De nuevo, el aburrimiento

En las dos últimas semanas me he topado con el mismo tema en frentes muy distintos: el aburrimiento.

Hace dos o tres semanas vi Funny Games, una película del alemán Michael Haneke. En ella dos jóvenes educados e impolutos se dedican a torturar a una familia –padre, madre e hijo– una noche entera. Vienen, torturan, se van. Sin más. Los dos protagonistas de La soga, de Hitchcock, podrían ser sus primos hermanos. La única explicación coherente de su comportamiento que me di fue: están muy aburridos. Y cuando uno está aburrido, cuando el aburrimiento es el punto de partida, todo da igual para conseguir un minuto de diversión. ¿Torturar? ¿Matar? ¿Qué importa? Para alguien infinitamente aburrido, como los dos protagonistas, un juego es bueno sólo cuando de verdad conjura el aburrimiento. Esta fue mi conclusión de la película, que aunque me gustó mucho, no sé si recomendar.

También me encontré con una señora de noventa y seis años en un concierto del coro de la Universidad. Iba muy arreglada, con un collar de perlas pequeñas, un sombrero digno de pasaje en primera clase en el Titanic y gafas de media luna. Pura vitalidad: joven. Como llegué veinte minutos antes de que empezara el concierto, los pasamos hablando. En un momento dado me dijo: Yo nunca me aburro… Tengo tanto que aprender. Estoy aprendiendo todo el rato. ¿Tú te aburres? Le respondí lo que pienso: que los jóvenes de hoy nos aburrimos mucho. Pero ¿cómo es posible? Dio un respingo en el asiento. La vida es maravillosa. ¡Yo no me aburro nunca! Ahora estaba dando clases privadas de piano. Y por lo que me contaba de sus alumnos, sí que seguía aprendiendo. Acabó el concierto. Me preguntó ¿No has estado en el cielo? Le sonreí: no, no había estado en el cielo. Tampoco se lo dije.

El sábado pasado participé en un debate con estudiantes de Bachillerato, el profesor Jaime Nubiola y las administradoras de Filosofía joven. El tema era ¿Será la belleza la que salve el mundo? Hablamos una hora. Más bien, hablaron; yo, en mi línea, intervine un par de veces sin llegar a decir nada y me dediqué a escuchar y beber agua. Me llamaron la atención y dieron para pensar dos intervenciones. La primera, la del profesor Nubiola, que venía a decir que, al menos, la belleza nos salvará del aburrimiento. La otra, la de un estudiante, el de la camiseta VANS, que habló de la belleza como motivación. La belleza no salva en el sentido de que haya que sobrevolar Costa Marfil con aviones que pongan la Novena de Beethoven a todo volumen para que acabe la lucha. No. Pero sí motiva, lleva a ser mejor persona. Yo entiendo la belleza como motivación, repetía VANS.

Y, por último, Jean-Marc habla del aburrimiento en La identidad, de Milan Kundera. Le cuenta a Chantal cómo, a los catorce años, vio morir a su abuelo emitiendo un sonido ridículo (aaaaaa) con el que luchaba contra el tedio. Lo miraba como hipnotizado; es algo que nunca conseguí olvidar, porque, aun siendo chiquillo, me pareció entender que así es la existencia como tal enfrentada al tiempo como tal; y comprendí que a ese enfrentamiento es a lo que llamamos aburrimiento. Chantal le pregunta si quiere decir que su abuelo se aburría mientras moría. Sí, es exactamente lo que quiero decir, le responde.

¿Y qué saco en claro de todo esto? Que el aburrimiento es peligroso: no es la antecámara del relativismo, es el relativismo mismo. Que vivir aburrido es síntoma de vejez. Que hace falta tener tiempo para aburrirse, y posiblemente la vida resuelta. Da igual. ¿Y qué es eso del aburrimiento? Podría dar una definición metafísica, del tipo “el aburrimiento es un ser-espera sin nada que esperar”, y, quién sabe, tal vez mi definición cosecharía algún éxito al incluir dos palabras tan radicales como ser y nada. Pero da igual: no va de eso. Que cada cual saque sus conclusiones; muchas veces lo peor de la fábula es la moraleja.

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Una respuesta a De nuevo, el aburrimiento

  1. Raquel dijo:

    Has conseguido aunar en una misma entrada pensamientos y recomendaciones muy diversos.

    No he visto Funny Games, pero creo que en La Soga hay algo más que aburrimiento. Es verdad que llevan una vida ociosa y desean emociones fuertes, pero también hay un exceso de pensamiento. Como digo, no he visto FG, pero me da que esos chicos no piensan la mitad que los protagonistas que Hitchock y eso es algo que diferencia las dos películas.

    En cualquier caso, dicen que el ocio es la madre de todos los vicios, pero ¿que relación hay entre el ocio y el aburrimiento? Me encanta la idea de la belleza como motivación y la del aburrimiento como relativismo o, me atrevería a decir, nihilismo.

    P.D: La definición de aburrimiento cosecharía éxito por llevar dos palabras unidas por un guión: “ser-espera”.

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