Repensar la tolerancia

En Barcelona todo cabe pero no todo vale. Por esta frase, escrita con letras bien grandes en carteles que cuelgan de las farolas de Barcelona, el Ayuntamiento de la ciudad condal puede multar a aquellas personas que, por ejemplo, utilicen un espacio público como su retrete particular. O el de su mascota. Parece una frase que suena bien y punto. Redonda y bonita: de anuncio. Hay quien dice que es irrisoria y ofensiva. Pero me ha dado mucho para pensar desde que la vi, porque habla de tolerancia. Porque expresa una forma de ser tolerante.

Aunque en el anuncio aparezca de Barcelona, las cuestiones que plantea son pertinentes en muchos más lugares del mundo. ¿Acaso algunos políticos europeos no dicen también En la Unión Europea todo cabe pero no todo vale? Estas cuestiones que plantea se reducen a una: ¿de verdad es posible aceptar a todo el mundo si después se exige una norma de comportamiento? A fin de cuentas, el que no acepte la norma no será aceptado. Es decir: ¿por qué En Barcelona todo cabe pero no todo vale y no más bien En Barcelona no cabe todo porque todo no vale? ¿Cuál de las dos es verdadera?

John Locke respondería que la primera. Fue uno de los primeros pensadores en defender la tolerancia absoluta: todos deben ser aceptados. A la vez dijo que hay ciertos comportamientos inaceptables. Y, por tanto, hay personas a las que es mejor no aceptar en un país. En su caso, católicos y ateos, principalmente. Para Locke, por tanto, no hay contradicción en defender una tolerancia total y castigar ciertas conductas, incluso con la expulsión del país. Los límites de la tolerancia son políticos. Esto viene a decir Locke. Y, sin embargo, el problema continúa: ¿una tolerancia con límites es tolerancia?

El problema es complejo. Tal vez no tanto: es la política quien tiene la última palabra. Es ella la que decide si se acepta a todos o no, si puede exigirse una manera de comportarse o no. El Ayuntamiento va a seguir multando a la gente que cause daños. Esto es lo único que saco en claro. Cómo justifique su actuación, o qué principios tenga, es algo de lo que ya se encargarán los publicistas. Pero a medida que el mundo se vuelve más pequeño, global, hasta la publicidad indica que hay que repensar la tolerancia.

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7 respuestas a Repensar la tolerancia

  1. Jaime dijo:

    Veo en el periódico una crónica sobre las prohibiciones de los ayuntamientos. Copio la dirección: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Prohibido/gritar/hora/siesta/elpepisoc/20101026elpepisoc_1/Tes

  2. Manel dijo:

    A mí el slogan me gusta, porque permite una interpretación razonable en el espacio de la convivencia pública, que creo que podría ser admitida por muchas personas: cabe cualquier persona, en cuanto persona -dignidad inherente, y de ahí se pasa a hablar de derechos humanos-, y al mismo tiempo se muestra una distancia con respecto a su actuación (en parte orientada por su cultura). De modo que se señala que persona no es una pura construcción cultural, y que por tanto alguien de una cultura determinada no estaría excluido por serlo; y que las culturas pueden ser moldeables, no son moldes rígidos.

  3. Philip Muller dijo:

    A mí también me gusta el eslogan. Aunque no lo había relacionado tanto con el tema “persona y cultura”, sino con “convivencia política”. Es muy interesante lo que dices. ¡Gracias!

  4. Manel dijo:

    Gracias, ahora lo releo y no sé si me expliqué con claridad. Aceptemos a las personas, examinemos sus hábitos culturales desde la conversación sobre lo razonable, contando con tradiciones razonables como marco/s de diálogo.

  5. José Antonio dijo:

    De momento, solo se me ocurren dudas: ¿Cómo se puede poner límites a las conductas, si no hay establecidos primeramente unos principios? ¿Y quién tiene que establecerlos? ¿Democráticamente por la mitad más uno de los “ciudadanos”?
    ¿El consenso conduce a la verdad? D. Jaime ha escrito algo que, más o menos, recuerdo así: que la verdad no es el fruto natural del consenso, sino que es la verdad la que debe originar el consenso.
    ¿La verdad? ¿No es cierto que en nuestra sociedad, somos proclives a anteponer la búsqueda de la comodidad, a la búsqueda de la verdad?
    Sé que no respondo a nada. De momento, solo se me ocurre dudar…

  6. Philip Muller dijo:

    ¡Muchas gracias!

    Creo que, en general, cada país tiene unos principios que regulan la conducta de la gente que vive en él. Los obtiene por su historia, costumbres y también por su política. El problema es: si uno de esos principios es la tolerancia, ¿con qué derecho pretende un país imponer sus principios a extranjeros? La evolución de un país lleva a sus habitantes a decir que hay que tolerar a todos. ¿Por qué quejarse entonces si hay personas que siguen otros?

    La búsqueda de la verdad no está muy de moda hoy día. Estoy muy de acuerdo. Pero seguramente se deba a que la mayoría de la gente cree haberla encontrado. La que más le conviene. El relativismo es comodón. Y, pese a lo que puede parecer, intolerante.

  7. Ricardo dijo:

    Vivo en Barcelona. Me llamó la atención el lema de esa campaña. A pesar del lema, los antisistema en mi ciudad campan a sus anchas. Para ellos todo vale.

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