestro país no sirve para hacer feliz a la gente o, dicho con más sencillez, no sirve para afrontar problemas complejos como la generación de empleo, la integración de los inmigrantes, etc., que requieren un amplio consenso social y no el cortoplacismo de quienes sólo piensan en las elecciones siguientes. La solución no está en el retorno a un autoritarismo tecnocrático, sino que ha de encontrarse —dicen los manifestantes y digo yo— por las vías de ensanchar la democracia todavía más, de incrementar la participación, de escuchar a todos, privilegiando el diálogo y la búsqueda de consensos.

En democracia lo importante es el método, mucho más que los resultados. En este sentido, es preciso reconocer que algo no funciona en la democracia española: nos lo dice a todos también el corazón. Me parece a mí que los acampados en la Puerta del Sol tienen razón —o al menos, tienen razones— y hay que escucharles.

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6 respuestas a Corazón antisistema

  1. Raquel dijo:

    Un gran reto, una gran necesidad. Gran artículo, sigamos peleando!

  2. Muchas gracias, Raquel, por tu mensaje. Me parece que lo importante es que la “pelea” sea pacífica, esto es, con la fuerza de la razón y de las razones.

  3. Manel dijo:

    Estoy cordialmente contigo. A toro pasado, como movimiento, el 15-M no sé si va a perdurar, pero ha sido un fenómeno que ha sacudido conciencias. Y luego siempre está la utilización de las masas: me pase por la acampada de Valencia, y verdaderamente allí había profesionales del agit-prop dirigiendo todo. Supongo que a río revuelto ganancia de radicales. En fin, que no dejemos de reivindicar lo que es justo, de un modo civil y civilizado.

    • Muchas gracias, Manel, por tu comentario y tu testimonio de primera mano. Los efectos de acontecimientos de este tipo son imprevisibles. Nunca se sabe cuál es la gota que colma el vaso o que derrite el hielo.

  4. ana haindl dijo:

    Muy sabias palabras. Desde Chile, y habiendo vivido sólo un año en tu país, estoy completamente de acuerdo. Y de hecho, gran parte de lo que tú criticas de la democracia española, yo lo veo también en la democracia chilena.

    Saludos!

    Me encantó tu blog

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